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La evaluación educativa a debate (1/3)

Carácter secreto de los resultados desde hace más de dos décadas
Preocupan las comparaciones con otros países
Falta establecer un auténtico sistema de evaluación
Importante, vincular los procesos de evaluación con la toma de decisiones

Estabilizada la matrícula de primaria, y en vías de hacerlo la de secundaria, tras décadas de crecimiento demográfico explosivo, el sistema educativo nacional enfrenta ahora el reto de la calidad, cuya importancia se ve acentuada por las tendencias mundiales en dirección de la sociedad del conocimiento y la globalización económica. En este escenario, es obvia la necesidad de contar con escuelas de buena calidad y, para ello, de establecer sistemas de evaluación de esa calidad y de los aprendizajes que logren los alumnos.

Las vicisitudes de la evaluación

La evaluación ha sido descuidada en nuestro sistema. La responsabilidad de apreciar el aprendizaje de los alumnos es asignada normativamente a cada maestro, lo que es lógico, pero requiere el complemento de mecanismos de homologación que no se dan ni siquiera en una misma escuela; menos aún se dan mecanismos de evaluación del sistema. La influencia de criterios gremiales o prácticos y la presión de cohortes crecientes de demandantes explican que un indicador como la tasa de reprobación presente cifras sin relación alguna con el aprendizaje real ni con las circunstancias regionales y sociales. Al prescribirse, por ejemplo, como se ha hecho, que la proporción de alumnos reprobados no exceda cierto porcentaje, ese indicador ya no guarda relación con los niveles reales de aprendizaje.

Los esfuerzos que en los últimos 20 años se han hecho para superar esta debilidad del sistema educativo, hoy se perciben como tímidos, inconstantes e incompletos sin que el carácter de información confidencial que tienen las evaluaciones logre modificar tal percepción. Consta que México fue el primer país de la región en emprender un programa de evaluación, aplicando pruebas a muestras de alumnos de primaria desde 1976 (L. Wolff, Las Evaluaciones Educacionales en América Latina: Avance Actual y Futuros Desafíos. PREAL, Doct. No. 11. Washington-Santiago, julio de 1998). Este tipo de pruebas se ha seguido aplicando anualmente a muestras de alumnos de todas las entidades federativas, por lo que la SEP debe tener series de resultados de más de dos décadas, cuyo estudio y aprovechamiento podrían ser muy valiosos. Sin embargo, el carácter confidencial de esos trabajos hace que sus resultados sólo sean conocidos por un reducido círculo y no tengan impacto en las escuelas. Además de lo anterior, el secreto con que se manejan las evaluaciones impide que las características metodológicas de las pruebas sean analizadas por especialistas; dada la débil tradición de la investigación psicométrica en México y la forma en que suelen funcionar las dependencias gubernamentales, no parece infundado el temor de que estas evaluaciones carezcan a su vez de la calidad deseable.