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Analfabetismo (1/3)

Sin políticas claras, México no está preparado para cumplir los objetivos de la década de alfabetización acordada por UNESCO

El 18 de enero de 2002 la UNESCO decretó la Década de la Alfabetización a partir del primero de enero de 2003, haciendo notar que "crear sociedades plenamente alfabetizadas es esencial para conseguir propósitos de erradicación de la pobreza, reducción de la mortalidad infantil, equilibrio del crecimiento demográfico, equidad de género, y para asegurar el desarrollo sustentable, la paz y la democracia" (UNESCO, 56 sesión de la Asamblea General). Desde su perspectiva, basada en la experiencia del Programa de Educación para Todos, la alfabetización debe considerarse prioridad de la política educativa y ofrecer resultados tangibles a corto plazo, estando los gobiernos obligados, con apoyo de la sociedad, a ofrecer educación en todas las etapas de la vida. Asumido el compromiso formal de participar en la Década de la Alfabetización, ¿en qué situación nos encontramos y cuál es la política educativa al respecto?

Según el último Censo, más de 6 millones de mexicanos mayores de 15 años son analfabetos. En su mayor parte viven en pequeñas localidades y predominan mujeres y adultos mayores. A ellos se agrega un contingente de aproximadamente 310 mil niños entre 10 y 14 años que aún no han aprendido a leer y escribir y que próximamente engrosarán las filas del analfabetismo. En 1990 había 6 millones 257 mil analfabetas; en 2000 eran 6 millones 93 mil (INEGI, censos 1990 y 2000). Los datos indican una reducción relativa importante (de 12.7 a 9.6) en el decenio, considerando la proporción de analfabetas en el grupo de edad mayor de 15 años. La tasa de analfabetismo prevaleciente coloca al país en total desventaja frente a los industrializados, donde el indicador oscila entre menos de uno y 2 por ciento. Aun en el contexto latinoamericano, nuestro desempeño deja mucho que desear al ocupar el duodécimo sitio entre 20 naciones.

El analfabetismo se relaciona, en primer lugar, con las condiciones económicas y sociales. En estados y localidades con menores niveles de desarrollo alcanza niveles muy importantes. La distribución del analfabetismo por entidades federativas y localidades evidencia el círculo vicioso pobreza-analfabetismo. De acuerdo con el censo de 2000, mientras en Chiapas, Oaxaca y Guerrero la proporción de analfabetas supera 20 por ciento, en los estados del norte del país el promedio es inferior a 5 por ciento y en el Distrito Federal no llega a 3 por ciento. En la distribución del analfabetismo por localidades, según su tamaño, se advierte que en la población que habita ciudades con más de 100 mil habitantes el promedio es inferior a 4 por ciento, caso inverso al de la población en localidades de menos de 100 mil habitantes, donde el promedio de analfabetismo supera 15 por ciento. En este conjunto, las localidades de menos de 2 mil 500 habitantes -casi una cuarta parte de la población nacional- conservan una tasa de analfabetismo superior a 20 por ciento. En otras palabras, la mitad del analfabetismo mexicano radica en localidades con menos de 2 mil 500 personas. En ellas la presencia indígena es notable. Según datos de la misma fuente, en asentamientos de 2 mil 500 individuos o menos el promedio de personas que hablan alguna lengua indígena es 17.5 por ciento y el promedio de quienes se identifican como indígenas 16.6 por ciento. En cambio, en localidades de más de 100 mil habitantes, el indicador de hablantes de lengua indígena es 2.1 por ciento y el de personas que se declaran indígenas es apenas 1.1 por ciento.