Una salida para la huelga en la UAM (1/2)
Mery Hamui Sutton
Profesora-investigadora UAM Azcapotzalco
La huelga en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), casa abierta al tiempo, tiene más de un mes. Lo grave es que la solución al conflicto no está a la vista; no al momento de escribir estas líneas. Por el contrario, las posiciones parecen irreconciliables e intransigentes. Esta situación no puede prolongarse más en una institución educativa y, como tal, debiera tener la capacidad de encontrar opciones para resolver sus dificultades.
Las peticiones más importantes del Sindicato Independiente de Trabajadores (Situam), por las cuales estalló la huelga fueron: la reapertura inmediata del Cendi 3, la creación de plazas definitivas y negociadas bilateralmente para la unidad Cuajimalpa, la revisión de cláusulas al contrato colectivo y 35 por ciento de incremento salarial. Esta última era, como en otras ocasiones, una demanda de carácter político, puesto que como se sabe los topes salariales para las instituciones de educación superior están muy por debajo de ese porcentaje.
Desde las negociaciones previas a la huelga, las autoridades de la UAM ofrecieron la reapertura incondicional del CENDI, reconocieron la necesidad de revisar y pactar bilateralmente las condiciones laborales en Cuajimalpa y ofrecieron un aumento salarial equivalente a la que se otorgaron en las otras instituciones emplazadas. Las principales diferencias son el monto del pago y las referentes a las especificaciones y remuneraciones del tabulador del personal administrativo, cuya modificación se ha intentado resolver institucionalmente, sin éxito, a través de distintas propuestas desde 1988.
En tales circunstancias fue incomprensible que se realizara la huelga, puesto que no parecían existir bases razonables para estallar la huelga y menos para que se prolongara. Sin embargo, después de un mes, el conflicto se ha convertido en un campo fértil para la emergencia y confrontación de intereses de diversos grupos al interior del sindicato.
La huelga tiene significados distintos, según se adopte la perspectiva de los estudiantes, trabajadores, autoridades, académicos y el sindicato mismo. La pregunta es ¿cómo llegar a una negociación satisfactoria para las partes en conflicto? No existe una respuesta sencilla, pero se facilitaría la negociación si se cumplen algunas condiciones como: a) concentrarse realmente en la búsqueda de solución a la dimensión laboral que dio lugar y da legitimidad al conflicto; b) lograr que la comisión negociadora tenga efectivamente la representatividad al interior del SITUAM que permita avanzar en la discusión de la propuesta previa a la huelga; c) reconocer las distintas inquietudes e intereses de las partes, pero sin perder de vista que el objetivo común es resolver la dimensión laboral y preservar en funciones a la Universidad; d) dejar fuera los asuntos extra laborales, principalmente aquellos que atañen a la dinámica sindical en el ámbito nacional y a las disputas internas del sindicato.
Habría que considerar que la razón de ser de la universidad es cumplir con sus funciones sustantivas de investigación, docencia y difusión de la cultura. Una huelga sin sentido, además de provocar el incumplimiento de sus objetivos, también la hace vulnerable y tiene efectos más allá de la paralización de actividades misma.
El paro afecta a estudiantes, no sólo porque se interrumpen las clases, también porque se retrasa el tiempo de terminación de estudios, porque algunos abandonan en definitiva sus programas y otros más pierden la oportunidad de una beca como aspirantes de los posgrados reconocidos como de Alto Nivel. El mayor impacto en la labor de los profesores investigadores está en la modificación de calendarios y actividades relacionadas con el cultivo de su campo de conocimiento, se dificulta la vinculación con pares de otras instituciones académicas y con organismos internacionales; en la mayoría de los casos se trata de actividades programadas con meses o años de anticipación y que se perderán irremediablemente. Y a los trabajadores, desafortunadamente también les afecta por que, como se ha vivido en las huelgas anteriores, al final han tenido que aceptar salarios caídos que representan una pérdida económica importante.