Universidades interculturales (1/3)
La Declaración Mundial de la Educación Superior establece
en correspondencia con lo que señala la Declaración de los
Derechos Humanos que este tipo de instrucción debe ser equitativamente
accesible para todos sobre la base del mérito. Es decir, no se aceptará
ningún tipo de discriminación que limite el ingreso a la
educación superior por motivos de raza, género, lenguaje,
religión, diferencia social, cultural y económica, o incapacidad
física. En México, desafortunadamente, este precepto no se
ha cumplido. La sociedad y el gobierno han fallado en crear las condiciones
necesarias para que un número creciente de jóvenes académicamente
aptos ingresen a la universidad, permanezcan en ella y adquieran conocimientos
y habilidades que contribuyan a su desarrollo personal y profesional. Lo
más grave es que el problema de los excluidos de la educación
y de quienes se han quedado rezagados no parece figurar en las prioridades
de la política educativa.
El Programa Nacional de Educación 2001-2006 señala que
mientras 45 por ciento del grupo de entre 19 y 23 años, que vive
en zonas urbanas y pertenece a familias con ingresos medios o altos recibe
educación superior, únicamente 11 por ciento de quienes habitan
en sectores urbanos pobres y 3 por ciento de los que viven en sectores
rurales pobres cursan este tipo de estudios. Se reconoce que la participación
de los estudiantes indígenas es mínima (PNE, 2001:189).
Para tratar de revertir esta última situación, la actual
administración creó la Coordinación General de Educación
Intercultural Bilingüe (CGEIB) que tiene entre sus principales funciones
diseñar la política de educación superior intercultural.