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Rendir cuentas en educación (2/3)

En México estamos empezando a experimentar cambios en el ejercicio del poder que se derivan de la competitividad política y de los procesos de alternancia. Hace diez años era inimaginable ver la dinámica política que existe hoy en el Congreso de la Unión, que ha superado la época en que era una oficina de trámites legislativos del Presidente de la República; o el tipo de información que circula por los medios masivos, algunos de los cuales son dispositivos permanentes de fiscalización de lo público; o la actuación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que toman decisiones con autonomía y son los árbitros encargados de dirimir jurídicamente los conflictos sociales.

Una de las innovaciones institucionales que se han encontrado para que la rendición de cuentas y la transparencia se puedan desarrollar, es la creación de espacios públicos con autonomía, de composición plural y con participación ciudadana. Es el caso del Instituto Federal Electoral (IFE), institución que después de varias reformas y pruebas electorales, de las que ha salido con resultados positivos, se ha convertido en un espacio público con prestigio suficiente como para servir de modelo; así, se habla ya de un IFE para las comunicaciones, la educación o la ciencia. El objetivo es tener espacios públicos estratégicos que sean eficientes, transparentes, y en los cuales pueda participar la sociedad en la toma de decisiones.

La insuficiencia de los espacios políticos formales para la rendición de cuentas es uno de los rasgos de la crisis de la democracia. La otra cara de la moneda de la transparencia gubernamental es la participación ciudadana. No se trata de quitarle importancia y centralidad a los partidos políticos ni al Congreso, sencillamente se necesita buscar nuevos espacios para fortalecer la presencia ciudadana, porque una democracia sin una ciudadanía fuerte puede resultar una aberración.

Educación: insuficiente rendición de cuentas

El sistema educativo es uno de los espacios públicos, quizá el mayor de todos, en donde se da una participación organizada de millones de mexicanos; además, se trata de la actividad que tiene mayor presupuesto del gobierno federal y de muchos gobiernos locales. No obstante, la rendición de cuentas en el ámbito educativo ha sido insuficiente. El secretario de Educación Pública comparece ante el Congreso de la Unión después del informe que rinde anualmente el Presidente, y en una sesión maratónica se da una confrontación entre él y los legisladores. Además, internamente rinde cuentas de sus finanzas, como las otras dependencias gubernamentales, a la Secretaría de la Contraloría para el control interno de sus recursos. Hay además una cadena descendente de mecanismos de vigilancia gubernamental que pueden ir de la SEP hasta la escuela más alejada del país.

La otra parte de las cuentas tiene que ver con las evaluaciones del sistema educativo, con sus resultados. Se trata de los insumos, recursos, actores del proceso educativo, y de los planes y programas. Para nadie es un secreto la baja calidad de nuestra educación básica y los graves problemas en los niveles medios y superiores. En los últimos años se han hecho diversos diagnósticos y evaluaciones del sistema educativo, como el de la Fundación Nexos a principio de los años noventa sobre la educación básica, y que la revista del mismo nombre dio a conocer como "México, un país de reprobados". La SEP ha venido construyendo un sistema nacional de evaluación y para ello ha aplicado diversas pruebas a los alumnos (ver los tres últimos informes de Labores); también ha propiciado la participación de México en evaluaciones internacionales. Sin embargo, la administración pasada fue renuente a dar a conocer con claridad los resultados de estas pruebas; en unos casos recurrió a presentaciones parciales o amañadas; en otros, simplemente los calló. Parece que en la cultura triunfalista de los regímenes priístas reconocer deficiencias del sistema educativo equivalía a una autodenigración.

Acceso a la información

En una democracia es un requerimiento indispensable que los ciudadanos tengan acceso a información alternativa a la oficial. Además, se necesita mucho más que datos estadísticos sobre cobertura e inscripción. Para que el sistema educativo tenga una real accountability se requiere llenar huecos y vencer inercias. Por ejemplo, la sociedad tiene derecho a saber por qué el mayor presupuesto del país no tiene buenos resultados; por qué millones de alumnos reprueban; cuáles son las razones de que el sistema educativo tenga problemas graves de calidad, cobertura y pertinencia. Ha llegado el tiempo en el que las auditorías sobre el uso de recursos no deben tener obstáculos. Los ejemplos que impiden la transparencia pueden ser múltiples, desde la falacia que considera a la autonomía de las universidades como impedimento para auditar los recursos públicos, pasando por los intereses gremiales que interfieren en transparentar la realidad del sistema educativo, hasta los malos resultados que se esconden por razones políticas.