Comentarios al PNE (2) (2/3)
Otro de las grandes metas gubernamentales es Alcanzar, en 2006, una
proporción del 8% del PIB destinada a educación (p.94).
A diferencia del resto de metas, para ésta se hacen algunas precisiones:
el porcentaje se refiere al total del gasto, lo que quiere decir que incluye
gasto el público el y privado, y la tarea del ejecutivo se limitará
a proponer a los legisladores un esquema para alcanzar esa meta dado que,
se anota en el PNE, la aprobación del presupuesto de egresos es
facultad exclusiva del Congreso.
Debe recordarse que el propósito de incrementar los recursos
al 8 por ciento respecto al PIB, fue uno de los compromisos de campaña
más reiterados por el ahora presidente Fox, una de las propuestas
del equipo de la transición educativa (aunque recomendó destinar
el 8.5 por ciento) y una de las demandas más persistentes en el
campo de la educación desde hace décadas, de modo que resulta
hasta cierto punto explicable que se haya incluido esa meta en el PNE.
Sin embargo, lo que resta por aclarar es en qué medida crecerá
el gasto público y en cuál privado para alcanzar la meta.
Las cifras indican que durante la administración anterior el gasto
público en educación osciló entre el 4.7 y el 4.9
respecto al PIB, mientras que el gato total (público más
privado) pasó de 4.9 a 6.1 por ciento. La pregunta, a la vista del
actual panorama económico, es si la meta podrá cumplirse
y qué se hará para impulsar la educación si fuera
imposible destinarle mayores recursos.
En cuanto a la meta de establecer un acuerdo con el SNTE en favor de
la calidad de la educación, sorprende que en el PNE no se incluya
un plazo para cumplirla. No se puede soslayar que alcanzar un acuerdo en
esta materia podría ser un factor de suma relevancia para impulsar
una mejora educativa, sobre todo a la vista de los indicadores, nacionales
e internacionales, que muestran sensibles deficiencias en el desempeño
y calidad del sistema educativo. Sería conveniente que las autoridades
educativas y el SNTE hicieran públicas sus posiciones al respecto
y que se concretara el contenido y fecha del acuerdo.
El diseño de una nueva gestión educativa complementa las
metas indicadas con propuestas para profundizar el proceso de federalización
y mejorar el esquema de participación social. En ambos casos, en
lugar de anunciar reformas inmediatas, la SEP ha optado por una vía
de transformación gradual que abarcaría la totalidad de este
sexenio. Esta opción parece atender a la complejidad de un escenario
político caracterizado por la presencia de fuerzas políticas
y sociales diversas (partidos, fracciones, actores institucionales y movimientos
sociales) con las cuales la SEP propone establecer un gran acuerdo nacional
aunque no indica ni sus términos ni su plazo.
Otro aspecto relevante en la nueva gestión anunciada es la evaluación
independiente, tema se viene discutiendo desde hace tiempo, que ha provocado
controversia e incluso conflicto y que parece ser uno de los motivos tras
el escándalo originado por la divulgación de los resultados
del TIMSS de 1995. La meta indicada en el PNE en este aspecto es crear
el Instituto Nacional de Evaluación en 2002 (p.100). No está
de más recordar que en el presupuesto aprobado a la SEP en diciembre
de 2000 se consideró una partida específica para este rubro
(de aproximadamente 100 millones de pesos), que probablemente no se haya
ejercido aún. Sobre el papel del instituto de evaluación,
sus funciones y competencias existen múltiples interrogantes y riesgos
a la vista, por lo cual consideramos urgente que la SEP aclare las características
de la nueva institución y precise si su diseño y operación
forma parte del presunto acuerdo con el SNTE.
Metas de crecimiento y cobertura
En el PNE abundan metas de cobertura para los distintos tipos y niveles
del sistema educativo. En primer lugar, contar en 2006 con un modelo articulado
de educación básica de 10 años (uno de preescolar,
seis de primaria y tres de secundaria). Aunque este es un objetivo-meta
que reitera propósitos enunciados desde la Ley General de Educación
(LGE) de 1993 y de los dos sexenios antecedentes, la SEP reconoce que es
todavía una aspiración no cumplida. Adicionalmente, se proponen
como metas de la educación básica ampliar en un 50 por ciento
la cobertura para los grupos de población vulnerables, duplicar
la cobertura de educación inicial indígena y lograr, también
en 2006, que el 95 por ciento de los niños indígenas de 6
años ingresen a la escuela primaria. Contrasta la precisión
cuantitativa de estas metas con la ausencia de indicadores para apreciar
el combate al rezago; de hecho, el PNE no establece una meta precisa sobre
el particular, pues el programa respectivo, correspondiente al Consejo
Nacional de Educación para la Vida y el Trabajo, indica: la próxima
constitución legal del Conevyt definirá tanto los recursos
que se asignarán al organismo, como las facultades coordinadoras
con que contará Por ello el documento siguiente no incluye todos
los elementos programáticos, en particular no establece metas precisas
(p. 223).
Para la educación media superior, que en realidad debería
ser educación media a secas una vez asimilada la secundaria al ciclo
básico, el PNE propone la creación de una coordinación,
objetivo que reemplaza a la propuesta manejada con anterioridad de crear
una subsecretaría específica. Añade propósitos
de restructuración curricular con base en un nuevo modelo de bachillerato,
la meta de incrementar en 50 por ciento el financiamiento al nivel y la
meta de superar en 12 por ciento el actual nivel de cobertura. Desde luego
el alcance de estas metas no depende exclusivamente de una voluntad de
reforma: el objetivo de financiamiento está acotado por la capacidad
de la SEP de acceder a un financiamiento público creciente y la
meta de cobertura está en función, en buena medida, en la
capacidad del sistema escolar para atraer y retener a la población
de jóvenes en el tramo escolar correspondiente, situación
que se torna delicada en un contexto de crisis económica como el
que se avizora con toda claridad.