La educación en el DF y la reforma al artículo 122. Segunda parte (2/3)
La LGE identifica a la organización sindical (el SNTE) pero
no al gobierno de la ciudad, ya que seguramente no previó que dejaría
de ser dependiente del Ejecutivo Federal a partir de 1996. Según
las disposiciones vigentes, queda claro que las obligaciones del DF en
la prestación de los servicios educativos entrarán en vigor
a partir de que se acuerde el proceso. ¿Por qué se consideró
entonces necesario el cambio del artículo 122 constitucional cuando
la LGE ya tenía previsto el momento de la participación del
DF en el financiamiento de su educación?
En el debate no se ha mencionado la Ley de Educación para el
DF, que aprobó la Asamblea Legislativa desde el 2000, en la que
se establece la concurrencia del gobierno federal y del gobierno del DF
en el financiamiento de la educación en la entidad, sin fijar cifras
o proporciones (Art. 24). Al respecto, sería conveniente analizar
los costos que significan los compromisos asumidos en esa Ley, por ejemplo:
el nombramiento oficial (¿plaza docente automática?) para
los egresados de las instituciones públicas formadoras de docentes
de la ciudad (Art. 66); el derecho al año sabático (Art.
149); la disponibilidad de la mitad de horas de nombramiento para atender
funciones generales relacionadas con la docencia (Art. 145); diversos tipos
de apoyos económicos a los alumnos de escasos recursos: transporte,
despensas, becas, internados, albergues escolares y materiales educativos;
o el mandato de asignar a la educación el 8 por ciento del
PIB de la ciudad (Art. 25).
Poco se sabe de las propuestas o intentos por llevar a cabo la descentralización
en el DF. En versiones periodísticas se menciona la existencia de
propuestas realizadas, sin alusiones concretas al contenido. Tampoco hay
una versión pública sobre propuestas hechas por el gobierno
federal. En la época del gobierno de Cuahutémoc Cárdenas
se dijo que no se podía aceptar la descentralización porque
no se transferirían los recursos financieros en su totalidad. Aparentemente
Rosario Robles no logró la creación de una estructura de
gobierno local que se hiciera cargo del paquete. Según versión
de Ortiz Pinchetti, en el período actual se deshizo un posible acuerdo
al inicio del sexenio en el sentido de que el Subsecretario de Educación
para el DF fuese nombrado a sugerencia del gobierno local, como un primer
paso para la descentralizacion.
Cabe mencionar, sin embargo, la presencia de una serie de nuevas propuestas
en materia de gasto público educativo inscritas todavía
en el terreno de la negociación y el debate gubernamental, resultado
de los acuerdos de la Primera Convención Nacional Hacendaria llevada
a cabo en agosto de 2004: que al DF le sean asignados recursos federales
bajo las mismas consideraciones que al resto de las Entidades federativas,
y además, con relación a estas últimas, que se incorporen
a las fórmulas de asignación y distribución de sus
recursos los elementos de equidad social, territorialidad, gradualidad,
calidad, cobertura, esfuerzo local y un esquema compensatorio con el propósito
de resarcir las aportaciones que con ingresos propios han aportado éstas,
ya que, según se destaca, los convenios de descentralización
no se acompañaron de los recursos suficientes para el financiamiento
de las funciones transferidas.
Presupuesto educativo para el DF
Respecto de las adiciones al artículo 122 constitucional, que se
traduce en una reducción de magnitud todavía desconocida
al presupuesto federal asignado a la educación básica en
el DF, sorprende la ausencia total de cifras exactas y de estudios presupuestales
Un texto más bien publicitario de la SEP, publicado en 1999,
es el que parece dar sustento a las cifras que se manejan en la Cámara
de diputados. De acuerdo con las cifras ahí registradas, correspondientes
a 1996, las entidades federativas aportaron en ese año, en
promedio, un 21 por ciento del gasto total en educación básica.
Cinco entidades aportaron menos del 5 por ciento, Oaxaca, por ejemplo,
no aportó nada. Sólo nueve entidades aportaron más
que el promedio, incluso llegando al 43 por ciento como en el caso de Baja
California. Se trata fundamentalmente de aquellas entidades que a lo largo
del siglo XX construyeron un sistema educativo estatal que compartía
de manera equilibrada con la federación la prestación de
los servicios educativos desde antes de la firma del Acuerdo Nacional para
la Modernización de la Educación Básica (ANMEB).
Una investigación publicada en 2000, realizada por Pablo Latapí
y Manuel Ulloa (El financiamiento de la educación básica
en el marco del federalismo), es la única que tiene datos y análisis
pertinentes para el tema. Desafortunadamente, sus cifras son para el período
1988-1993 y en ocasiones incluye algunas de 1995. De acuerdo con estos
autores, en el período analizado el presupuesto educativo del DF
fue sumamente castigado, pasó del 26.5 por ciento del total federal
en educación al 18.6 por ciento. Particularmente, en educación
básica pasó del 14.4 por ciento al 8.9 por ciento. Estas
reducciones fueron utilizadas para financiar la educación básica
-prioridad del sexenio- en el resto de los estados, cuyo presupuesto educativo
fue reforzado antes de que se les traspasara la operación de la
misma y el financiamiento en operación.