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La educación de adultos en búsqueda de un nuevo modelo (1/2)

Renovación de fin de sexenio
Importantes aciertos del modelo
La calidad de los asesores, su punto neurálgico
Riesgos de mercantilización y eficientismo, al introducir el pago por resultados

Casi por agotarse el presente sexenio y en pleno clima de las campañas electorales, el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) ha dado a conocer un nuevo modelo que denomina Educación para la Vida, el cual pretende resolver los principales problemas, ciertamente añejos y algunos quizás crónicos, que han impedido hasta la fecha articular una opción educativa efectiva para la población adulta que no tuvo la oportunidad de acceder o culminar su educación básica.

Observatorio dedica este comunicado a revisar los rasgos generales del nuevo programa, a destacar algunos aciertos, y a señalar aquellos elementos que aparecen como sus principales límites y debilidades.

El INEA y la Educación de Adultos

México tiene una larga tradición en la atención educativa de los adultos que no tuvieron la oportunidad o la posibilidad de completar su educación básica antes de haber cumplido los quince años de edad. Los esfuerzos educativos postrevolucionarios incluyeron de manera muy importante vigorosas campañas de alfabetización e importantes proyectos educativos destinados a la atención de la población adulta. La educación de adultos se legisla en 1975, y se institucionaliza en 1981, con la creación del INEA.

La actividad central del INEA ha sido la de ofrecer y administrar la educación remedial, es decir, la alfabetización, la educación primaria y la educación secundaria para adultos aquella que los ahora adultos debieran haber recibido cuando fueron niños y jóvenes --. Esta actividad se ha visto limitada por diversas problemáticas, entre las cuales destacan:

a) La falta de relevancia de la oferta educativa. Los contenidos ofrecidos no responden a los intereses de los adultos, de los cuales pocos se inscriben y, entre quienes se inscriben, muchos desertan antes de terminar el nivel al que se inscribieron. Hasta ahora, la oferta de educación básica había sido uniforme, mientras que las características de los jóvenes y adultos destinatarios difieren enormemente.

b) La falta de calidad del servicio ofrecido. De hecho, el INEA ha funcionado con agentes educativos voluntarios insuficientemente formados en el campo de la educación de los adultos. También opera en espacios prestados que no siempre tienen las características necesarias para realizar una actividad de esta naturaleza. La educación para los adultos ha carecido de la prioridad presupuestal correspondiente a la prioridad discursiva que los programas educativos nacionales parecen otorgarle.

c) La imposibilidad de abatir el crecimiento del rezago educativo. Como consecuencia de los dos fenómenos anteriores, la cantidad de personas que anualmente llega a los 15 años edad en la que legalmente le corresponde al INEA atender a la población no escolarizada sin haber concluido la educación básica crece con mucha mayor rapidez que la población que año con año certifica el INEA. La educación para los adultos no ha sido capaz de ganarle la batalla a las consecuencias de la falta de cobertura y de eficiencia de la educación básica escolarizada para niños y jóvenes menores de 15 años.

El INEA emprende ahora un importante esfuerzo (que implicó un tiempo desproporcionado de preparación) por enfrentar estos problemas, mediante el modelo denominado Educación para la Vida de educación básica, que está siendo puesto a prueba desde enero pasado en el estado de Aguascalientes. En síntesis, este modelo representa un cambio respecto de la manera tradicional de operar del INEA en aspectos centrales, entre los cuales cabe destacar tres de ellos:

a) Su flexibilidad y diversificación. Se trata de una oferta educativa modular, diversificada, que permite que los jóvenes y adultos accedan al conocimiento que responde a sus intereses, y a través de él desarrollen las habilidades básicas que son propias de este nivel educativo. El programa de educación básica (ya no se divide en primaria y secundaria) consiste en un conjunto de módulos básicos de lengua y comunicación, matemáticas y ciencias, y en una serie adicional de módulos optativos, que pueden ir creciendo, relacionados con los temas de familia, jóvenes, campo, trabajo y cultura ciudadana. Se ofrecen además módulos propedéuticos para la educación media superior, para aquellos que deseen continuar sus estudios.