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Vicisitudes de ciencia y tecnología (1/3)

El PND, sin lineamientos claros; necesaria, una política científica y vinculación con el sector productivo

En días pasados el secretario de Educación expresó: "se hará de la ciencia y la tecnología uno de los más importantes instrumentos en la promoción del desarrollo, en el combate a la pobreza y en la ampliación de beneficios de la globalización a sectores que siempre se han excluido". La afirmación coincide con el supuesto de que el conocimiento científico es factor clave para la economía y la producción de riqueza. Sin embargo, también se debe aceptar que el acceso es desigual y que los avances han profundizado las diferencias entre naciones e individuos. Otro asunto sería saber si haciendo de México una economía basada en el conocimiento se podrían generar mejores condiciones para la población en su conjunto. Sorprende, sin embargo, que el tema de ciencia y tecnología (CyT) no mereciera la importancia debida en el Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006 (PND). Aunque resalta la exigencia de una mayor vinculación con los problemas nacionales y el sector productivo, no se presenta una política integral al respecto. El propio director de Conacyt ha restado importancia al hecho y ha destacado que el PND es sólo un conjunto de lineamientos estratégicos, pero que tocará el turno a la elaboración del Programa Especial de Ciencia y Tecnología que estará listo en septiembre próximo (Boletín, 07/06/01 y 27/01).

Al finalizar el periodo de transición, en diciembre pasado, no hubo un documento que expresará qué acciones tenía previstas la actual administración para el área de CyT. Aun el nombramiento del titular de Conacyt, organismo rector de las políticas científicas, fue de los últimos en realizarse. El PND tampoco ha precisado cuáles serán los principales lineamientos. Convendría que en el lapso de tiempo que resta para la presentación del programa sectorial, se apreciara el carácter estratégico de CyT, se advirtiera la urgencia que el tema amerita y se trabajara en el diseño de un verdadero programa.

Sistema frágil y pequeño

Unos cuantos indicadores son suficientes para destacar el tamaño y debilidad del sistema científico y tecnológico en México. El gasto federal en CyT, a precios corrientes, pasó de 2 mil a poco más de 22.5 mil millones pesos entre 1990 y 2000. A pesar del notorio incremento, las cifras adquieren una proporción más modesta si se realiza la comparación respecto del PIB. En 1990 el nivel de gasto representaba 0.28 del PIB y en 2000 se estimaba que su proporción era de 0.43 por ciento. Conviene notar que esta última cifra es apenas la mitad del gasto que se destina en América Latina y el Caribe -ya no digamos en las naciones más desarrolladas-, puesto que en 1999 el gasto promedio para la región fue de 0.81 respecto del PIB (Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología Iberoamericana/Interamericana, 1999).

La insuficiencia de recursos es más notoria si sólo se considera el gasto en Investigación y desarrollo experimental (IDE), una de las actividades más relevantes de la CyT que expresa con mayor exactitud el esfuerzo en el avance y aplicación del conocimiento. El total de gasto para este rubro, según la última serie de indicadores divulgada por Conacyt, alcanza 0.34 respecto del PIB, cifra que representa poco más de la mitad del gasto promedio en América Latina (0.59) y una sexta parte de lo que destinan los países de la OCDE (2.2).