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Finalmente, la ST técnica desempeña funciones importantes que no cumple la secundaria general. En primer lugar, añade un valor agregado al currículo que redunda en una formación más integral y un acercamiento al mundo del trabajo (que depende de los apoyos con los que se cuente y de la importancia y posicionamiento de las tecnologías dentro del currículo). Asimismo, constituye un instrumento importante en la orientación vocacional al despertar inquietudes que son canalizadas posteriormente a los estudios superiores (estudiantes que deciden incorporarse en áreas de bachilleratos técnicos similares a los ámbitos tecnológicos que cursaron en la ST), lo que habla de una nueva funcionalidad de la ST en el ámbito de la orientación vocacional. Finalmente, más allá de la formación técnica en oficios particulares, la ST puede constituir un vehículo importante para la formación de competencias laborales; es decir, valores agregados que se derivan del paso de los estudiantes por los talleres (sentido de responsabilidad, organización, liderazgo, solución de problemas, etcétera, aspectos que destacan en las 'telesecundarias vinculadas con la comunidad' de la zona 016 de Puebla), y que difícilmente se generan en el común de planteles de ST dada la organización que caracteriza a los talleres. Una conclusión importante cuando se pondera la importancia de la ST es la evidente y urgente necesidad de apoyos y restructuraciones que requiere esta modalidad para salir del letargo en que se encuentra y devenir de nueva cuenta la opción relevante -y en mucho sentidos de vanguardia- que fue en años pasados. La ST ciertamente puede continuar como una opción en el nivel de la educación básica. Interrogantes
ReferenciasComunicados OCE sobre Sistema e institucionesD.R. Observatorio Ciudadano de la Educación Redacción: Teresa Bracho, Edgar Becerra Bertram, Daniel Cortés Vargas, María de Ibarrola, Pedro Flores Crespo, Raquel Glazman, Antonio Gómez, Gregorio Hernández, Pablo Latapí Sarre, Carlos Muñoz Izquierdo, Roberto Rodríguez Gómez, Miguel Angel Rodríguez y Lorenza Villa Lever. Octubre 31, 2003 |