Trabajo infantil y educación en México
Miguel Ángel Rodríguez
Los datos duros más actuales nos arrojan a la cara que en México más de tres millones 300 mil niños y jóvenes
menores de 18 años se encuentran desarrollando diferentes actividades laborales que se despliegan desde las que
pueden resultar benéficas para el desarrollo de conocimientos y habilidades espirituales, morales, culturales y
físicas, hasta las que niegan, expolian y prostituyen la dignidad del ser humano.
Algunos de los más destacados estudios hablan sobre las formas y proporciones que representa el trabajo infantil
entre los jornaleros agrícolas migrantes o sobre las oscuras jornadas interminables de los niños pobres de las
zonas urbanas o sobre las mil migraciones de la niñez indígena. En todos los tonos el mensaje es el mismo: el
trabajo económico infantil debe ser erradicado del país, pues su presencia cierra las puertas y obstaculiza
fuertemente el ejercicio de libertades y derechos fundamentales de los niños y niñas de México: violenta
flagrantemente los derechos constitucionales consagrados al trabajo, la salud y la educación.
Durante el ciclo escolar 2007-2008, la matrícula registró a los 14 años a un millón 882 mil 808 y a los 15, se redujo
a un millón 460 mil 283 estudiantes. La población fuera de la escuela en esas edades pasó en un año de 282 mil
782 a 691 mil 488 a los 15 años. En esa injusta dirección, el sistema educativo dejó fuera de la escuela a los 18
años a un millón 694 mil 766 jóvenes: vomitados al mercado de trabajo (cfr. Felipe Martínez Rizo, ¿Avanza o
retrocede la calidad de la educación en México?, INEE, 2008, p.38.).
Con base en las Encuestas Nacionales de Empleo, que van de 1997 al 2002, se elaboró el estudio sobre El trabajo
Infantil en México 1995-2002 (INEGI, 2004, p.34), que presenta la evolución del número de menores de edad que
se encuentran realizando algún tipo de trabajo -que clasificaron en trabajo económico y trabajo doméstico- en el
país. Para el 2002 se estimaba una población de tres millones tres mil 308 niños, niñas y adolescentes trabajando,
muchos de ellos fuera de la escuela.
Por su parte, del Diagnóstico sobre la condición social de las niñas y niños migrantes internos, hijos de jornaleros
agrícolas, de Silvia J. Ramírez Romero, Daniel Palacios Nava y David Velazco Samperio (Ed. Unicef, Sedesol y
Jornaleros Agrícolas, 2006), se desprende que el 55 por ciento de los niños y niñas que trabajan en labores del
campo tienen una escolaridad que fluctúa entre primero de primaria (15.7 por ciento) y segundo de primaria (12.1
por ciento) y sin ningún tipo de estudio el (27.3 por ciento). Un mínimo (0.5 por ciento) se encuentra en tercero de
secundaria. Hablamos entonces de una meridiana incompatibilidad axiológica y pragmática entre trabajo infantil y
derecho a la educación.
Los jornaleros agrícolas dicen que los salarios son iguales para hombres, mujeres y niños. Y entre la escuela, la
salud y la sobrevivencia, los padres prefieren el trabajo para asegurar la última. En el oriente de Michoacán el
trabajo infantil representaba en 1999 la tercera parte de los ingresos familiares. Las otras dos terceras partes
correspondieron a hombres y mujeres. Ni hablar de las nauseabundas barracas, sin pizca de servicios públicos o
seguridad social, en las que duermen los infantes indígenas. La sierra cafetalera del norte de Puebla y la Huasteca
de Veracruz son ejemplares. Ahí también se presenta la más alta tasa de explotación infantil, pues se pagan los
salarios más bajos del país.
En lo que respecta al trabajo infantil urbano, el escenario no mejora mucho. El Estudio de niños, niñas y
adolescentes trabajadores en cien ciudades (1999) subraya que el "número de niños y niñas que trabajan en la
calle y otros espacios públicos ascendió en el 2002 a 95 mil, de los cuales un 65 por ciento eran niños y un 35 por
ciento, niñas. Y 18 mil niños y niñas en ciudades como Acapulco, Cancún, Tijuana y Ciudad Juárez "trabajan"
arduamente para situar a México como el segundo productor de pornografía infantil en el mundo.
Por ello resulta de imprescindible urgencia erradicar el trabajo infantil de México: hacer exigibles y vinculantes los
derechos consagrados en el artículo 123: ¿A dónde ponemos el discurso humanista de diputados y senadores de la
República?