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Los maestros (de Morelos) ¿son conservadores? (1/2)

Aldo Muñoz Armenta
Profesor Investigador de la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM).

La movilización magisterial en el estado de Morelos resulta histórica porque, casi en 27 años de protestas, por primera vez un grupo de maestros se manifiesta de manera abierta en defensa del status quo. Si bien desde el principio los movimientos disidentes han defendido algunos privilegios, como el derecho automático a la plaza o la permanencia ad eternum en estas instituciones, en los manifiestos predominaban temas como democracia sindical o aumento de salarios.

Ahora los maestros de Morelos, sin cortapisas, se pronuncian contra la Alianza por la Calidad de la Educación, porque en el caso de la sección 19, aunque mínimamente, se cancela la posibilidad de que algunas de las plazas que quedan disponibles por jubilación, sean heredables por los titulares a sus familiares directos e indirectos. Por ello, en principio, podemos decir que los maestros morelenses son conservadores y defienden privilegios.

Sin embargo, no todo es blanco y negro. Si bien la movilización morelense refleja cierto grado de conservadurismo, también muestra otros problemas. En primer lugar, los entretelones de la Alianza y el publicitado concurso. Las convocatorias se han lanzado al vapor y muchos maestros se quejan de que no se avisó con tiempo, de que no saben (y hasta el momento nadie sabe) quién hizo los reactivos de los exámenes, ni cómo ni quién los calificó.

Tampoco se sabe de cuántas plazas nuevas dispone la SEP para todo el país y mucho menos si los interinos podrían perderla en un concurso y ganarla un tercero, o bien, si en este caso tienen preferencia los titulares. Es decir, los maestros luchan, y no sólo en Morelos, para defender algo más que el status quo, luchan contra la incertidumbre de la Alianza en lo que tiene que ver con su estabilidad laboral.

Otro problema: el poderío político del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) o la innegable influencia política de su dirigente nacional, Elba Esther Gordillo, no se refleja necesariamente en las condiciones materiales de los maestros. A la fecha, muchos mentores sufragan de su bolsillo los lápices, cuadernos o mobiliario de las escuelas. Asimismo, su sueldo, a pesar de que se mantiene, en promedio, por arriba de los cuatro salarios mínimos, en poder adquisitivo es el más bajo de los países miembros de la OCDE.

En el Distrito Federal, en Nuevo León, en Jalisco, en Coahuila y en muchos otros estados donde hay ciudades importantes, los maestros complementan su sueldo con la doble plaza, ofreciendo docencia en escuelas privadas o en otros empleos. En Morelos es diferente. Es un estado que no tiene muchas ciudades que sean polo de desarrollo (Cuernavaca, Cuautla, Huejutla, Oaxtepec ¿y alguna otra?), de manera que el doble empleo en toda la entidad es imposible. Es decir, los maestros de Morelos luchan porque saben que ellos como interinos no tienen muchas opciones de empleo y que para sus familiares la situación no será diferente en el futuro.

Finalmente, podemos referirnos a la coyuntura para entender la protesta de los maestros morelenses. El secretario de Educación de Morelos, José Luis Rodríguez, el único mérito educativo que tiene es su amistad con el gobernador Marco Adame. En tanto, el director del Instituto de Educación Básica del Estado de Morelos, Aroldo Aguirre Wences, no es un genuino interlocutor de los maestros, pues recibe línea del titular del Ejecutivo.

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