La investigación educativa en el sexenio (1/3)
Al comenzar el siglo XXI pocas personas ponen en duda la importancia
del conocimiento y de la ciencia para el desarrollo de las sociedades modernas.
En el campo de la educación también debiera expresarse esta
relevancia. Los sistemas educativos no pueden basarse en los buenos deseos
de las autoridades ni en la sola experiencia de los maestros (indispensable,
por cierto), sino que tienen que aprovechar los conocimientos más
avanzados y consistentes generados por la investigación educativa
(IE) para conducir su marcha. En este Comunicado analizamos qué
se ha planteado al respecto, cuál ha sido la relación con
los investigadores y qué retos se enfrentan.
Diálogo trunco
En materia de IE, los planteamientos del Programa de Desarrollo Educativo
1995-2000, aunque correctos, fueron tímidos y superficiales. En
un párrafo se destacó que se alentaría la IE -tanto
dentro como fuera del ámbito gubernamental- para fundamentar la
toma de decisiones y guiar las políticas públicas, y que
el gobierno federal intensificaría el diálogo constructivo
con los investigadores de la educación, apoyaría a los grupos
y proyectos regionales y procuraría el fortalecimiento de sus tareas
(p. 40).
En cuanto se publicó el Programa, al inicio de la presente administración,
el Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE) expresó
su satisfacción y apuntó que era necesario buscar un equilibrio
en la capacidad de investigación educativa (y de retroalimentación
de la toma de decisiones en materia de política educativa) entre
los diversos estados de la república, a fin de fortalecer el proceso
de federalización. El Consejo envió al Secretario de educación
detallados comentarios al Programa, con numerosos señalamientos
y propuestas, dando así una respuesta inmediata a la sugerencia
de la SEP de intensificar el diálogo constructivo con los investigadores
de la educación. Estos comentarios, sin embargo, no merecieron
respuesta por parte de las autoridades educativas, ni se convocó
al COMIE a reunión alguna para discutirlos.
Hubo otro momento en que se intentó establecer el diálogo:
en el tercer año del sexenio, la Subsecretaría de Planeación
y Coordinación invitó a veinte investigadores a discutir
los temas de financiamiento de la educación. La discusión
no fluyó (nunca se dio a conocer a los asistentes una relatoría
de lo discutido); se prometió a los participantes que esa Subsecretaría
organizaría un seminario amplio sobre dichos temas, lo que nunca
se llegó a realizar.