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¿Fin de un ciclo de política educativa? (2/2)

1) El apoyo a la calidad de la educacion básica se considera,

correctamente, "de largo plazo"; sin embargo, no por ello, debe quedar sin definición de metas anuales. En el documento no se precisan las formas o los mecanismos que permitirían obtener logros a este respecto, pues las medidas que se enlistan se refieren sobre todo a aspectos materiales. Sin duda, esos apoyos mejorarán las condiciones en las que se realiza la educación, no obstante, no garantizan una mejoría cualitativa en la enseñanza.

2) En relación a la equidad, prevalece una gran vaguedad en el programa de 1999.  Las metas son ambiciosas pero imprecisas. Se habla de cinco millones de niños beneficiados por programas compensatorios, pero no se dice cuántos niños de comunidades dispersas y poblaciones migrantes se inscribirán en educación básica, ni cuántos lograrán completarla. El funcionamiento de los programas compensatorios al parecer seguirá siendo el mismo, a pesar de que las evaluaciones realizadas en el pasado han identificado graves problemas. (Este tema será objeto de un próximo comunicado de Observatorio).

3) Se anuncia que se reformará el curriculum para la formación de docentes en preescolar y secundaria. Sin embargo, no se dice qué semestres abarcará, ni si estas reformas contarán con nuevos materiales, bibliotecas especializadas y formación de los profesores. Esto es particularmente importante dado el retraso de dos años de esta reforma, que ha afectado la calidad de la educación que recibieron varias cohortes de alumnos en estos dos niveles.

4) Se menciona nuevamente la reforma curricular que el INEA realiza en los programas de educación de adultos, pero tampoco en este caso se explican las razones por las que estas reformas, anunciadas desde el inicio del sexenio, se han demorado tanto tiempo.

5) Se registran los avances cuantitativos de la educación indígena; sin embargo, no se fijan metas claras en la implementación de la reforma curricular ni en la producción de materiales bilingües para todos los ciclos, programas iniciados en este sexenio. Aparentemente, no hay previsión de formación del magisterio bilingüe, ni de la participación de los pueblos indígenas en la planeación de la educación que reciben. El evidente fracaso de la educación indígena, así como la urgencia de atender a este sector, aconsejaría una revisión fundamental del enfoque de la misma.

6) Nada se dice del crecimiento de la educación preescolar para los niños de cuatro años. El Programa de Desarrollo Educativo 1995-2000 propuso elevar la cobertura a niños de esta edad a un 65%, meta que no se ha logrado (la cobertura en este ciclo escolar es 58%)

7) Sigue el silencio sobre el Consejo Nacional de Participación Social, a cuya ausencia nos referimos en el primer comunicado de Observatorio.

Esta administración educativa se inició con un diagnóstico muy severo de la realidad educativa nacional (problemas de equidad, calidad, falta de pertinencia, obsolescencia de muchas estructuras, deficiente cobertura de los servicios en beneficio de los sectores más vulnerables, ineficiencia en la forma de operación de los sistemas educativos en sus diferentes niveles). Hoy se rinden cuentas respecto a muchas acciones emprendidas, y el programa presentado quiere convencernos de que los problemas se están enfrentando con éxito y de que ya falta poco, muy poco, por hacer.

Los ciudadanos interesados en la educación tenemos una apreciación diferente: sabemos que persisten graves problemas inveterados, además de otros que han ido surgiendo en los últimos años. Este cúmulo de situaciones nos preocupan porque, a diferencia de la actual administración, vemos más allá del fin de este sexenio.

Interrogantes

Si a las autoridades de la SEP les interesa conocer las reacciones que su programa para 1999 ha provocado en algunos ciudadanos y deciden contestar a ellas, les sugerimos considerar los siete temas que se señalan en el apartado previo de este comunicado y que al parecer requieren explicación. Además, agradeceríamos una respuesta a las siguientes interrogantes:
  • ¿No es posible formular metas anuales más precisas para abatir el rezago y corregir la desigualdad social en la oferta educativa?
  • ¿No será conveniente distinguir entre programas integrados al presupuesto estatal, de los programas financiados por particulares, por la solidaridad social, o bien por medio del financiamiento de agencias internacionales, sujeto a una renegociación anual?
  • ¿Por qué los programas anuales del sector presentan una estructura que no permite considerar los aspectos cualitativos de lo que se pretende realizar y solamente enfatizan los de orden cuantitativo?
  • ¿Cómo podremos ir avanzando hacia la definición de políticas de largo plazo en materia educativa con una amplia participación de la sociedad civil y los gobiernos?

Referencias

Comunicados OCE sobre Planes e informes oficiales

DR. Observatorio Ciudadano de la Educación.

Redacción: Alejandro Canales, María de Ibarrola, Pablo Latapí Sarre,  Javier Mendoza Rojas, Carlos Muñoz Izquierdo, Elsie Rockwell, Roberto Rodríguez, Lorenza Villa Lever.

Febrero 25 de 1999