La transición educativa (2) (2/3)
El gobierno entrante deberá encarar el delicado tema de los bachilleratos
dependientes de universidades. Para los jóvenes, la ventaja de estos
bachilleratos es que brindan una opción directa para continuar estudios
superiores. No obstante, las posibilidades de un desarrollo integral de
este nivel dependen, en buena medida, de la solución que se encuentre
para ofrecer a los estudiantes condiciones de ingreso y egreso equivalentes
entre las diversas modalidades, así como facilidades de tránsito
horizontal entre ellas.
En el debate sobre la renovación de contenidos del ciclo básico
y la enseñanza media, se subraya la importancia de instruir en el
manejo de nuevas tecnologías informáticas e inglés,
ya que su conocimiento es necesario para enfrentar la globalización.
Sin subestimar este enfoque, y en la misma perspectiva de globalidad, consideramos
que se debe otorgar un énfasis renovado al aprendizaje de las humanidades,
particularmente de la historia, geografía, lengua y literatura,
sociedad y cultura.
Integrar la evaluación a la innovación educativa
La evaluación en el campo educativo es uno de los temas que ha estado
de forma permanente en el debate público y la instrumentación
de algunas de sus modalidades a lo largo de la última década
han generado variadas reacciones. A pesar de que se han puesto en marcha
diferentes iniciativas, hasta hace cinco años las mismas autoridades
del sector aceptaban la ausencia de mecanismos e instrumentos que permitieran
una evaluación ordenada y completa del sistema educativo, y sobre
todo que ayudara a corregir deficiencias, orientar decisiones y mejorar
la calidad de la educación.
La experiencia con los mecanismos de evaluación del desempeño
individual, institucional y sectorial no siempre ha sido afortunada
y ha dado paso a múltiples cuestionamientos sobre sus beneficios.
Uno de los problemas asociados a esta situación es que frecuentemente
no existe claridad y precisión sobre los propósitos que se
buscan al hacer la evaluación, o bien, se declaran unos fines y
en realidad se cumplen otros. La confusión en torno a los objetivos
de la evaluación también puede generar equívocos en
el qué y cómo evaluar, tanto como en los resultados de aquello
que se intenta valorar. Otro problema es qué hacer con los resultados
de la evaluación. A este respecto llama la atención el carácter
confidencial con el que se han manejado los resultados de distintas pruebas
en el aprovechamiento de los alumnos, las formas y medición en el
desempeño de profesores o el alcance de los exámenes nacionales.
Obviamente, si no se cuenta con información amplia y fidedigna sobre
lo que está marchando bien y lo que no, tampoco se pueden tomar
las medidas correspondientes y, por el contrario, se abre paso a la especulación
y a las comparaciones basadas en supuestos y creencias.
Las autoridades reportan avances en la puesta en marcha de un sistema
nacional de evaluación educativa que permitiría mediciones
sistemáticas sobre el aprovechamiento académico de los alumnos
y el desempeño de los profesores. Sin embargo, debe estar clara
cuál su finalidad, asegurarse que técnica y metodológicamente
es consiste y que sus resultados sean del dominio público. Esto
es válido tanto para el sistema como para los diferentes mecanismos
y modalidades que hoy están en marcha. Pero es esencial, sobre todo,
que la evaluación permita una toma de decisiones fundada y una mejora
en los procesos educativos.
Dignificar la labor magisterial y brindar una formación docente
de buena calidad
A pesar de los reiterados discursos sobre la importancia del maestro para
impulsar la calidad de la educación y las diferentes iniciativas
para mejorar su actividad, está pendiente un proyecto amplio para
atender las necesidades profesionales y materiales de los maestros.
El proceso de reforma de la educación normal, puesto en marcha
desde hace cuatro años, ha avanzado transformaciones de orden curricular,
también en torno a la actualización del personal docente
de estas escuelas y sobre la infraestructura de sus planteles, sin embargo,
los aspectos clave siguen a la espera una reforma que atiendan la diversidad
de situaciones (incluyendo a las normales rurales) y que permita una efectiva
revaloración de la profesión magisterial.
Por otra parte, debe valorarse realmente cuál ha sido el impacto
del Programa Nacional para la Actualización Permanente de Maestros
en Educación Básica en Servicio (Pronap) que se puso en marcha
al inicio de la actual administración, particularmente considerando
las condiciones en las que los maestros desarrollan su labor y las transformaciones
emprendidas en la educación básica.
Otro aspecto que conviene tener presente en la dignificación
del magisterio son sus condiciones de vida. A pesar de lo que estipula
la Ley General de Educación respecto a la obligación del
Estado de otorgar al maestro un salario para un nivel de vida decoroso
y de las declaraciones de autoridades que destacan que los profesores perciben
salarios similares a los de otros países, debe reconocerse
que en gran medida la expansión del sistema ha sido a costa de los
profesores y de que es necesario recompensar sus esfuerzos.