Acerca de OCE
Debates educativos
Artículos de opinión
Colaboraciones libres
Publicaciones
Sitios de interés


Share

Educación privada (1/2)

Atribuirle mayor calidad es una generalización cuestionable
Pendientes en la legislación

Pocas veces se comenta el significado de la educación privada para el conjunto del sistema educativo y sus implicaciones para la calidad o la equidad social. El notable crecimiento de su matrícula en las dos últimas décadas, sobre todo en ciertos niveles escolares, está modificando su peso social en el sistema educativo y alterando la percepción colectiva de su relación con el Estado. Conviene examinar críticamente las tendencias de su evolución, así como las implicaciones financieras, sociales y políticas de su presencia en el cambiante contexto nacional.

Los números

De 1980-1981 a 2000-2001, es decir, en los últimos 20 años, la matrícula de escuelas privadas creció en términos generales de 2.2 a 3.7 millones de alumnos; en relación con la matrícula nacional aumentó de 10.3 por ciento a 12.5 por ciento. Por niveles escolares su evolución fue muy diferenciada: en algunos la proporción que representa respecto a la matrícula nacional registró fuerte decremento (aunque en números absolutos hubo crecimiento), es el caso de la enseñanza secundaria, cuya participación disminuyó de 17.3 por ciento a 7.9 por ciento, de la educación profesional media (de 42 por ciento a 22.3 por ciento) y de la capacitación para el trabajo que descendió drásticamente de 78.2 por ciento a 44.4 por ciento; menor fue el decremento relativo que registró el bachillerato (de 24.7 por ciento a 21.7 por ciento). En cambio, en el mismo periodo hubo fuertes incrementos en el nivel superior (de 16 por ciento a 32.1 por ciento), particularmente en las licenciaturas (de 13.1 por ciento a 30.5 por ciento), así como en primaria (de 4.9 por ciento a 7.7 por ciento); considerables fueron los aumentos relativos en nivel prescolar (de 7.2 por ciento a 10 por ciento) y en licenciaturas de educación normal (de 34.8 por ciento a 40 por ciento).

Gran heterogeneidad

El análisis de estos números nada dice respecto a la calidad de las instituciones privadas, que ciertamente es muy variada, ni a la distribución de su matrícula por estados o regiones ni a las motivaciones de los particulares para abrir o sostener sus planteles. Se sabe, sin embargo, que las escuelas privadas de educación básica, media o superior persiguen diferentes objetivos: algunas responden a un proyecto cultural de grupos de origen extranjero, otras buscan otorgar una educación con sentido religioso, otras más experimentan con nuevas teorías y métodos educativos. Pero en fechas recientes ha crecido el número de escuelas, en particular al nivel medio y superior, que constituyen sin más la venta lucrativa de un servicio educativo, claramente demandado para afirmar la presencia pública de algunos grupos sociales o para preparar recursos humanos adecuados a los requerimientos de las empresas, que florecen ante la ausencia de servicios educativos públicos sobre todo en el caso de muchas ciudades de tamaño pequeño y medio del país. Por contraste, no conocemos estudios acerca de las motivaciones de las familias para enviar a sus hijos a escuelas privadas, aunque se presumen las siguientes: deseo de un servicio educativo de mayor calidad, posicionamiento social útil para la futura vida profesional, la preocupación por la protección y seguridad de los educandos y -en algunos casos de escuelas confesionales- la voluntad de proporcionar a los hijos determinada educación religiosa; ignoramos qué peso tengan estas variadas razones, tanto en el conjunto de la enseñanza privada como en sus modalidades y niveles escolares.