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La equidad en educación superior: acceso y algo más (1/3)

Colaboraron: Manuel Ulloa, Carlos Muñoz Izquierdo, Meri Hamui, Yoalli Navarro y Pedro Flores Crespo.

Las políticas de equidad se han convertido en una constante en los programas sectoriales de educación superior. Pero ¿qué entienden por equidad los responsables del sector? Si juzgamos por las acciones emprendidas, podemos afirmar que la equiparan con la ampliación del acceso a la educación superior poniendo un cierto énfasis en el incremento de las oportunidades para los jóvenes de sectores socialmente desfavorecidos. Por tal razón, las acciones en la materia se han concentrado en la creación de nuevas instituciones y el otorgamiento de becas. Los dos últimos sexenios dan cuenta de ello.

Durante el sexenio 2001-06 se crearon 85 nuevas instituciones en su mayoría tecnológicas dirigidas a atender regiones y sectores poblacionales tradicionalmente excluidos de la educación superior. En 2001 se creó el Programa Nacional de Becas para la Educación Superior (Pronabes), con el objetivo de contribuir a lograr la equidad educativa favoreciendo el acceso a la educación superior de alumnos en condiciones económicas precarias. De las 300 mil becas proyectadas se otorgaron alrededor de 200 mil.

En la política educativa vigente no se aprecia un cambio sobre la materia. El Programa Sectorial de Educación 2007-12 retoma el objetivo de incrementar la cobertura hasta llegar a una tasa de atención de 30% de la población entre 19 y 23 años. El pasado 8 de marzo el presidente Calderón informó que durante sus tres años de gobierno se habían creado 75 nuevas instituciones y para el presente proyectaba abrir otras veinte fundamentalmente de carácter tecnológico. En lo relativo a las becas, la meta es beneficiar a 400 mil jóvenes y para el último ciclo escolar ya sumaban 300 mil. No estaría de más indagar si este cálculo, y el avance alcanzado, contemplan realmente a todos los jóvenes que necesitan tal apoyo.

¿Será suficiente esta visión de la equidad? Diversas aproximaciones a este concepto indican que no. Para lograr la equidad en educación es necesario garantizar el acceso y permanencia en el sistema escolar, y asegurar, además, una equitativa distribución de los beneficios derivados de la escolaridad obtenida (Muñoz, 2009). Esto tiene al menos dos implicaciones. Una es que tales oportunidades abarquen tanto el acceso a opciones educativas que respondan a las condiciones y aspiraciones de los diferentes sectores de la sociedad como el desarrollo de procesos que garanticen resultados educativos relevantes. La otra remite a que los criterios de distribución de este bien público no estén condicionados por las características socioeconómicas y culturales de los jóvenes. En pocas palabras, la equidad educativa implica que los jóvenes provenientes de los sectores más pobres tengan acceso a una educación de calidad y desarrollen procesos de aprendizaje significativos que les permitan beneficiarse de la misma para mejorar sus condiciones de vida.

¿Cuánto hemos logrado en la materia?

Si realizamos un balance rápido de los logros en la equidad en educación superior, después de largos años de crecimiento de este nivel, encontramos varios saldos insatisfactorios.