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Las respuestas apuntan a que esto debe combinarse con acciones y estrategias que garanticen una verdadera educación universitaria de calidad. La equidad no puede concebirse separada de la calidad. No es suficiente edificar escuelas; es necesario construir proyectos educativos significativos, que partan de reconocer las necesidades diversas de un alumnado proveniente de ambientes socioculturales limitados, con antecedentes escolares deficientes y con aspiraciones de mejorar sus condiciones de vida. ¿Tendrá en cuenta estos requisitos el presidente Calderón cuando hace gala de las instituciones creadas y de las que vienen en camino? ¿Qué clase de opciones son las que piensa ofrecer a los jóvenes ávidos de un mejor futuro? Quienes diseñan las políticas educativas y fijan las metas, concretamente las de equidad, tendrían que partir del reconocimiento de las condiciones específicas que presentan estos jóvenes al ingresar al medio universitario, al cual suelen acceden sin las condiciones óptimas para garantizar una formación académica de calidad. Este conocimiento es indispensable para orientar el diseño de estrategias que faciliten una trayectoria exitosa. No cabe duda de que los problemas económicos constituyen serias trabas para la vida escolar y que éstos pueden aminorarse con una beca, pero allí no se agota la problemática. La cuestión es cómo asegurar que una vez que ingresan puedan ampliar sus capacidades. Se requiere atención integral al estudiante que tendría que prever una serie de estrategias y mecanismos de apoyo, entre los que destacan servicios de orientación, consejerías, apoyo académico remedial, seminarios, talleres y módulos optativos, comunidades de aprendizaje, innovaciones pedagógicas y didácticas. Un buen avance en este sentido lo constituye el programa de tutorías fuertemente impulsado en los últimos años; sin embargo, el otorgamiento de una atención integral no puede alcanzarse mediante una estrategia única y aislada. Esto amerita acciones articuladas que refuercen su integración académica y social y ello incluye a toda la institución. Implica desde los servicios escolares hasta los apoyo para lograr su aprendizaje y alcanzar un egreso exitoso. La atención integral a los estudiantes demanda también un cambio cultural radical en las comunidades académicas, donde se valore realmente a estos jóvenes y se favorezcan relaciones de igualdad basadas en el respeto. Las políticas y programas de equidad deben prever acciones para combatir las actitudes de racismo y discriminación o menosprecio hacia jóvenes provenientes de los sectores más empobrecidos y que son frecuentes en diferentes espacios e instituciones. Es indispensable fortalecer el concepto de equidad e instrumentar políticas integrales, ya que la distribución equitativa de la educación superior también exige nivelar el terreno en el que juegan multitudes de jóvenes con antecedentes diversos, compensando las desventajas acumuladas a lo largo de su trayectoria escolar. Es preciso centrar la mirada en los procesos que tienen lugar en las instituciones de educación superior; sólo así será posible garantizar una justa distribución de oportunidades para lograr resultados educativos relevantes. 1. Muñoz Izquierdo, C. (2009), ¿Cómo puede la educación contribuir a la movilidad social? Resultados de cuatro décadas de investigación sobre la calidad y los efectos socioeconómicos de la educación. México, Universidad Iberoamericana. 2 Gil, Mendoza, Rodríguez y Pérez (2009), Cobertura de la Educación Superior en México. Tendencias , retos y perspectivas, México, ANUIES. 3 Muñoz Izquierdo, C. (1992), Relaciones entre la educación superior y el sistema productivo, en Arredondo, M. (coord.) La educación superior y su relación con el sector productivo, México: ANUIES / Secofi. 4. Silva, M. (2006a) La calidad educativa de las Universidades Tecnológicas: su relevancia, su proceso de formación y sus resultados, México, ANUIES. |