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Violencia escolar (2/3)

La violencia escolar se da en la mayoría de los de los planteles educativos en interacciones violentas. El hermetismo de las instituciones impide que se den a conocer con mayor difusión los acontecimientos que ocurren al interior de sus muros. Sin embargo, una mirada atenta al funcionamiento de la escuela muestra que en el cumplimiento de sus propósitos se ha incorporado más violencia de la que se reconoce. Visto de otra forma, algunas de las actitudes que se registran hoy en nuestro país son producto del poco éxito de la educación sin ser el único, claro está- para remediar la violencia desde sus raíces.

La pobreza, el desempleo, la falta de alimentos, el alcoholismo y la drogadicción son generalmente identificadas comos las causas de la violencia, pero en realidad deben considerase como factores que concurren a la generación de ella, manifestándose, ya sea material o simbólicamente, a través de los golpes o bien de la segregación. Este tipo de hechos violentos, por lo general, tienen su inicio en relaciones familiares y escolares caracterizadas como violentas, que van conformando patrones de interacción y aprendizaje para la resolución de conflictos por parte de los sujetos que las han sufrido en su niñez, de ahí la importancia de poner atención a lo que sucede en nuestros planteles de educación básica del país.

La escuela ¿el semillero democrático?

La escuela, tal y como funciona en nuestro país, es un espacio que se utiliza poco para dar al futuro ciudadano una formación cívica que le permita vivir en una sociedad democrática, si bien no es la única responsable. Muchas de las experiencias aprendidas en las aulas están con frecuencia en contraposición con los valores democráticos, es decir, con valores que privilegien el diálogo y fomenten actitudes encaminadas a promover la  responsabilidad de las decisiones propias, así como con la participación en la sociedad, lo que se traduce en una tendencia que refuerza aspectos  autoritarios de la formación recibida en el hogar, y no es muy difícil suponer que estas actitudes tengan una influencia decisiva para el ciudadano adulto en su desarrollo, comprensión y práctica de valores democráticos.

Algunas investigaciones, como la ya clásica Politización de niño mexicano de Rafael Segovia, han demostrado que la escuela no es precisamente el semillero democrático para la formación de una ciudadanía participativa que maneje un discurso antiautoritario y en el que se practiquen formas de convivencia armónicas y tolerantes, más bien es un campo de disputa y negociación, en el que prevalece más violencia de la que se supone existe. Se pueden establecer como principios educativos básicos el fomento a valores como la tolerancia, el respeto, el rechazo a la discriminación, entre otros, y desde luego, a la formación de individuos que sepan resolver sus diferencias, privilegiando el diálogo y la tolerancia en abierto rechazo a actitudes violentas, sin embargo, también se fomentan otro tipo de valores no del todo muy saludables entre los alumnos.

Marcas de la violencia

Hasta el momento, pocas instituciones públicas o privadas han realizado estudios nacionales exhaustivos para dimensionar el fenómeno de la violencia escolar en cualquier nivel educativo en nuestro país, tal pareciera como si la violencia en la escuela fuera algo novedoso, cuando en realidad no es así. El fenómeno de la violencia escolar tiene ya un largo antecedente en otras partes del mundo. Países como Francia, España, Noruega, Inglaterra, por citar algunos, además de realizar investigaciones exhaustivas, cuentan con estrategias y programas para mejorar las condiciones de vida escolar y frenar la violencia.

Algunas cifras de la problemática en nuestro país, proporcionadas en los últimos años por la Comisión de Derechos Humanos y la Administración Federal de Servicios Educativos para el Distrito Federal, corroboran lo que otras investigaciones iniciadas en 1990 ya habían anticipado (Gómez Nashiki, A. La violencia en la escuela primaria, Tesis de maestría, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 1997 y Martha Prieto, La violencia en la escuela secundaria, Tesis de Maestría, FCPyS, UNAM, 2003). Mientras que algunos pronunciamientos públicos recientes expresan ya las difíciles condiciones en las que sobreviven algunos alumnos, ya sea por el castigo y maltrato de los docentes o entre los mismos alumnos, por ejemplo El Tercer parlamento de los niños y las niñas de 2005, quienes se manifestaron  en contra de la violencia (La Jornada, 28.05.2005).

En nuestros planteles educativos son varios los docentes que practican castigos para corregir malas conductas, argumentando que son medidas utilizadas por el propio bien de los niños, sin evaluar en algún momento si esos castigos y la violencia empleada han corregido efectivamente a alguien. Desde luego que hay pronunciamientos del magisterio en contra de estas prácticas, por ejemplo, los días 25 y 26 de mayo pasado se llevó a cabo el Encuentro Alternativo: la educación secundaria en México, organizado por la organización civil Ciexce, donde los maestros se pronunciaron en torno a la violencia como un problema creciente en varios estados del país, y reconocieron a la familia y a la escuela como las instituciones que tienen injerencia directa para encontrar soluciones.

Por parte de los alumnos, los secuestros, humillaciones, venta de protección, abuso sexual, drogadicción, entre otras cosas, son acciones que no se refieren a ninguna ficción, sino que se desarrollan cotidianamente en los espacios escolares y al margen de la mirada docente que poco o nada puede hacer. ¿Cómo puede la escuela y los maestros revertir este fenómeno?