Universidades interculturales (2/3)
Preocupado por la falta de acciones efectivas que promuevan amplios
procesos de inclusión social y educativa, Observatorio se encarga
en esta ocasión de revisar una parte de esa política: la
creación de las universidades interculturales, cuya misión,
según Silvia Schmelkes, titular de la CGEIB, es formar profesionales
e intelectuales comprometidos con el desarrollo de sus pueblos y regiones.
Invisibilidad de los indígenas
Una de las metas sobre la ampliación de la cobertura de educación
superior fue aumentar la matrícula de estudiantes de origen indígena
a partir de 2002, de manera tal que para 2006 su proporción en la
matrícula de educación superior triplique a la actual (PNE;
2001:203). El problema es que no hay datos precisos sobre la proporción
de jóvenes con una identidad culturalmente diversa a la mayoría.
La CGEIB realizó un estudio e identificó que en los ocho
estados del centro del país había alrededor de ocho por ciento
de estudiantes de tercero de bachillerato que hablaba una lengua indígena
(La Jornada 17/09/03). La cuestión aquí es cuántos
jóvenes de este porcentaje ingresa a alguna modalidad de educación
superior y si esta cifra es un indicador de que el gobierno de Fox podrá
cumplir la meta planeada para 2006. ¿Cuándo conocerá
el ciudadano estos datos? Si la falta de estadísticas es un problema
oficialmente reconocido, ¿la información presentada en los
reportes gubernamentales podrá dar una visión precisa de
cuántos jóvenes indígenas estudian una licenciatura
o un posgrado?
Llama la atención el contraste entre la abundancia de investigaciones
sobre los grupos étnicos y minoritario, y la escasez en países
como México. Salvo excepciones, son muy pocos los trabajos que se
conocen sobre la compleja red de inequidades en la que se encuentra una
persona de origen indígena que desea ir a la universidad. Tal parece
que los indígenas con un nivel de escolaridad superior al básico
han sido invisibles tanto para las oficinas de estadísticas gubernamentales
como para la sociedad en general.
Universidades interculturales, ¿originales u ordinarias?
En tres entidades federativas se han creado recientemente centros universitarios
de este tipo: Universidad Autónoma Indígena de México
Mochicahui, en Sinaloa; la Universidad Totonacapan, en Veracruz, y Universidad
Comunitaria Intercultural de San Luis Potosí. El gobierno federal
en un principio planeaba impulsar la apertura de diez universidades interculturales,
aunque en declaraciones recientes la titular de la CGEIB dijo que se podrían
crear 11, pues siete están en proceso de desarrollo y cuatro más
en negociación con las autoridades respectivas. Según la
SEP, la primera universidad intercultural indígena debía
empezar a operar en enero de 2004, en el municipio de San Felipe del Progreso,
Estado de México; sin embargo, tal propósito ha sido pospuesto
y no será sino hasta septiembre de este año que empiece a
funcionar la pionera de estas universidades. Esta universidad intentará
atender, en una primera etapa, a 250 estudiantes y las aportaciones para
su construcción serán a partes iguales entre los gobiernos
estatal y federal, y en especie por parte del municipio (Boletín
292, 28/09/03).
Las nuevas instituciones educativas tienen como propósito principal
ampliar la oferta de educación universitaria a zonas pobladas mayoritariamente
por indígenas, aunque todos podrán tener acceso. Por eso
se llaman interculturales, porque tratan de evitar el error histórico
de segregar a los indígenas en su proceso educativo y formar
una modalidad independiente para atenderlos, lo que se ha señalado
produce una marginación más profunda que una integración
del indígena a su amplio contexto social. Basta echar un vistazo
a las estadísticas educativas para corroborar que la política
integracionista dirigida por los regímenes posrevolucionarios fracasó
rotundamente. Renovar la perspectiva sobre diversidad cultural de México
es un paso positivo; esperamos que las nuevas instituciones de educación
superior tengan éxito, aunque hay indicios que demandan poner mucha
atención en su futuro desempeño. ¿Será suficiente
la buena voluntad y capacidad de los funcionarios públicos para
lograr estos propósitos? ¿Qué acciones concretas pondrá
en práctica la CGEIB-SEP para hacer realidad la interculturalidad
en las universidades si, como lo ha destacado Observatorio, las manifestaciones
de racismo y discriminación rebasan por mucho el ámbito educativo
(Comunicado 86: Racismo y discriminación, 11/10/02)?
La experiencia cuenta
En las universidades interculturales, se ha mencionado, la oferta educativa
se desarrollará a partir de las necesidades y de las potencialidades
de desarrollo de la región, su currículo será flexible,
se ofrecerán tanto licenciaturas como salidas laterales (profesionales
asociados) y formarán en competencias para el autoempleo individual
y colectivo, dado que en las zonas indígenas no hay mercado de trabajo.
Es importante tomar en cuenta la experiencia de otras instituciones
de educación superior, creadas con motivaciones similares a lo largo
de la segunda mitad del siglo XX: desde los institutos tecnológicos
hasta las más recientes universidades tecnológicas. Si bien
éstos logran ofrecer oportunidades de educación superior
a mayor número de jóvenes provenientes de hogares económicamente
desfavorecidos y arraigarlos durante el período de estudios, y a
la vez convertirse en importantes centros culturales en la zona, han tenido
que superar problemas como la difícil decisión sobre las
carreras a ofrecer, en particular en función del profesorado disponible
en la zona, los intereses vocacionales de los jóvenes que pueden
ir mucho más allá de las necesidades regionales y la ausencia
de apoyos externos a la universidad en el fortalecimiento de los conocimientos
a impartir. Tampoco fue fácil que los egresados consiguieran generar
sus propias fuentes de trabajo o encontrar empleos adecuados a su preparación.
De ahí que una de las funciones más importantes de las
universidades interculturales deba ser una nueva forma de vinculación
con su entorno inmediato y con el desarrollo nacional y regional, en varias
dimensiones: en la recuperación de la cultura indígena, en
lo relacionado a lograr articular sus propuestas curriculares con eventuales
posibilidades de desarrollo, y en lograr mayor reconocimiento y aceptación
de las culturas indígenas.