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Más jóvenes con educación superior: ¿una aspiración lejana? (1/2)

Marisol Silva
Investigadora de la Universidad Iberoamericana

México tiene una población de 9 millones 773 mil jóvenes en edad de cursar la educación superior— de 19 a 23 años— (según proyecciones de CONAPO con datos del II Conteo de Población 2005), de los cuales para el ciclo 2007-2008 sólo se encontraban estudiando alguna licenciatura o estudios de técnico superior 2 millones 461 mil 500; es decir, el 25.2%. No está demás recordar que oficialmente se maneja la cifra de 26.8%, misma que seguramente contabiliza la población de posgrado. De cualquier modo, a primera vista esta tasa de atención parece insuficiente y si la comparamos con la de otras naciones con niveles de desarrollo similar al nuestro se confirma esta impresión. Argentina tiene una cobertura de 50% y Chile de 38%, por ejemplo. Si miramos hacia los países de la OCDE la brecha también es grande: la cobertura, en promedio, es de 50%.

El sistema de educación superior mexicano enfrenta el enorme reto de ampliar la cobertura para dar acceso a los jóvenes que hoy están fuera de las aulas universitarias. Durante el pasado mes de julio, al igual que en años anteriores, volvimos a presenciar la tragedia que viven miles de jóvenes que intentan ingresar a las universidades sin tener éxito. Los casos de la UNAM y el Poli son emblemáticos. De los 167 mil 668 aspirantes que realizaron examen para ingresar a la UNAM sólo 14 mil 677 (8.7 por ciento) lograron un cupo (La Jornada, 21/07/2008), lo que representa una marca histórica de rechazados de 152 mil 991 jóvenes. Por su parte, el IPN tuvo un total 72 mil 890 aspirantes, pero sólo cuenta 24 mil espacios disponibles; es decir, 48 mil 890 alumnos se quedarán sin lugar. Es difícil conocer el número exacto de jóvenes que no encuentran una respuesta a su demanda en el sistema de educación pública, ya que muchos de ellos aplican a varias universidades al mismo tiempo lo que puede abultar las cifras de rechazados. No obstante, es claro que el sistema enfrenta un problema de exclusión, al no ofrecer a los jóvenes suficientes opciones de calidad que respondan a sus necesidades e intereses. ¿Qué alternativas tiene este contingente juvenil?

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