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La educación básica en Puebla Racismo y discriminación Las recomendaciones educativas del Banco Mundial para México Derecho a la educación en México El último recorte Trabajo docente. Una perspectiva internacionalNo informa la SEP sobre la eficiencia y eficacia de estos programas Dos generacionesEn las últimas décadas, en nuestro país se han implementado dos generaciones de programas compensatorios; los que pertenecen a la primera generación son administrados por organismos pertenecientes al sector educativo, y pretenden mejorar la calidad de la educación mediante el ofrecimiento de determinados apoyos destinados a las escuelas y a sus respectivos maestros. En cambio, el que pertenece a la segunda generación, conocido como PROGRESA (Programa de Educación, Salud y Alimentación; a cargo de la SEDESOL), pretende mejorar los resultados de la escolaridad mediante la canalización de determinados apoyos destinados a los niños y a sus familias.Se han puesto en práctica varios programas pertenecientes a la primera generación, en el supuesto de que sus apoyos tendrán efecto en la eficacia de los procesos educativos que se desarrollan en las escuelas. El primero de esos programas se conoce como PARE (Programa para Abatir el Rezago Educativo). Su implantación se inició en el ciclo 1991-92, para apoyar la educación primaria que se imparte en los estados que concentran los mayores índices de rezago educativo como Chiapas, Guerrero, Hidalgo y Oaxaca. Es importante mencionar que el PARE es el único programa de este tipo que ha sido objeto de una evaluación externa, orientada a determinar si los apoyos que ofreció tuvieron algún efecto significativo en las escuelas. Así, fue posible observar que la contribución de ese programa al mejoramiento de los aprendizajes de los niños, después de un periodo de tres años, fue muy pequeña; y que las calificaciones obtenidas por los niños que asisten a las escuelas beneficiadas por el Programa fueron insuficientes para aprobar los cursos. Además, se observó que esa contribución sólo fue estadísticamente significativa en las escuelas urbanas localizadas a una menor distancia de las respectivas capitales estatales, así como en las escuelas rurales que también están cerca de esas ciudades. Sin embargo, es conveniente advertir que la evaluación también constató que el PARE no utilizó estrategias pedagógicas adecuadas, ni instrumentó las políticas de distribución de apoyos a las escuelas que establecía el modelo propuesto. Por tanto, los resultados observados a través de la evaluación no reflejan en realidad la capacidad que pudo tener ese programa para contribuir a elevar el rendimiento académico de los niños. |