Acerca de OCE
Debates educativos
Artículos de opinión
Colaboraciones libres
Publicaciones
Sitios de interés


Share

La reforma del Sistema Nacional de Investigadores (2/2)

La reforma del Sistema anunciada el pasado abril atendió algunas de las sugerencias; ignoró otras. Los cambios más notables fueron: se aceptó que los investigadores participaran en actividades docentes y de innovación tecnológica; se amplió el número de las áreas de conocimiento y de sus comisiones dictaminadoras; y se instaló una comisión revisora que atenderá y resolverá las inconformidades.

La aceptación de que los investigadores puedan emplearse en actividades docentes y de innovación tecnológica, parece corresponder a una política más amplia que se intenta impulsar de manera estructural en el ámbito académico. En septiembre de 1998, el Colegio de Directores de la UNAM formuló una serie de normas para impulsar la participación de investigadores en la enseñanza. Asimismo, en la Ley para el Fomento a la Investigación Científica y Tecnológica recientemente aprobada por el legislativo se establecen preceptos en sentido similar.

En cuanto a la ampliación de las áreas de conocimiento, se agregaron tres áreas más a las cuatro existentes y se reorganizaron las disciplinas comprendidas en cada una; modificaciones de este tipo se han hecho en cuatro de las cinco reformas efectuadas. Se trata de un aspecto medular del SNI del que depende el tipo de criterios que se aplican; se espera evitar así distorsiones en el proceso evaluatorio y disminuir las insatisfacciones de los evaluados. El reciente ajuste parece positivo, aunque habrá que dar tiempo a las adecuaciones para evaluar los impactos reales.

La posibilidad que ahora se establece de apelar las decisiones de las comisiones dictaminadoras es un cambio sustancial, esperado por largo tiempo, que contribuirá sin duda a un funcionamiento más justo del SNI y a que sus dictámenes finales sean mejor aceptados.

Las limitaciones

En contrapartida, hay que señalar que las reformas no favorecen la ampliación de la base de los miembros, ni tienden a estimular el desarrollo de los investigadores más jóvenes; tampoco se aumentan los montos de los estímulos. El incremento de los requisitos de ingreso para los candidatos a investigador en la última modificación se solicita grado de doctor o producción equivalente- seguramente reforzará la disminución de esta categoría que viene acusándose desde 1992, lo que indicaría que se está desalentando la carrera de investigador. La categoría de candidato sigue siendo problemática, ya que sólo una muy pequeña proporción de quienes se inscriben en ella llegan a constituirse como investigadores y permanecen en el sistema; la mayoría simplemente aprovecha el estímulo económico mientras cursa su doctorado. En cuanto al monto real de los estímulos, no parece probable que puedan incrementarse en el corto plazo; el SNI consume ya cerca del 20% del presupuesto total del CONACYT.

En conclusión, las recientes reformas al reglamento del SNI afianzarán el carácter restringido del mismo y la tendencia a que sus beneficios económicos se concentren en un sector reducido de la comunidad científica; no estimularán el desarrollo de amplios grupos de trabajo en las instituciones ni de redes interinstitucionales; en suma, será escasa su contribución a la renovación y consolidación de la planta de investigadores científicos del país.

Hubiera sido de desear que las reformas traslucieran una concepción más amplia y ambiciosa de las políticas gubernamentales respecto a la investigación científica. El SNI no es sólo un organismo que evalúa y certifica a investigadores individuales, sino una pieza central de la política científica y tecnológica nacional. Proyecta su influencia sobre la calidad de los programas de posgrado y de las instituciones, la calidad de los proyectos aprobados y financiados, el nivel de las revistas científicas, las prioridades en la asignación de becas, las relaciones académicas con otros países y el concepto mismo de lo que enitenden las universidades por excelencia académica. Inclusive el SNI influye en la manera como se percibe y se enseña la ciencia en el conjunto del sistema educativo, en el surgimiento de vocaciones de jóvenes a la investigación y en la cultura científica de toda la población.

Interrogantes

  • ¿No hubiese sido conveniente que el CONACYT, al dar a conocer las recientes reformas, publicara un análisis de las sugerencias recibidas de la comunidad científica y una evaluación de las mismas que justificara por qué unas se tomaron en cuenta y otras se rechazaron?
  • ¿Han hecho las autoridades algún análisis de la relación entre la ampliación de los programas de posgrado, junto con las políticas de becas, y la evolución del SNI en los últimos años? Si se considera, por ejemplo, que los egresados de doctorados más que se duplicaron entre 1990 y 1996 (de 201 a 504) ¿no sería esperable que estos incrementos se reflejaran en el fortalecimiento del SNI y de la comunidad científica nacional?
  • La información anual que publica el CONACYT (principalmente los Indicadores de Actividades Científicas y Tecnológicas) es muy rica cuantitativamente; ¿no sería posible completarla con análisis cualitativos que, en el caso del SNI, pusieran al descubierto las articulaciones de éste con las demás políticas de ciencia y tecnología?

Referencias

Comunicados OCE sobre Evaluación

D.R. Observatorio Ciudadano de la Educación

Redacción: Alejandro Canales, María De Ibarrola, Pablo Latapí Sarre, Felipe Martínez Rizo, Javier Mendoza, Carlos Muñoz Izquierdo, Elsie Rockwell, Roberto Rodríguez y Lorenza Villa Lever.

Junio 25 de 1999