Dadas las características de su población estudiantil,
constituyeron en su momento una verdadera oportunidad para hombres y mujeres
jóvenes de comunidades marginadas que no podían acceder a
otro tipo de educación. El sistema de reclutamiento, formación
y colocación propuesto en su momento por el Estado para garantizar
la efectividad del proyecto, incluyó la modalidad de internado,
haciendo realidad el ofrecimiento de la educación gratuita
casi completa. Los rubros más importantes de este sistema fueron,
sin duda, la garantía de una plaza de maestro al terminar los estudios
y la gran movilidad social relativa que aseguraron en algún momento
a quienes lograban ingresar.
La tensión entre la formación de maestros conductores
/ coordinadores del aprendizaje de los alumnos y la formación
de maestros líderes sociales se dio en las ENR con más fuerza
que en ningún otro tipo de Normal. La formación de maestros
para atender a la población indígena del país fue
facultad de estas escuelas durante más de cinco décadas,
en una equivalencia entre lo rural y lo indígena que operó
en fuerte detrimento de una formación especializada bilingüe
y bicultural. Apenas en 1983 se abrió la primera licenciatura en
educación Indígena escolarizada y semi-escolarizada en la
Universidad Pedagógica Nacional.
Problemas y soluciones
Todas las ENR se vieron afectadas por las reformas educativas de las últimas
décadas, y en particular dos fueron decisorias para la problemática
que actualmente enfrentan: 1) la elevación del nivel de educación
normal a licenciatura, en 1984, que definitivamente impulsó un plan
de estudios único para la formación de normalistas de todo
el país, y exigencias más elevadas en la operación
cotidiana de la docencia y del aprendizaje en las mismas, y 2) la descentralización
de la educación básica y normal en 1993, que restringió
los alcances antes nacionales de las ENR a los límites geográficos
de los estados en que están situadas, en cuanto criterio de reclutamiento
de alumnos y de asignación de plazas al egreso. Consecuentemente,
también se restringió el número de jóvenes
seleccionados para ingresar a ellas, en función de las políticas
locales de planeación del número de maestros necesarios para
el medio rural estatal (algunos de sus conflictos tuvieron que ver con
la negativa a admitir alumnos de las entidades vecinas). Las restricciones
de ingreso tuvieron que ver también con las políticas a las
que se dio prioridad en los estados para resolver la problemática
de su educación rural, que han privilegiado a los instructores comunitarios
por sobre los maestros rurales.
Al mismo tiempo, la garantía de una plaza magisterial automática
al egreso de las normales ha sido fuertemente cuestionada. Este privilegio
se dejó de cumplir en muchas entidades del país. Derivado
de una disposición de los cincuenta, ese trámite generó
una corrupción profusamente informada pero poco documentada; ello
ocurrió tanto para la selección del ingreso a las normales
como para la asignación posterior de las adscripciones laborales,
controladas ambas por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación
(SNTE).
Las problemáticas de las ENR se pueden resumir en tres: a) el
manejo estudiantil de las escuelas, incluyendo el cierre de las mismas,
lo que impide se den las condiciones de operación mínimas
y que se presenten múltiples anomalías en cuanto a calendarios
escolares, horarios de trabajo, asistencia, exámenes y acreditaciones;
b) el control indebido o monopolio pretendido de las plazas de ingreso
y de las plazas de egreso, y c) la comisión de diversos delitos
durante los momentos más álgidos de los problemas, tales
como quema de vehículos, secuestros y agresiones a la policía,
entre otros.
Frente a este panorama, las soluciones propuestas plantean como necesario,
por un lado, modificar las prerrogativas básicas que tenían
las ENR. En ese sentido: establecer el examen de oposición para
el ingreso, abriendo, de esa manera, las oportunidades a jóvenes
de cualquier situación socioeconómica o antecedentes familiares;
establecer un sistema externo de becas sujeto a concurso; recuperar plenamente
el papel de las autoridades de las escuelas y respetar el de las autoridades
educativas estatales; regular las actividades académicas y administrativas
en conformidad con las normas de la educación normal del país;
respetar el calendario escolar y los horarios; y transparentar la asignación
de las plazas dando oportunidad a los egresados de todas las normales
de la entidad.
Por otro lado, se estudia también reconvertir a las ENR en otro
tipo de instituciones de educación superior, más acordes,
se dice, con las necesidades de formación de los jóvenes
de las entidades. En el caso de la Normal de Mactumactzá se ha mencionado
transformarla en una Universidad Politécnica; la prensa cita un
documento del Banco Mundial que propone convertir esta y otras escuelas,
en 2004, en normales estatales y establecer un programa de jubilación
anticipada con objeto de renovar sus plantas docentes (La Jornada 07. 09.2003).
Ahora bien, a pesar de que las ENR comparten características
y problemáticas, es un error hablar de ellas como si fueran un bloque
compacto y homogéneo. Cada una de estas escuelas está viviendo
el momento actual de diferente manera. Una de ellas, por lo menos, la de
Tamazulapan, Oaxaca, encontró formas interesantes para desarrollar
el cuarto año de práctica escolar y está tratando
de construir su propio proyecto.
Los problemas que han absorbido últimamente a dos ENR, la Normal
Luis Villarreal, situada en El Mexe, estado de Hidalgo y la Normal Pantaleón
Domínguez en Mactumactzá, estado de Chiapas, obligan sin
embargo a repensar algunos aspectos básicos de la educación
nacional, en particular la calidad, la pertinencia y la equidad de
la educación que requieren y demandan las poblaciones campesinas
y rurales de México.
Pertinencia de la formación de maestros rurales
La crisis en la que se ha sumido al campesinado y las múltiples
reivindicaciones que todavía no resuelven los habitantes del medio
rural, demandan una educación que atienda a sus necesidades. En
este sentido, se debe aumentar su autoestima, desarrollar su capacidad
de interlocución, de proposición, de organización
y de análisis. Desarrollar diversas capacidades profesionales para
hacer frente a los retos de la producción, con todos los procesos
que ésta conlleva, y a la preservación y aprovechamiento
del medio ambiente; conocer ampliamente la estructura del país en
el que viven, sus derechos y sus posibilidades de desarrollarse como personas
dignas en él, que sin duda le dan un contenido diferente y específico
a las abstracciones de las competencias básicas de lectura, escritura,
matemáticas, civismo, historia y ciencias naturales cuyo dominio
entre los niños y jóvenes deberán propiciar los maestros
del país.