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La investigación educativa en el sexenio (2/3)

Otros indicios, como la reticencia con que se incluyó a un representante del COMIE en el Consejo Nacional de Participación Social, el detalle protocolario menor, pero significativo, de la ausencia de cualquier funcionario de primer nivel en la inauguración del Congreso Nacional de IE del año pasado (como había ocurrido en Congresos anteriores), o la nula respuesta dada por la SEP a los comunicados quincenales difundidos por Observatorio Ciudadano de la Educación desde enero de 1999 (en cuya elaboración participan varios investigadores), muestran que el propósito de intensificar el diálogo constructivo no se cumplió. Tardíamente, con ocasión de las críticas que algunos investigadores hicieran a un informe presentado por el Gobierno a la Conferencia Mundial de Educación para Todos en Dakar, se convocó al COMIE a un seminario de análisis sobre la educación básica (11.07.00).

El último informe de labores de la SEP (98-99) no hace mención alguna de la IE. Por el contrario, en el documento Perfil de la educación en México (SEP, 1999) se dedica a la investigación educativa un apartado. Se señala que el gobierno federal ha impulsado la IE, y se destaca las investigaciones que se realizan en instituciones públicas, como es el caso del CINVESTAV del IPN, la UPN, la UNAM y otras instituciones de educación superior. Añade que el CONACYT destina un volumen importante de recursos a financiar proyectos del sector educativo y que en universidades de Aguascalientes, Guanajuato, Jalisco, Puebla, Sinaloa y Veracruz se han creado o fortalecido centros específicos para la investigación educativa. Agrega que la SEP también promueve y realiza diversos estudios, y presenta en particular tres proyectos, sobre gestión escolar en primaria, niños con discapacidad y los nuevos planes de licenciatura en educación primaria. (pp. 55-57)

La mayoría de los investigadores educativos tenemos, seguramente, una apreciación diferente. El V Congreso de investigación educativa celebrado en Aguascalientes en 1999 permite afirmar que esta actividad  ha mantenido el modesto ritmo iniciado en la década de los años 60. Sin embargo, la consolidación que se ha podido alcanzar en los últimos años, en número de investigadores, centros y posgrados,  no parece deberse a un especial apoyo de la SEP durante este sexenio. Por el contrario, hay elementos para opinar que se distinguió por su escasez.

Diferenciar e impulsar

Para reflexionar sobre el papel que debería tener la SEP en el desarrollo de la IE, y sobre la manera en que lo cumplió durante el sexenio que termina, es conveniente distinguir cuatro tipos de investigación:

En primer lugar, la que consiste en actividades que, en sentido estricto, tal vez no deban considerarse de investigación, pero que son la base de los tipos siguientes: el acopio de información sistemática sobre los sistemas educativos. A partir de tal información, este tipo incluiría la construcción de nuevos indicadores, como los que pide la OCDE a sus miembros, así como trabajos descriptivos elementales sobre las características y el funcionamiento de escuelas y subsistemas. Estas actividades deben realizarse, en parte, en algunas instancias centrales del sistema educativo nacional, pero también en cada entidad federativa y, en cierta medida en cada municipio, zona escolar y plantel.

En este primer tipo de investigación, y pese al proceso de federalización iniciado en 1992, en este sexenio no parecieron darse avances importantes: siguieron utilizándose los viejos formatos (formas 911), con ligeras modificaciones, y sus resultados continuaron procesándose centralmente, difundiéndose en forma insuficiente y tardía por el gobierno federal. Los esfuerzos de algunas entidades por contar con sistemas propios de información fueron el fruto de iniciativas locales y no contaron con apoyo especial de la federación. Críticas y propuestas de investigadores independientes orientadas a mejorar los sistemas y la calidad de la información fueron sistemáticamente ignoradas por las autoridades.

En segundo lugar, la investigación básica o aplicada, disciplinaria e interdisciplinaria, que trata de explicar las causas de los fenómenos que los trabajos del primer tipo describen, de entender en profundidad el funcionamiento de escuelas y sistemas, y de indagar sobre el lugar que ocupan ciertos procesos en la vida de los individuos y el sentido que tienen para ellos. Este tipo de trabajos encuentra su ambiente natural en centros de investigación independientes y unidades especializadas de universidades y otras IES.

Si bien es cierto que CONACYT apoya a algunas investigaciones de este segundo grupo, es simplemente falso afirmar que destina considerables recursos a ello. Por el contrario, y pese a planteamientos precisos por parte del COMIE y el PIIES (Martínez R.; Muñoz I.; y E. Weiss. REMIE. Vol.1, No. 2, 1996), CONACYT no aceptó adecuar sus políticas. Hasta principios de los noventa, la Subsecretaría de Educación Superior e Investigación Científica (SESIC) llenaba ese hueco en cierta medida para algunas áreas, incluyendo la educativa, por medio de los Programas Interinstitucionales de Investigación, uno de los cuales fue el de investigaciones sobre eduación superior, PIIES. La suspensión de estas actividades por parte de SESIC trajo consigo la desaparición del PIIES, sin que se hubiera buscado otra alternativa.

El fortalecimiento de grupos de investigación en varias entidades federativas debe atribuirse a circunstancias particulares y combinaciones diversas de apoyos locales, institucionales e internacionales, pero no a un soporte especial por parte de la SEP.

En tercer lugar, la investigación aplicada de tipo pedagógico, orientada a la introducción y evaluación de innovaciones en el aula, en especial en lo relativo a las metodologías didácticas de las diversas áreas del curriculum. Este tipo de investigación debería cultivarse, de manera natural, en las IES formadoras de maestros, escuelas normales y unidades de la UPN.