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La educación superior ante un nuevo siglo (1/3)

México con grandes rezagos y disparidades
8 millones de excluidos
Necesario superar las perspectivas de corto plazo
Ausencia de políticas de Estado para este nivel

El debate sobre la universidad mexicana se ha centrado, a lo largo de este año, en el conflicto que vive la UNAM. Por la naturaleza de este conflicto, la discusión ha girado fundamentalmente en torno a los temas del pliego petitorio de los estudiantes en huelga; no obstante, la agenda de problemas que conciernen a la educación superior en México no se agota en ellos. Más allá del análisis de coyuntura, el conflicto debe servir para reflexionar con seriedad sobre las deficiencias y limitaciones del modelo educativo que prevalece en las instituciones de educación superior del país, tema que en esta ocasión aborda Observatorio Ciudadano con motivo de la reciente aprobación del documento de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) La Educación Superior hacia el Siglo XXI.

Del estudio de la ANUIES y otros realizados a nivel mundial, latinoamericano y nacional, pueden extraerse tres puntos, que sintetizan algunos de los principales retos planteados a las instituciones de educación superior (IES), a los gobiernos federal y estatales y a la sociedad, en una perspectiva de largo plazo: 1. El crecimiento, la equidad y la diversificación de la educación superior; 2. La calidad; 3. Las condiciones estructurales de operación de las IES.

Necesario crecer, diversificar y asegurar la igualdad de oportunidades

En México, el sistema de educación superior ha observado una tendencia de crecimiento a lo largo de los años noventa: pasó de 1.1 a 1.8 millones a lo largo del periodo. Paradójicamente, el total de excluidos es hoy en día mayor que hace 10 años: en 1990 había en el país 6.7 millones de jóvenes entre 20 y 24 años fuera de la enseñanza superior, en el presente la cifra puede estimarse cercana a los 8 millones de excluidos.

Por otra  parte, el crecimiento que se registra en la década es atribuible, en gran medida, a la expansión del subsistema privado y a la creación de nuevas unidades en el subsistema tecnológico público. En cambio, la matrícula en universidades públicas permaneció prácticamente inmóvil en el periodo al no haberse creado ninguna nueva unidad de este tipo.

Como dato positivo se tiene un aumento relativo de la cobertura:  en 1990 se atendía al 13 por ciento de los jóvenes demandantes de enseñanza superior y en 1999 se alcanzó el 17 por ciento.  Esta proporción continúa siendo insatisfactoria si se compara con la de otros países, aún con aquellos de desarrollo similar al nuestro (véase gráfica 1).

La situación es aún más grave dada la disparidad regional: los estados más pobres son, por lo general, los más rezagados en la atención en el nivel superior.  Además, y pese a la creación de IES que ofrecen estudios superiores cortos, la matrícula sigue concentrada en algunas carreras tradicionales.

Para compensar las grandes desigualdades que prevalecen en la distribución de oportunidades de enseñanza superior, México debe hacer un esfuerzo mayúsculo en dos sentidos: crecimiento, para que las IES atiendan una mayor proporción de jóvenes y se revierta la tendencia de exclusión en curso; y diversificación: la expansión futura no puede reproducir las pautas de crecimiento  del pasado.

 
 Gráfica 1. Tasas de cobertura de la Educación Superior en diferentes países (1998)