Los 100 años de la UNAM (4/4)
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Después de 100 años, la UNAM aparece en el espectro del sistema universitario del país como un modelo. Ha logrado proyectar un fuerte sentido de identidad institucional que promueve pautas de acción valorativas, profesionales, científicas y culturales en quienes participan de su dinámica interna cotidianamente, y en la sociedad que mantiene vínculos con ella. Pero todavía tiene que enfrentar debilidades de índole interna y externa, entre las que destacan el estancamiento de su oferta estudiantil; los desequilibrios en las condiciones de trabajo de los profesores según su tipo de contrato y adscripción institucional; la imposibilidad de contratar a jóvenes académicos, lo que se liga al riesgo de no poder continuar la reproducción de líneas consolidadas de investigación; los obstáculos que pueden constituir las prácticas sindicales; la falta de nuevos vínculos con los diferentes sectores de la sociedad; o la puesta en duda de la calificación profesional de sus egresados en el terreno laboral.
La UNAM es una universidad de masas, y lo debe seguir siendo para favorecer la atención a la enorme demanda de estudiantes que desean formarse en sus aulas, y para cumplir con un proyecto de educación pública con el que se comprometió desde su refundación. Pero también es una universidad de investigación y especializada, por las tareas que realizan sus docentes e investigadores desde sus centros y facultades Su dinámica institucional, sus reconocimientos a nivel nacional, regional e internacional, refuerzan ambas lecturas. Sin embargo, los recortes en su asignación presupuestal pueden poner en riesgo este proyecto. Cumplir con ello, es un acto de corresponsabilidad básica para con una institución cuyos fines no son otros que los fines educativos del Estado.