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El lapso necesario para pensar en un problema y buscarle soluciones creativas, instrumentarlas, capacitar a quienes las van a poner en práctica, aplicarlas y esperar a que dé resultados, no coincide con los tiempos administrativos ni políticos. Supone evaluaciones y correcciones de rumbo, acompañadas de búsqueda, reflexión e indagación para reiniciar el proceso. En el campo de la política educativa y de las reformas en este ámbito, no se puede pensar en tiempos sexenales; es necesario pensar en plazos mayores. Las metas a largo plazo imprimen una direccionalidad a las acciones y la acumulación de saberes y experiencias es fundamental para propiciar el profesionalismo de cuadros técnicos y maestros. La innovación educativa supone una serie de condiciones para ser exitosa: que responda a un problema bien identificado; que tome en cuenta las características específicas de sus destinatarios; que exista el personal capacitado para ponerla en práctica, así como los instrumentos y recursos adecuados; que sea evaluada periódicamente y reformulada de acuerdo a los resultados y conclusiones obtenidas; y que se le dé el tiempo necesario para que logre madurar. Los ciudadanos esperamos que las plataformas electorales tomen en cuenta estos aspectos. Otro de los aspectos que a los ciudadanos no interesa resaltar y nos preocupa es el de la viabilidad de las propuestas. Este es un aspecto básico para darle credibilidad a las promesas y certidumbre sobre la seriedad de quien las formula; es necesario que al presentar las propuestas se distinga claramente lo que realmente es posible realizar y lo que no. Sin duda las deficiencias señaladas se deben en su raíz a la ausencia de un pensamiento consistente y articulado sobre el sentido de la educación en el actual momento del desarrollo de la nación y sobre las funciones que debe cumplir en la construcción de un proyecto de país a largo plazo. Sin esa filosofía es imposible resolver los grandes dilemas que enfrenta nuestra economía, o definir las formas que debe adoptar nuestra convivencia y es también imposible formular políticas educativas que inspiren confianza y certeza sobre el rumbo del sistema educativo. ¿Son las plataformas ofertas electorales o propuestas de gobierno?Por todo lo anterior los ciudadanos nos preguntamos si las plataformas partidarias son sólo instrumentos para buscar el voto de los electores, o también propuestas de gobierno al menos en germen.Su superficialidad, la ausencia de diagnósticos, la desarticulación de sus propuestas, las incongruencias internas, y la falta de consideración de la viabilidad técnica, financiera y política de lo que proponen nos lleva a la conclusión de que los partidos aún no maduran suficientemente como alternativas de poder creíbles, ni están a la altura de lo que de ellos demandan los ciudadanos en una elección. Paradójicamente, sería la seriedad y profundidad de las plataformas lo que ganaría el voto -principalmente el voto reflexivo que se va generalizando en México-, no las propuestas llamativas que pudieran aconsejar los publicistas. Demandamos, por tanto, a cada partido una plataforma clara y bien argumentada, que pudiera distinguir la alternativa que ofrece respecto a la política educativa de México y responda así a las expectativas del electorado. ReferenciasComunicados OCE sobre Política y educaciónD.R. Observatorio Ciudadano de la Educación Redacción: Alberto Aziz Nassif, Alejandro Canales, María de Ibarrola, Pablo Latapí Sarre, Felipe Martínez Rizo, Javier Mendoza, Humberto Muñoz García, Carlos Muñoz Izquierdo, Roberto Rodríguez y Lorenza Villa Lever. Junio 2, 2000
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