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El Conevyt: ¿propuesta educativa o más burocracia? (1/3)

¿Competencia o complemento del INEA?- No resuelve las necesidades de capacitación de los más pobreso
Más que un proyecto integrado, una suma de actividades

Las recientes declaraciones de Ramón de la Peña, titular del Instituto Nacional de Educación para los Adultos (INEA) y presidente del Consejo Nacional de Educación para la Vida y el Trabajo (Conevyt), respecto a que mínimo pasarán 30 años para abatir el rezago educativo de los mexicanos, han causado un justificado malestar en la opinión pública. Aunque el centro del debate han sido las nuevas estrategias cibernéticas del INEA, no menos importante resulta la discusión sobre el modelo de formación para el trabajo que se está impulsando desde el Conevyt, uno de los nuevos programas de esta administración. Según lo propuesto, este modelo buscaría superar la referencia tradicional a la alfabetización y la educación básica e incorporar la del trabajo. El Consejo propone conservar la orientación hacia los sectores más desfavorecidos y dotar de flexibilidad a los programas. Sin embargo, por lo que se conoce hasta ahora, los planteamientos del Conevyt no han superado el nivel de las buenas intenciones.

Jóvenes, los más vulnerables

La formación para el trabajo ha sido una gran ausente en las actividades de las instituciones orientadas a la educación de adultos, empezando porque la responsabilidad de atenderla está dividida entre la secretaría del Trabajo y la de Educación. Además, las instituciones que se dedican propiamente a este ámbito no han acercado sus programas a los sectores de pobreza; es el caso de los programas de capacitación técnica. Otras dependencias, como la secretaría de Agricultura y Ganadería, no han sabido responder con pertinencia y relevancia a las necesidades de estos sectores, o bien no han contado con estrategias que les permitan un impacto eficaz. Así, la formación para el trabajo representa una necesidad apremiante en una tierra de nadie, donde los programas de educación de adultos no inciden y los institutos de formación técnica están principalmente orientados al sector formal de la producción.

El interés por incorporarse a una actividad productiva es fundamental en los jóvenes. Esta población está naturalmente interesada en vincularse con los espacios del trabajo, pero adolece de competencias laborales y presenta déficits en el manejo de competencias básicas que sería preciso considerar en el diseño de los programas curriculares. La formación para el trabajo de los sectores informales es una necesidad apremiante ante las características que presenta actualmente el mercado. En particular, los jóvenes entre 15 y 24 años que abandonaron la escuela y están fuera del empleo formal, constituyen una de las poblaciones más vulnerables, porque tienen un futuro laboral incierto y cuentan con escasas herramientas para enfrentarlo.