8 por ciento: ¿un compromiso? (2/3)
No obstante las propuestas emanadas del gobierno federal, la reforma
a la LGE fue iniciativa de los legisladores. Un primer proyecto fue presentado
por el PRD en septiembre de 2000. Desde entonces, otros actores políticos
se pronunciaron por el cumplimiento del compromiso presidencial, contribuyendo
a crear presión para que los diputados se ocuparan. El PRI llevó
a la Cámara de Diputados, en octubre de 2002, una iniciativa que
propone que "el presupuesto anual que la Federación destine al gasto
en educación pública partirá de un mínimo de
8 por ciento del PIB y no podrán recortarse sus montos." A fines
del mismo mes, el PAN presentó su proyecto en el que reitera la
necesidad de incluir en la estimación la participación económica
"de la sociedad civil".
Luego de tres excitativas, a principios de noviembre de este año
la mesa directiva exhortó a las comisiones a presentar su propuesta
a más tardar el día 12. Pese a las solicitudes del PAN a
la Junta de Coordinación para que el dictamen se omitiera del orden
del día, finalmente el 26 de noviembre se consideró, debatió
y votó la reforma. En la deliberación sólo el PAN
manifestó una postura divergente: aceptaba la posibilidad de alcanzar
en 2006 8 por ciento siempre que se incluyera en la cifra el gasto privado,
postura derrotada en el debate.
En las propuestas de los partidos, en la exposición de motivos
de la reforma aprobada y también en el debate público acerca
del gasto educativo, se insiste en que la cifra de 8 por ciento proviene
de una recomendación de la UNESCO, aseveración que es inexacta.
En diciembre de 1979 la Conferencia Regional de Ministros de Educación
y Ministros Encargados de la Planificación Económica de América
Latina y el Caribe, organizada por UNESCO con la cooperación de
la CEPAL y la OEA, estipuló en la Declaración de México,
que los estados miembros deberían "dedicar presupuestos gradualmente
mayores a la educación, hasta destinar no menos del 7 u 8 por ciento
de su PNB a la acción educativa". La recomendación proviene
de un acuerdo intergubernamental, no de la UNESCO.
Al margen de la precisión histórica sobre el origen del
8 por ciento, los diputados convinieron en que es un nivel de gasto educativo
apropiado para México. Sin omitir sus rasgos políticos, hoy
la discusión es más técnica, en particular sobre las
formas de canalizar al ramo educativo más recursos del gasto público:
cómo se distribuirán internamente y de qué manera
se traducirán en equidad y calidad de la educación.
Según datos del último informe de gobierno, la proporción
del gasto educativo nacional respecto al PIB es aproximadamente 6.8 por
ciento, cifra que se compone de 5.5 por ciento de gasto público
y 1.3 por ciento del privado. El primero se divide en 4.5 por ciento federal
y uno por ciento estatal y municipal; el segundo es una estimación
de la SEP basada quién sabe en qué.
Llevar el gasto público a una proporción de 8 por
ciento para 2006 significa incrementar casi 50 por ciento el volumen actual
de recursos públicos dedicados a educación. En términos
absolutos sería pasar de 339 mil millones de pesos de este año
(suma de gasto federal, estatal y municipal) a más de 560 mil millones
al término del sexenio, con un crecimiento anual promedio del PIB
de 3 por ciento.
Si la reforma se aprueba entrará en vigor hasta 2003 y
regirá para el presupuesto de 2004, lo que implica que en cada uno
de los años restantes deberá agregarse al gasto educativo
el equivalente a un punto porcentual del PIB. Este escenario resalta sobremanera
con el actual proyecto de egresos presentado por Hacienda, que considera
un aumento real para educación de 1.6 por ciento, lo que equivale
a 14 mil millones de pesos más que en 2002. Los diputados, tendrán
que encontrar la fórmula para conciliar las enormes diferencias
entre las previsiones de Hacienda y los supuestos de la nueva ley.
La segunda parte de la propuesta se refiere al gasto en investigación
científica a ser ejercido por las instituciones de educación
superior (IES). Según la iniciativa, en 2006 deberá ser equivalente
a uno por ciento del PIB, como parte del 8 por ciento para educación.
Alcanzar esa meta supone un esfuerzo sin precedentes. Las IES reciben hoy
62.4 por ciento del gasto público en ciencia, lo que equivale a
16 mil 500 millones de pesos. La iniciativa propone pasar de este monto
a lo que en 2006 sea el uno por ciento del PIB (actualmente son más
de 60 mil millones de pesos).