El INEA, el CREFAL y la credibilidad de la SEP
Pablo Latapí Sarre
Investigador del Instituto de Investigaciones Sobre la Universidad y la Educación de la UNAM
Dos hechos graves de los últimos días han consternado a quienes seguimos de cerca la política educativa del país. Ambos se refieren al área de la educación de adultos: uno en el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA), otro en el Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe (CREFAL). Tienen especial relevancia porque la titular Josefina Vázquez Mota había declarado que la educación de adultos era la primera prioridad de su gestión, ante el alarmante problema del rezago educativo de los adultos.
Para la dirección del INEA se había nombrado desde el inicio del sexenio a una persona (Lic. María Dolores Del Río) cuyo único mérito era haber sido alcaldesa de Hermosillo, por el PAN; en educación de adultos no tenía antecedente alguno. Si esto ya era grave, más lo ha sido que hace pocos días, a menos de dos años en ese puesto, lo ha abandonado para lanzarse como candidata a la gubernatura de Sonora, también por el PAN. En el INEA se dice que su dirección era un desastre y que dispuso de la institución para preparar su ahora pública candidatura. Causa consternación y tristeza ver cómo se usa una institución de enorme importancia para la educación nacional como trampolín para una carrera política personal; todo por disposición del Presidente Calderón y, obviamente, con la aquiescencia, al menos, de la secretaria Vázquez Mota. No se vale.
Al CREFAL, institución también fundamental para la investigación sobre educación de los adultos y la preparación de sus especialistas, y que había sido dejada acéfala por largos meses, por fin se le nombró Directora General el 8 de septiembre pasado. La persona designada (Mtra. Mercedes Calderón García) carece totalmente de conocimientos y experiencia en esta área; su único mérito es haber sido presidenta municipal de Pátzcuaro por el PAN y ser persona cercana (quizás pariente, se rumora) del Presidente Calderón. Agrava el asunto la falta de respeto a las reglas y procedimientos institucionales para el nombramiento de director de un centro internacional como es el CREFAL y el hecho de que, para este puesto, existen docenas de magníficos candidatos. Vamos para atrás. Para llorar.
Otro caso, pues, de uso de una institución para otorgar favores políticos personales o partidistas, subordinando a este propósito el bien de la educación del país. Así gobierna el PAN, el partido que otrora prometía gobernar por principios.
La gravedad de estos hechos, que se suman a no pocos anteriores, es todavía mayor si se les sitúa en el marco de la degradación de la política educativa nacional en este sexenio. Por razones de poder político y electoral, el presidente Calderón ha establecido un pacto público con la lideresa Gordillo, pacto que ha implicado entregar la rectoría del Estado sobre la educación a favor de una forma de co-gobierno SEP-SNTE de nefastas consecuencias. A esto se suma una preocupante y sectaria partidización azul de esta secretaría. El PRI, en sus peores momentos, nunca llegó a este uso partidista del poder educativo.
La SEP va mal en esta administración y hay que decirlo; la ambición de poder del presidente y de su partido la ha llevado a subordinar su misión, por un lado a las exigencias del SNTE, por otro al maridaje con el PAN. ¿Dónde quedan los verdaderos intereses de la educación?
Y luego nos preguntan a quienes no creemos en la Alianza por la Calidad de la Educación por qué somos tan escépticos. Nula credibilidad nos ofrece el SNTE, conociendo sus inveteradas trapacerías; y ahora nula credibilidad nos ofrece la SEP, a medida que se van manifestando las verdaderas motivaciones que guían sus decisiones. La credibilidad se gana con los hechos. También se pierde con ellos.