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El examen único, en combinación con el sistema de distribución por calificaciones, permite en principio ajustas la oferta a la demanda educativa, ya que el total de plazas disponibles en el Distrito Federal y municipios conurbados alcanza para recoger el egreso de secundaria. Sin embargo, las preferencias tienden a concentrarse en el bachillerato de la UNAM, por la ventaja del pase reglamentario. En el actual sistema de asignaciones, la probabilidad de que un estudiante quede en la opción preferida depende de sus resultados en el examen; los aspirantes con calificación baja tienden a ser destinados a las escuelas con cupo disponible. En el más reciente Informe de Resultados publicado por el Ceneval se hace notar que el comportamiento del examen de ingreso a media superior (EXANI-I) ha sido muy estable, "con índices de confiabilidad interna siempre por arriba de .90" y con puntajes globales que se acercan a la media teórica (1,000 puntos) a medida que el universo de aplicación se ha vuelto más representativo. Los datos de validez predictiva del examen muestran una correlación de .45 entre los puntajes obtenidos por los sustentantes y el promedio de sus calificaciones en el primer año de estudios de bachillerato. El alto valor estadístico de la correlación puede interpretarse de varias maneras: es una virtud del examen en cuanto registra la potencialidad escolar de los aspirantes, pero también es expresivo de las limitaciones que tiene la escuela para modificar las capacidades académicas de su población inicial. El mismo Informe muestra que hay relaciones estadísticas directas entre las calificaciones y la escolaridad de los padres y el ingreso familiar, e inversas respecto al número de hermanos; y que las áreas con resultados más bajos son consistentemente las de matemáticas y física. Los alumnos de secundarias generales obtienen mejores resultados que los de técnicas; los de escuelas particulares mejores que los de públicas; los varones mejores que las mujeres. BalanceLos resultados mencionados permiten, por una parte, tener una opinión razonablemente positiva sobre el Examen Metropolitano en lo que toca a sus características técnicas, si bien el esfuerzo por mejorarlo debe ser permanente. Por otra parte, persisten críticas sustanciales sobre el examen que subrayan sus limitaciones en tanto prueba de tipo objetivo.Según recomiendan los organismos especializados, esta forma de evaluación debe complementarse con otros medios, según el propósito que se persiga: con el promedio del ciclo anterior si se trata de seleccionar a quienes ingresarán al siguiente, y con evaluaciones de tipo cualitativo si se busca una apreciación más completa del desempeño de cada alumno; en este último sentido el papel del profesor en la evaluación es irremplazable. Además las evaluaciones del Ceneval debieran ser utilizadas, tanto por las autoridades responsables de la política educativa como por las propias instituciones de donde proceden los estudiantes, para corregir las causas del bajo aprovechamiento. Por otra parte, si el debate se amplía a escenarios conceptuales donde intervienen definiciones filosóficas y políticas de equidad, justicia social o ideales educativos que implican dimensiones cualitativas, sería necesario procesar los resultados de los exámenes para detectar los efectos académicos y sociales que éstos están produciendo y contrastarlos con la situación que prevalecía antes de la aplicación del examen metropolitano, tarea de investigación aún no realizada. Interrogantes
ReferenciasComunicados OCE sobre EvaluaciónD.R. Observatorio Ciudadano de la Educación Redacción: Alejandro Canales, María De Ibarrola, Pablo Latapí Sarre, Felipe Martínez Rizo, Javier Mendoza, Carlos Muñoz Izquierdo, Elsie Rockwell, Roberto Rodríguez y Lorenza Villa Lever. Julio 9 de 1999
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