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Normales rurales (2/3)

Dadas las características de su población estudiantil, constituyeron en su momento una verdadera oportunidad para hombres y mujeres jóvenes de comunidades marginadas que no podían acceder a otro tipo de educación. El sistema de reclutamiento, formación y colocación propuesto en su momento por el Estado para garantizar la efectividad del proyecto,  incluyó la modalidad de internado, haciendo  realidad el ofrecimiento de la educación gratuita casi completa. Los rubros más importantes de este sistema fueron, sin duda, la garantía de una plaza de maestro al terminar los estudios y la gran movilidad social relativa que aseguraron en algún momento a quienes lograban ingresar.

La tensión entre  la formación de maestros conductores / coordinadores del aprendizaje de los alumnos y la  formación de maestros líderes sociales se dio en las ENR con más fuerza que en ningún otro tipo de Normal. La formación de maestros para atender a la población indígena del país fue facultad de estas escuelas durante más de cinco décadas, en una equivalencia entre lo rural y lo indígena que operó en fuerte detrimento de una formación especializada bilingüe y bicultural. Apenas en 1983 se abrió la primera licenciatura en educación Indígena escolarizada y semi-escolarizada en la Universidad Pedagógica Nacional.

Problemas y soluciones

Todas las ENR se vieron afectadas por las reformas educativas de las últimas décadas, y en particular dos fueron decisorias para la problemática que actualmente enfrentan: 1) la elevación del nivel de educación normal a licenciatura, en 1984, que definitivamente impulsó un plan de estudios único para la formación de normalistas de todo el país, y exigencias más elevadas en la operación cotidiana de la docencia y del aprendizaje en las mismas, y 2) la descentralización de la educación básica y normal en 1993, que restringió los alcances antes nacionales de las ENR a los límites geográficos de los estados en que están situadas, en cuanto criterio de reclutamiento de alumnos y de asignación de plazas al egreso. Consecuentemente, también se restringió el número de jóvenes  seleccionados para  ingresar a ellas, en función de las políticas locales de planeación del número de maestros necesarios para el medio rural estatal (algunos de sus conflictos tuvieron que ver con la negativa a admitir alumnos de las entidades vecinas). Las restricciones de ingreso tuvieron que ver también con las políticas a las que se dio prioridad en los estados para resolver la problemática de su educación rural, que han privilegiado a los instructores comunitarios por sobre los maestros rurales.

Al mismo tiempo, la garantía de una plaza magisterial automática al egreso de las normales ha sido fuertemente cuestionada. Este privilegio se dejó de cumplir en muchas entidades del país. Derivado de una disposición de los cincuenta, ese trámite generó una corrupción profusamente informada pero poco documentada; ello ocurrió tanto para la selección del ingreso a las normales como para la asignación posterior de las adscripciones laborales, controladas ambas por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

Las problemáticas de las ENR se pueden resumir en tres: a) el manejo estudiantil de las escuelas, incluyendo el cierre de las mismas, lo que impide se den las condiciones de operación mínimas y que se presenten múltiples anomalías en cuanto a calendarios escolares, horarios de trabajo, asistencia, exámenes y acreditaciones; b) el control indebido o monopolio pretendido de las plazas de ingreso y de las plazas de egreso, y c) la comisión de diversos delitos durante los momentos más álgidos de los problemas, tales como quema de vehículos, secuestros y agresiones a la policía, entre otros.

Frente a este panorama, las soluciones propuestas plantean como necesario, por un lado, modificar las prerrogativas básicas que tenían las ENR. En ese sentido: establecer el examen de oposición para el ingreso, abriendo, de esa manera, las oportunidades a jóvenes de cualquier situación socioeconómica o antecedentes familiares; establecer un sistema externo de becas sujeto a concurso; recuperar plenamente el papel de las autoridades de las escuelas y respetar el de las autoridades educativas estatales; regular las actividades académicas y administrativas en conformidad con las normas de la educación normal del país; respetar el calendario escolar y los horarios; y transparentar la asignación de las plazas dando oportunidad a los egresados de todas  las normales de la entidad.

Por otro lado, se estudia también reconvertir a las ENR en otro tipo de instituciones de educación superior, más acordes, se dice, con las necesidades de formación de los jóvenes de las entidades. En el caso de la Normal de Mactumactzá se ha mencionado transformarla en una Universidad Politécnica; la prensa cita un documento del Banco Mundial que propone convertir esta y otras escuelas, en 2004, en normales estatales y establecer un programa de jubilación anticipada con objeto de renovar sus plantas docentes (La Jornada 07. 09.2003).

Ahora bien, a pesar de que las ENR comparten características y problemáticas, es un error hablar de ellas como si fueran un bloque compacto y homogéneo. Cada una de estas escuelas está viviendo el momento actual de diferente manera. Una de ellas, por lo menos, la de Tamazulapan, Oaxaca, encontró formas interesantes para desarrollar el cuarto año de práctica escolar y está tratando de construir su propio proyecto.

Los problemas que han absorbido últimamente a dos ENR, la Normal Luis Villarreal, situada en El Mexe, estado de Hidalgo y la Normal Pantaleón Domínguez en Mactumactzá, estado de Chiapas, obligan sin embargo a repensar algunos aspectos básicos de la educación nacional,  en particular la calidad, la pertinencia y la equidad de la educación que requieren y demandan las poblaciones campesinas y rurales de México.

Pertinencia de la formación de maestros rurales

La crisis en la que se ha sumido al campesinado y las múltiples reivindicaciones que todavía no resuelven los habitantes del medio rural, demandan una educación que atienda a sus necesidades. En este sentido, se debe aumentar su autoestima, desarrollar su capacidad de interlocución, de proposición, de organización y de análisis. Desarrollar diversas capacidades profesionales para hacer frente a los retos de la producción, con todos los procesos que ésta conlleva, y a la preservación y aprovechamiento del medio ambiente; conocer ampliamente la estructura del país en el que viven, sus derechos y sus posibilidades de desarrollarse como personas dignas en él, que sin duda le dan un contenido diferente y específico a las abstracciones de las competencias básicas de lectura, escritura, matemáticas, civismo, historia y ciencias naturales cuyo dominio entre los niños y jóvenes deberán propiciar los maestros del país.