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La educación en las próximas elecciones La educación básica en Puebla De las promesas a los resultados Racismo y discriminación La educación de México en el panorama latinoamericano El mercado informal de la educción en MéxicoResultados alentadores en permanencia, mínimos en asistencia
y nulos en rendimiento escolar Recientemente se cumplieron los primeros 100 días de gobierno de la nueva administración --plazo autoimpuesto para realizar un diagnóstico y emprender acciones pertinentes-- y si bien se ha anunciado la puesta en marcha del programa de becas para el nivel superior y el de escuelas de calidad, se aguarda una definición más precisa sobre la política de equidad educativa que orientará las acciones de este gobierno. A pesar de que está en marcha la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo y posteriormente tomará lugar la del programa sectorial correspondiente, ya se debería establecer qué de lo realizado por la administración anterior permanecerá y qué no. El Programa de Educación, Salud y Alimentación (Progresa) fue uno de los programas clave del gobierno anterior para intentar aliviar las condiciones de pobreza extrema de las áreas rurales y ampliar sus oportunidades de desarrollo. Observatorio se ha ocupado de analizar el grave problema de la iniquidad educativa y las dificultades que se aprecian en las estrategias seguidas hasta ahora para resolverla. En esta oportunidad analizamos los resultados del componente educativo del informe sobre Progresa recientemente publicado por Sedeso, en el que se reporta, en varios volúmenes, los resultados de la evaluación realizada por un equipo del International Food Policy Research Institute (IFPRI) con sede en Washington, DC, contratado por Sedeso para la evaluación externa del programa y su seguimiento, estudio en que además participaron el Instituto Nacional de Salud Pública y el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social. Progresa se puso en marcha en 1997 y se dirigió a las familias en condiciones de pobreza extrema de las zonas rurales. Los apoyos fueron para educación, salud y alimentación y, a diferencia de los programas que le antecedieron, canalizó los beneficios directamente a las familias. En el componente educativo se consideraron apoyos a través de becas y un determinado monto para la compra de útiles escolares, bajo el supuesto de que en buena medida la inasistencia y el abandono escolar se debe a razones económicas (Comunicado OCE 5). Además, el programa discrimina los montos de ambos apoyos conforme nivel escolar y género: son mayores a medida que avanza en el grado escolar y las becas son ligeramente mayores para las niñas en el nivel de secundaria, con la finalidad de aumentar la transición de la primaria a la secundaria y de reducir las desventajas que se aprecian mayores para niñas. Por ejemplo, según el informe, en 2000 las becas oscilaban entre 90 y 335 pesos mensuales, la primera cantidad la recibía un niño de tercer grado de primaria y la segunda una niña de tercero de secundaria; el apoyo para útiles escolares se da dos veces por año, para primaria se destinan 180 pesos y a secundaria 225. Según las cifras que se reportan, entre 1997 y el año anterior, la cobertura de Progresa pasó de 400 a 2.5 millones de familias beneficiadas de 31 entidades federativas y abarcando poco más de 50 mil localidades altamente marginadas. Resultados de la evaluación del componente educativo de ProgresaLos estudios del IFPRI sobre el impacto educativo de Progresa, reportados en el informe Más oportunidades para las familias pobres. Evaluación de resultados del Progresa (Sedeso 2000), en el volumen correspondiente a educación, consideran cuatro aspectos: inscripción en básica, asistencia a la escuela, rendimiento escolar e inscripción a la secundaria; cada aspecto es analizado mediante un estudio independiente. |