La violencia escolar se da en la mayoría de los de los planteles
educativos en interacciones violentas. El hermetismo de las instituciones
impide que se den a conocer con mayor difusión los acontecimientos
que ocurren al interior de sus muros. Sin embargo, una mirada atenta al
funcionamiento de la escuela muestra que en el cumplimiento de sus propósitos
se ha incorporado más violencia de la que se reconoce. Visto de
otra forma, algunas de las actitudes que se registran hoy en nuestro país
son producto del poco éxito de la educación sin ser el único,
claro está- para remediar la violencia desde sus raíces.
La pobreza, el desempleo, la falta de alimentos, el alcoholismo y la
drogadicción son generalmente identificadas comos las causas de
la violencia, pero en realidad deben considerase como factores que concurren
a la generación de ella, manifestándose, ya sea material
o simbólicamente, a través de los golpes o bien de la segregación.
Este tipo de hechos violentos, por lo general, tienen su inicio en relaciones
familiares y escolares caracterizadas como violentas, que van conformando
patrones de interacción y aprendizaje para la resolución
de conflictos por parte de los sujetos que las han sufrido en su niñez,
de ahí la importancia de poner atención a lo que sucede en
nuestros planteles de educación básica del país.
La escuela ¿el semillero democrático?
La escuela, tal y como funciona en nuestro país, es un espacio que
se utiliza poco para dar al futuro ciudadano una formación cívica
que le permita vivir en una sociedad democrática, si bien no es
la única responsable. Muchas de las experiencias aprendidas en las
aulas están con frecuencia en contraposición con los valores
democráticos, es decir, con valores que privilegien el diálogo
y fomenten actitudes encaminadas a promover la responsabilidad de
las decisiones propias, así como con la participación en
la sociedad, lo que se traduce en una tendencia que refuerza aspectos
autoritarios de la formación recibida en el hogar, y no es muy difícil
suponer que estas actitudes tengan una influencia decisiva para el ciudadano
adulto en su desarrollo, comprensión y práctica de valores
democráticos.
Algunas investigaciones, como la ya clásica Politización
de niño mexicano de Rafael Segovia, han demostrado que la escuela
no es precisamente el semillero democrático para la formación
de una ciudadanía participativa que maneje un discurso antiautoritario
y en el que se practiquen formas de convivencia armónicas y tolerantes,
más bien es un campo de disputa y negociación, en el que
prevalece más violencia de la que se supone existe. Se pueden establecer
como principios educativos básicos el fomento a valores como la
tolerancia, el respeto, el rechazo a la discriminación, entre otros,
y desde luego, a la formación de individuos que sepan resolver sus
diferencias, privilegiando el diálogo y la tolerancia en abierto
rechazo a actitudes violentas, sin embargo, también se fomentan
otro tipo de valores no del todo muy saludables entre los alumnos.
Marcas de la violencia
Hasta el momento, pocas instituciones públicas o privadas han realizado
estudios nacionales exhaustivos para dimensionar el fenómeno de
la violencia escolar en cualquier nivel educativo en nuestro país,
tal pareciera como si la violencia en la escuela fuera algo novedoso, cuando
en realidad no es así. El fenómeno de la violencia escolar
tiene ya un largo antecedente en otras partes del mundo. Países
como Francia, España, Noruega, Inglaterra, por citar algunos, además
de realizar investigaciones exhaustivas, cuentan con estrategias y programas
para mejorar las condiciones de vida escolar y frenar la violencia.
Algunas cifras de la problemática en nuestro país, proporcionadas
en los últimos años por la Comisión de Derechos Humanos
y la Administración Federal de Servicios Educativos para el Distrito
Federal, corroboran lo que otras investigaciones iniciadas en 1990 ya habían
anticipado (Gómez Nashiki, A. La violencia en la escuela primaria,
Tesis de maestría, Instituto de Investigaciones Dr. José
María Luis Mora, 1997 y Martha Prieto, La violencia en la escuela
secundaria, Tesis de Maestría, FCPyS, UNAM, 2003). Mientras que
algunos pronunciamientos públicos recientes expresan ya las difíciles
condiciones en las que sobreviven algunos alumnos, ya sea por el castigo
y maltrato de los docentes o entre los mismos alumnos, por ejemplo El Tercer
parlamento de los niños y las niñas de 2005, quienes se manifestaron
en contra de la violencia (La Jornada, 28.05.2005).
En nuestros planteles educativos son varios los docentes que practican
castigos para corregir malas conductas, argumentando que son medidas
utilizadas por el propio bien de los niños, sin evaluar en algún
momento si esos castigos y la violencia empleada han corregido efectivamente
a alguien. Desde luego que hay pronunciamientos del magisterio en contra
de estas prácticas, por ejemplo, los días 25 y 26 de mayo
pasado se llevó a cabo el Encuentro Alternativo: la educación
secundaria en México, organizado por la organización civil
Ciexce, donde los maestros se pronunciaron en torno a la violencia como
un problema creciente en varios estados del país, y reconocieron
a la familia y a la escuela como las instituciones que tienen injerencia
directa para encontrar soluciones.
Por parte de los alumnos, los secuestros, humillaciones, venta de protección,
abuso sexual, drogadicción, entre otras cosas, son acciones que
no se refieren a ninguna ficción, sino que se desarrollan cotidianamente
en los espacios escolares y al margen de la mirada docente que poco o nada
puede hacer. ¿Cómo puede la escuela y los maestros revertir
este fenómeno?