¿Horizonte educativo? (1/2)
Manuel Gil Antón
Profesor de la UAM Iztapalapa
Tan esperado, el Programa Sectorial de Educación 2007-20012 no parece descansar en consideraciones claras, equilibradas y cultas en la materia. Este juicio se finca en tres consideraciones generales: su concepción del papel de la educación en la sociedad es equívoca y trivial; la expresión de metas a cumplir resultan casi todas inconexas, opacas y muy poco exigentes en materia de oficio político y, por último, agrupa tendencias contradictorias en materia organizativa. Como consecuencia de estas fallas, al terminar de leerlo la imagen que me quedó fue la de un tejido deshilvanado. Y pobre.
La parte dedicada a la educación superior, como aquí se muestra, resulta ilustrativa del caso. El programa dice que hoy en día hay 56.4% de profesores de tiempo completo con posgrado, y que en el 2012 habrá 72%. ¿Por qué esa cifra y no otra, para qué, en qué campos hace falta, dónde estudiarán? ¿Se trata de jóvenes académicos que se contratarán o de viejos profesores? No hay argumentos.
Otra meta es pasar de una cobertura escolarizada del 24.3% al 30%. Claro que se puede medir (basta la división entre la matrícula y el grupo de edad), pero ¿En qué áreas y tipos de instituciones ocurrirá el crecimiento? ¿Con qué calidad en el acceso: asegurando la simple ocupación de un pupitre o la clave de ingreso a una computadora para estudiar a distancia, o el contacto apasionante con el saber y sus aplicaciones? ¿Atendidos por profesores bien formados, o improvisados como en los años setenta del siglo pasado? Si es lo primero, ¿dónde está un programa de reclutamiento y formación como prioridad en este propósito?
El texto dice que en el 2007, 15 entidades tienen al menos 25% de cobertura en educación superior; la meta del programa es que en 2012 sean 18. ¿Es esto una meta que implique esfuerzo, diseño de políticas atinadas, ubicación responsable de recursos?
El documento señala que si 3 entidades más superan la mítica proporción del 25% se habrá cumplido la meta, y si son más, pues mucho mejor (supongo) ¿Por qué no se dice qué estados serán en los que ocurra tal ampliación de oportunidades educativas? Es muy extraño. Quizá, al proponerse metas muy modestas o inexistentes --la que comentamos se puede lograr por simple inercia--, esté asegurado el éxito del Programa en la evaluación de la oficina respectiva, pero ¿No se está renunciando a enfrentar retos, resolver dilemas, hacerse cargo de dificultades y lograr avances a través de acciones inteligentes? Sería muy mal signo que esta lógica haya conducido la elaboración del Programa: una meta que no implica un reto es, creo, complacencia a secas.
Se afirma, sin asidero firme a mi juicio, que en 2006 sólo el 51% de las instituciones hacen sus programas de desarrollo con participación de la comunidad, y que para el final del sexenio lo hará el 90%. ¿Cómo midieron las autoridades eso, y cómo lo harán al final de su administración? ¿Qué significa participar?
Si, como dicen los actuales funcionarios: Lo que no se evalúa, se devalúa, es preocupante que se le dé continuidad a muchas acciones estratégicas previas sin la prueba del ácido de una evaluación seria de sus logros innegables, y límites ya muy claros. ¿No es una contradicción de su dicho más frecuente y rimado?