Los Libros de Texto Gratuitos (2/3)
La colección de los LTG, escritos por maestros de la SEP y sometidos
a concurso, se completó hasta 1968, año en el que se editaron
por primera vez los 36 títulos correspondientes a los seis grados
de primaria, mismos que se reditaron cada año hasta la reforma educativa
de Echeverría. Desde el principio desatan fuerte oposición
entre los sectores más conservadores, particularmente autoridades
eclesiásticas, miembros de la iniciativa privada, Unión Nacional
de Padres de Familia y el Partido Acción Nacional, quienes casi
nunca orientaron su argumentación hacia los contenidos. Para ellos
el punto central del conflicto giraba en torno a su carácter laico
y sobre todo obligatorio. Impugnan la injerencia del Estado en la educación
y el creciente control que ejerce en ella. Los funcionarios del gobierno
y las organizaciones de trabajadores cercanas al PRI, defienden los LTG
mostrando que sus contenidos no son distintos de los que podrían
haber incluido los opositores, exceptuando el carácter laico, pero
no abordan el punto principal: la responsabilidad del Estado de asegurar
los recursos necesarios -también los pedagógicos, entre ellos
los LTG- para que todos accedan a la educación, ¿legitima
que éste imponga una versión única de los contenidos
educativos?
La reforma educativa en el sexenio echeverrista. Los LTG de los años
70 representaron el esfuerzo del Estado por modernizarse. Estos libros
buscan la reinserción de México en el ámbito mundial,
dando paso en su lugar a una visión universalista que enfatiza lo
urbano. A diferencia del conflicto que se presenta al momento de su creación,
la reforma de los LTG despertó una oposición a la forma de
materializarlos. Su obligatoriedad a 15 años de establecida es un
hecho consumado; ningún argumento se dirige contra el Estado educador.
Desde esa perspectiva, el primer conflicto pudo haber tenido más
fondo, en tanto se trataba de cuestionar el sentido mismo de la producción
de los libros por el Estado. En el sexenio echeverrista se critica el contenido
de los libros de sexto año -sobre todo el de Ciencias Sociales,
el de Ciencias Naturales y una lección del de Matemáticas-,
así como su orientación ideológica. Además
de algunos actores del primer conflicto, ahora los defienden las universidades
y grupos de intelectuales, algunos de los cuales participaron como asesores
en la elaboración. Para este momento el Estado no ha desarrollado
estrategias para que niños y jóvenes puedan ejercer su derecho
a tener en la escuela libre acceso a las diversas maneras de interpretar
y valorar la realidad.
Reforma del sexenio salinista
En el contexto del Programa para la Modernización Educativa y del
Acuerdo para la Modernización de la Educación Básica
se plantea una reforma global a la educación nacional y en ella
se propone la revisión de los LTG. Como se declara al ciclo escolar
1992-1993 Año de la Historia de México, son los libros de
historia los primeros en relaborarse. Son coordinados por Enrique Florescano
y Héctor Aguilar Camín, quienes contratan a historiadores
de varias instituciones de educación superior e investigación.
El objetivo explícito era "no ocultar el pasado histórico
por doloroso que fuera". Los libros se presentaron el 4 de agosto de 1992
y como en el pasado provocaron fuerte reacción. Fueron criticados
por la manera de interpretar algunos hechos históricos como el porfiriato
o la no inclusión de algunos "héroes nacionales". La primera
edición no se repartió y se le hicieron enmiendas.
Los cuestionamientos giraron en torno a cuatro temas: 1. ¿A quién
corresponde hacer los libros? Se decidió que se abrirían
a concurso y la SEP escogería al ganador. 2. ¿Los LTG deben
permanecer o modificarse? Se reconoció la necesidad e importancia
de revisarlos periódicamente. 3. ¿Cuál es la mejor
manera de diseñar los libros de texto? Se publicaron lineamientos
para elaborarlos. 4. ¿Cuál es la mejor forma de enseñar
la historia a los niños? Aunque los libros se recogieron y se enmendaron
y la SEP reglamentó su contenido, a más de 30 años
de su existencia, ésta es una cuestión no resuelta, aun cuando
existe una lista de libros complementarios que pueden ser usados en el
aula. No se han diseñado estrategias ni normas que permitan a padres
de familia, maestros, o partidos políticos participar en fijar las
orientaciones de la educación pública. Esto es importante,
sobre todo en los textos de historia, porque en ellos se agudiza la confrontación
entre convicciones personales o las tomas de posición partidista
y una interpretación oficial del devenir del país.
A partir de 1993, cuando se revisaron todos los demás libros,
la SEP promovió mayor participación de los académicos
en su elaboración. También los investigadores educativos
empezaron a hacer estudios puntuales sobre la manera en que profesores
y alumnos utilizan los libros, sus efectos en los procesos de aprendizaje
y las prácticas de enseñanza que promueven. No obstante,
habría que impulsar con ahínco este tipo de trabajos, porque
son indispensables para atender a la mejora continua de la educación
nacional.
Los LTG para secundaria
Desde 1997 la SEP puso en marcha el Programa de Distribución de
Libros de Texto para Secundaria. Igual que antaño, su objetivo es
evitar la deserción escolar de jóvenes que por falta de recursos
para adquirir los libros no pudieran continuar. Este programa federal se
complementa con la aportación de las entidades federativas, que
otorgan libros a los estudiantes de las capitales de los estados o de ciudades
con un cierto tamaño. Según cifras de la SEP, actualmente
se dota de libros de texto al 100 por ciento de los alumnos de las escuelas
generales y técnicas públicas.
Si bien estos libros no son producidos por la SEP, ésta, mediante
la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos los adquiere de
editoriales privadas a más bajo costo que en el mercado y los distribuye
gratuitamente. Los ejemplares son otorgados a los alumnos en calidad de
préstamo, para ser reutilizados por los de las siguientes dos generaciones.
Los libros son seleccionados por los propios maestros de la lista oficial
que incluye más de 400 títulos autorizados por la SEP. Cada
año ésta abre una convocatoria para que los autores, editores
y autoridades educativas estatales sometan a evaluación las obras
con la finalidad de que sean autorizadas para utilizarlas como libros de
texto en ese ciclo escolar.