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EMS y ES en el Tercer Informe (1/3)

Avances en reforma curricular y supervisión de calidad
Déficit en financiamiento, cobertura, coordinación y legislación

El desarrollo de la educación media superior y superior se consigna en dos apartados del Tercer Informe, en los cuales se aborda el crecimiento y transformación de los subsistemas correspondientes. En su mayor parte, el documento incluye información agregada, sin mención al contexto en que pudiera interpretarse. Por ello, en éste Comunicado nos concentraremos en formular los aspectos que nos parecen problemáticos al reflejar insuficiencias de la acción gubernamental.

Sobre la educación media superior el Informe presenta, sin ponderarlo, un dato de cobertura que amerita reflexión: sólo el 51.5 por ciento de la población en edad de cursar la educación media superior (jóvenes de 16 a 18 años) reciben la atención educativa. La proporción podría ser incluso menor porque la matrícula incluye estudiantes menores de 16 años o mayores de 18. Pero, más que la exactitud del indicador, preocupa el grado de exclusión que implica: en el futuro próximo ni siquera la mitad de la población de jóvenes en la fuerza laboral contarán con instrucción superior a la obligatoria. Peor cuando apenas seis de cada diez de los inscritos concluyen el ciclo.

Si, como se menciona en el Informe, el avance tecnológico y el desarrollo del conocimiento de la sociedad contribuyen a exigir niveles de preparación cada vez más altos para poder desempeñarse tanto en la vida cotidiana como en la profesional, entonces los resultados de la enseñanza media superior son insuficientes. Más aún si consideramos el presente de millones de adolescentes al margen de la educación. ¿Qué otras oportunidades de desarrollo personal se les ofrecen hoy para integrarse productivamente a la sociedad?

Cierto que el Informe comenta acciones para contrarrestar los problemas de cobertura y eficiencia. Por ejemplo, el programa de becas (más de 400 mil otorgadas a estudiantes del nivel), el impulso a modalidades abiertas y a distancia, la nivelación de estudiantes de nuevo ingreso, y otros. Sin rebatir sus ventajas, tales acciones no bastan para salvar la brecha entre las necesidades de formación de los jóvenes y las oportunidades educativas disponibles.

Para acercarse a los propósitos de calidad del Programa Nacional de Educación (PNE), la enseñanza media superior a cargo del Estado ha establecido un esquema de desarrollo curricular, la implantación de tecnologías informáticas, y mecanismos de profesionalización y actualización docente. La reforma curricular, meollo de la transformación, es gradual en los subsistemas del nivel, se basa en la adquisición de competencias de aprendizaje y laborales, y se inició en la pasada administración con la reforma del CONALEP. Con todo y ser encomiable el enfoque de pertinencia implícito, habrá que esperar a ver si éste redunda en mejores niveles de inserción académica y laboral de los egresados, y si el nuevo modelo es aplicable al currículum de instituciones autónomas y particulares.

El Informe también contiene resultados parciales de los programas de actualización del profesorado y sobre el desarrollo de medios. Pero queda sin tratarse un tema fundamental: la falta de una apropiada coordinación. En el diagnóstico del PNE se reconoce la proliferación de modelos y se propone la creación de una instancia en la SEP que diseñe y coordine políticas para impulsar el desarrollo de la educación media superior (p. 178). Cabe recordar que el problema es añejo. En varias ocasiones se ha buscado solucionar por diferentes vías; la más significativa, la Coordinación Nacional para la Planeación y Programación de la Educación Media Superior, CONPPEMS (1990), que establece la posibilidades de concertación entre los sectores gubernamental, autónomo y privado.