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Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación La educación media, en el limbo El mercado informal de la educción en México La educación en el PND El gasto en educación superior y el conflicto de la UNAM La educación de adultos en búsqueda de un nuevo modeloAtribuirle mayor calidad es una generalización cuestionable Pocas veces se comenta el significado de la educación privada para el conjunto del sistema educativo y sus implicaciones para la calidad o la equidad social. El notable crecimiento de su matrícula en las dos últimas décadas, sobre todo en ciertos niveles escolares, está modificando su peso social en el sistema educativo y alterando la percepción colectiva de su relación con el Estado. Conviene examinar críticamente las tendencias de su evolución, así como las implicaciones financieras, sociales y políticas de su presencia en el cambiante contexto nacional. Los númerosDe 1980-1981 a 2000-2001, es decir, en los últimos 20 años, la matrícula de escuelas privadas creció en términos generales de 2.2 a 3.7 millones de alumnos; en relación con la matrícula nacional aumentó de 10.3 por ciento a 12.5 por ciento. Por niveles escolares su evolución fue muy diferenciada: en algunos la proporción que representa respecto a la matrícula nacional registró fuerte decremento (aunque en números absolutos hubo crecimiento), es el caso de la enseñanza secundaria, cuya participación disminuyó de 17.3 por ciento a 7.9 por ciento, de la educación profesional media (de 42 por ciento a 22.3 por ciento) y de la capacitación para el trabajo que descendió drásticamente de 78.2 por ciento a 44.4 por ciento; menor fue el decremento relativo que registró el bachillerato (de 24.7 por ciento a 21.7 por ciento). En cambio, en el mismo periodo hubo fuertes incrementos en el nivel superior (de 16 por ciento a 32.1 por ciento), particularmente en las licenciaturas (de 13.1 por ciento a 30.5 por ciento), así como en primaria (de 4.9 por ciento a 7.7 por ciento); considerables fueron los aumentos relativos en nivel prescolar (de 7.2 por ciento a 10 por ciento) y en licenciaturas de educación normal (de 34.8 por ciento a 40 por ciento).Gran heterogeneidadEl análisis de estos números nada dice respecto a la calidad de las instituciones privadas, que ciertamente es muy variada, ni a la distribución de su matrícula por estados o regiones ni a las motivaciones de los particulares para abrir o sostener sus planteles. Se sabe, sin embargo, que las escuelas privadas de educación básica, media o superior persiguen diferentes objetivos: algunas responden a un proyecto cultural de grupos de origen extranjero, otras buscan otorgar una educación con sentido religioso, otras más experimentan con nuevas teorías y métodos educativos. Pero en fechas recientes ha crecido el número de escuelas, en particular al nivel medio y superior, que constituyen sin más la venta lucrativa de un servicio educativo, claramente demandado para afirmar la presencia pública de algunos grupos sociales o para preparar recursos humanos adecuados a los requerimientos de las empresas, que florecen ante la ausencia de servicios educativos públicos sobre todo en el caso de muchas ciudades de tamaño pequeño y medio del país. Por contraste, no conocemos estudios acerca de las motivaciones de las familias para enviar a sus hijos a escuelas privadas, aunque se presumen las siguientes: deseo de un servicio educativo de mayor calidad, posicionamiento social útil para la futura vida profesional, la preocupación por la protección y seguridad de los educandos y -en algunos casos de escuelas confesionales- la voluntad de proporcionar a los hijos determinada educación religiosa; ignoramos qué peso tengan estas variadas razones, tanto en el conjunto de la enseñanza privada como en sus modalidades y niveles escolares. |