Comentarios al PNE (1) (3/4)
Otro tanto puede decirse de la meta de cobertura adjudicada al sistema
de educación superior, en que se prevé la incorporación
de casi un millón de nuevos estudiantes. Independientemente de la
capacidad de crecimiento de los sistemas público y privado en este
nivel, habría que considerar las posibilidades reales de los jóvenes
para acceder a la oferta de estudios superiores propuesta en el PNE en
un contexto como el indicado. En el diseño de reforma del nivel
superior son más bien escasas las alternativas diseñadas
para la atención de una demanda escolar que estará presionada
tanto por apremios económicos de subsistencia como por una creciente
disminución de opciones de empleo en el mercado profesional.
Es importante reconocer que el PNE no se reduce a las estrategias y
metas que hemos comentado. Por el contrario, los temas que se abren a la
discusión son múltiples y merecen un análisis en profundidad,
lo que Observatorio propone discutir en futuros comunicados.
El pasado 28 de septiembre, en ceremonia encabezada por el presidente
Vicente Fox en el Palacio de Bellas Artes, se presentó el Programa
Nacional de Educación (PNE) 2001-2006. Por la importancia que tiene
este documento en la definición de la política educativa
nacional, Observatorio dedicará este comunicado y los próximos
dos a su análisis.
A diferencia del Programa de Desarrollo Educativo del sexenio anterior,
el PNE ofrece metas específicas para educación básica,
media superior, superior y para el nuevo programa de educación para
la vida y el trabajo. Dichas metas ?cuyo análisis será tema
del próximo comunicado?, así como los objetivos particulares,
estrategias y acciones correspondientes, se refieren a los tres propósitos
generales del programa: "avanzar hacia la equidad en educación,
proporcionar una educación de calidad adecuada a las necesidades
de todos los mexicanos, e impulsar el federalismo educativo, la gestión
institucional y la participación social en la educación"
(PNE: 76).
En el PNE, además, se describen los medios para impulsar estos
propósitos, así como las reformas que implican. También
se establecen dos requisitos para hacer viable el cambio de enfoque. El
primero, de carácter económico, es la ampliación del
gasto hasta alcanzar un nivel equivalente a 8 por ciento del PIB, meta
que discutimos en el comunicado anterior. El segundo es de naturaleza política
y se refiere a la necesidad de lograr "un gran acuerdo nacional" (PNE:
40) en torno a las propuestas del programa y una serie de acuerdos, consensos
y pactos que reúnan los intereses de los actores involucrados.
Aunque en el PNE no está descrito en qué consiste el gran
acuerdo nacional ni las particularidades de los acuerdos específicos,
hay, en cambio, varias indicaciones que permiten apreciar la intención
de la Secretaría de Educación Pública (SEP) en torno
a esta variable política.
"El gran acuerdo nacional"
El Presidente, en su alocución en el acto de presentación
del PNE, se refirió a este instrumento invocando "el apoyo imprescindible
de las maestras y maestros", así como la necesaria colaboración
del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), la
responsabilidad de los padres y madres de familia, y de los medios de difusión
y las organizaciones de la sociedad civil "para configurar (...) un gran
acuerdo nacional en favor de la educación, y estructurar y dejar
sentada así la comunidad educativa, en estrecha alianza con la tarea
del gobierno."
En el mensaje del secretario Reyes Tamez Guerra, contenido en
el texto del programa, se reitera: "convocamos a los profesores y a las
organizaciones; a los padres de familia y los alumnos; a las escuelas e
instituciones; a los demás sectores de la sociedad; a los poderes
Legislativo y Judicial; y a los gobiernos estatales y municipales del país,
a sumarse a un gran acuerdo nacional por la educación, buscando
hacer realidad la prioridad de este sector en la agenda pública"
(PNE: 12).
Es interesante que, a través de esta convocatoria, el Poder Ejecutivo
Federal proponga ampliar la gama de sus interlocutores tradicionales y
afirme la necesidad de concurrencia de otros actores (estudiantes, padres
de familia, los demás poderes de la Unión y las organizaciones
civiles) dentro del tablero de negociaciones que requiere la reforma de
la educación.
Existe el riesgo de que una convocatoria de esa naturaleza quede en
el plano meramente discursivo si la participación solicitada adolece
de medios efectivos para su materialización. Es un riesgo más
que aparente.
En el reciente Acuerdo Político para el Desarrollo Nacional del
7 de octubre, suscrito por el Presidente de la República y los presidentes
de los partidos representados en el Congreso, la educación se incluye
en la "agenda social" en términos de "fomentar el acceso universal
a la educación pública, laica, gratuita y de calidad", propósito
contenido en el artículo 3º constitucional y en la Ley General
de Educación; pero, a diferencia de otros enunciados políticos
y económicos del acuerdo, no se anticipa ninguna estrategia para
tal propósito ni tampoco ocupa lugar la educación en el elenco
de las "acciones inmediatas" convenidas.