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b) La diversidad de modalidades (y dentro de cada una de ellas la de las instituciones) refuerza la selectividad del sistema educativo, pues define trayectos escolares y laborales que están en correspondencia con los orígenes sociales del alumno. Por esto la educación técnica lleva en nuestro país el estigma de ser de segunda clase y estar destinada a las clases más desfavorecidas; el bachillerato general sigue viéndose como la opción ideal. Suele decirse que la actual EMS, por su conformación estructural, segmenta a la población juvenil, definiendo sus destinos. Deserción y el futuro de los jóvenesA pesar de la expansión de la matrícula, subsiste el problema de la baja eficiencia terminal (que, dependiendo de la modalidad que se considere, oscila entre 40 por ciento en el bachillerato general hasta más de 50 por ciento en las modalidades tecnológicas y bivalentes). Los desertores se quedan con una formación trunca y no pueden aspirar sino a un salario precario. En la deserción influye sin duda el hecho de que los planes y programas de estudio, determinados centralmente, no corresponden a las oportunidades de trabajo de la región o el estado. La deserción temprana y la escasa vinculación con las empresas cierran el círculo de desprestigio de las opciones técnicas y propician el crecimiento de los bachilleratos propedéuticos.El gran reto para la política educativa es replantear una EMS que dé respuesta a la actual demanda masiva y heterogénea y satisfaga las complejas exigencias tanto del sistema productivo como de las instituciones académicas de nivel superior, no menos que las aspiraciones que tienen los jóvenes en los albores del siglo XXI. No es prioritaria en el gastoPuede discutirse si es razonable que el estudiante de EMS cueste menos de la mitad que el de educación superior (en promedio). Puede también discutirse en qué razones se fundamenta la preferencia de los últimos gobiernos por la opción técnica, contrapuesta a la general; el dilema no debe resolverse en términos de costos compartidos sino de necesidades del desarrollo del país, asumiendo que en todas las opciones que se ofrezcan la educación debe procurar ser de calidad.El problema no es burocrático, sino social y académicoAunque se sabe de esfuerzos por mejorar la coordinación de la EMS, el nivel ha sido rebasado por las transformaciones demográficas y sociales y otros factores como la diversificación de las culturas juveniles y la evolución vertiginosa del conocimiento. Ante estos fenómenos, la deficiencia principal de las políticas estatales se encuentra en la falta de una propuesta adecuada de formación de docentes.Si la EMS sólo es cursada actualmente por 46 por ciento de los jóvenes que podrían demandarla y si refuerza, en vez de amortiguar, la selectividad social, es obvio que se requieren políticas diferentes y una reconceptualización de las opciones existentes y de sus requisitos. Pero en el centro de esta problemática está el reto de la formación de su profesorado. Actualmente no hay requisitos académicos claros para su contratación, promoción y permanencia; más bien prevalecen categorías burocráticas y sindicales. Cada modalidad ofrece a sus profesores cursos de actualización que, en general, son muy breves y desarticulados; no ofrecen una respuesta adecuada a la rápida evolución de los conocimientos, a las exigencias de transformación de nuestra sociedad ni a las expectativas de los jóvenes. La formación inicial y la actualización de un nuevo profesorado se encontrará ciertamente con las resistencias de grupos de interés que se sienten afectados. Interrogantes
ReferenciasComunicados OCE sobre Sistema e institucionesDR. Observatorio Ciudadano de la Educación Redacción: Alejandro Canales, María De Ibarrola, Pablo Latapí Sarre, Felipe Martínez Rizo, Javier Mendoza, Carlos Muñoz Izquierdo, Elsie Rockwell, Roberto Rodríguez y Lorenza Villa Lever. Octubre 23 de 1999
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