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Educación de jóvenes y adultos (1/3)

La educación es un derecho, debe ser de calidad y recibirse a lo largo de toda la vida, y no solamente cuando se es niño o joven en edad escolar1. En México, como en una buena parte de los países en desarrollo, el derecho al acceso a la educación se cumple prácticamente con la totalidad de niños entre los 6 y los 12 años, es decir, en edad de cursar enseñanza primaria. Sin embargo, esto no es así con los niños de 3 a 5 años, ni con los jóvenes de 13 a 15, ni mucho menos con la población mayor de 15 años, y no es posible asegurar que quienes sí tienen acceso reciban, en la mayoría de los casos, una educación de calidad.

La población mexicana sin educación básica, de 15 años o más, es de 33.4 millones de personas: 5.9 millones son analfabetas, 10.1 millones tienen primaria incompleta y 17.4 millones no completaron la secundaria. Para este sector de la población, su derecho al acceso a la educación no se ha cumplido. Los esfuerzos para su atención se siguen centrando en cubrir el mal llamado rezago educativo, y el principal organismo responsable de hacerlo el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA). La población nacional no se entera de las implicaciones de este derecho incumplido, y consecuentemente tampoco se preocupa por ello, a pesar de que, por sus dimensiones, la realidad no puede calificarse más que de seria, grave, incluso escandalosa.

Cuadro 1: Población "en rezago", atención educativa y eficiencia terminal en 2008.

Fuente: Datos proporcionados por el INEA, 2009.

  Población "en rezago"

Núms absolutos

Población promedio mensual atendida Conclusión (certificaciones)
Analfabetas5.9 millones331 476106 000
Sin primaria10.1 millones302 439187 000
Sin secundaria17.4 millones714 928374 000
Cuadro 2: Evolución de la población en rezago, en porcentaje.

Fuente: Datos proporcionados por el INEA, 2009.

  1990 2000 2008
Analfabetas12.49.27.8
Sin primaria23.517.913.3
Sin secundaria24.023.722.9

La atención educativa

En general, la población juvenil y adulta está convencida porque así conviene que lo esté de que su tiempo para educarse ya pasó, de que ya perdió la oportunidad de llevarlo a cabo. Es una población que debe procurarse un ingreso para vivir y muchas veces para sostener a una familia, y dispone de poco tiempo libre. Por otra parte, en muchos casos, sobre todo tratándose de población mayor y rural, no hay muchas referencias que la convenzan de que educarse les serviría.

Este panorama se completa, para el caso de todos los estados del país, con una oferta de educación básica para adultos pasiva: para quien la quiera y para quien la pida; que además se promueve poco. No es posible, con el esquema de operación y con el presupuesto con el que cuenta, que el INEA asuma el reto de atender un derecho fundamental.

En los últimos ocho años, los índices de conclusión han disminuido para el caso de la alfabetización (151 mil en el 2000 contra 106 mil en 2008), han permanecido constantes para el caso de la primaria, y han crecido más en el caso de la secundaria (305 mil en el 2000 contra 374 mil en 2008) (Cuadro 1), nivel en el que la demanda social, sobre todo juvenil, por lograr un certificado, es mayor y está creciendo. De hecho, por primera vez, a partir del año 2005, el rezago educativo dejó de crecer porque dejó de hacerlo la población que se incorporaba a la cohorte de 15 años y más sin educación básica (Cuadro 2). Lo que se debe, fundamentalmente, al crecimiento del egreso de primaria y secundaria en el sistema educativo formal, y sólo muy marginalmente, a juzgar por los datos presentados, al trabajo con población adulta del INEA. No obstante, el rezago educativo fresco, que corresponde a la población que llega a los 15 años de edad sin haberse inscrito o habiendo abandonado la educación básica, que se genera año con año, no guarda proporción con el que es incorporado a programas de educación de personas jóvenes y adultas. Sin duda, una causa fundamental del rezago educativo es la aún alta deserción de la educación primaria, y sobre todo de la secundaria.

Debido a la poca presencia del INEA, algunas entidades (notablemente Michoacán, Oaxaca y Chiapas) han implantado la propuesta alfabetizadora cubana de una duración de tres meses Yo Sí Puedo. Este programa, con dudosos fundamentos educativos, no logra una alfabetización sólida y el riesgo de que los neo alfabetizados caigan en lo que se conoce como analfabetismo funcional es muy alto. Estarían disminuyendo los índices de analfabetismo en estas entidades federativas, pero no el analfabetismo real. ¿Por qué se tiene que recurrir a Cuba para cumplir propósitos educativos que claramente le corresponden al gobierno de México?

La desigualdad histórica

Si se toma en cuenta el sexo, las mujeres mayores de 25 años reportan índices superiores de analfabetismo que los hombres. Esto ya no es así con la población de 15 a 24 años, cuyos índices (de 2.4%) ya se igualaron. El INEA tiene una acción afirmativa que privilegia a las mujeres: el 65.9% de su alumnado en toda la educación básica, y el 74.3% en alfabetización, son mujeres. Lo que aunado a la presencia de mujeres en número igual al de hombres en el sistema escolarizado, explica el notable avance que México ha tenido, en los últimos años, en equidad de género en materia educativa, lo que probablemente ya no tenga marcha atrás.

La población indígena, definida por la condición de hablar una lengua indígena, tiene un índice de analfabetismo (31.6%) casi cinco veces mayor al de la población no indígena (6.7%), lo que refleja con elocuencia la enorme desigualdad histórica en materia del cumplimiento al derecho a la educación de la que ha sido víctima. Si bien la brecha se va cerrando con la población más joven, todavía es considerable. Entre la población de 15 a 19 años, el índice de analfabetismo es de 1.5% entre la población no indígena, y de 8.1% para el caso de la población indígena joven (prácticamente igual al índice nacional de 8.4%). Aquí México aún arrastra una grave inequidad. Esta desigualdad se hace más aguda en el caso de la población sin primaria y sin secundaria.

Las diferencias son también fuertes entre las entidades federativas del país. Chiapas y Guerrero tienen índices de analfabetismo superiores al 16%, mientras que en el Distrito Federal y Nuevo León este índice es de apenas 2.4%. Entre los estados pobres y los más desarrollados, la brecha es equivalente a más de 25 años. En el caso de la población sin primaria, la brecha, aunque menor, también es considerable. No se observa, en la acción del INEA, un intento histórico por compensar estas diferencias con una mayor actividad y recursos destinados a los estados cuya situación es más crítica. Por el contrario, parece ser que la inercia de la desigualdad regional sigue definiendo la distribución de los recursos entre estados y regiones.

Los problemas estructurales

La atención a la población adulta tiene, al menos, tres problemas estructurales. El primero, causa de los otros dos, es un problema de recursos escasos. Se destina, sorprendentemente, el 0.83% del presupuesto educativo a la atención del rezago educativo, cuando una tercera parte de la población nacional se encuentra en esta situación. Más grave aún, este presupuesto no solamente no ha venido aumentando en términos porcentuales respecto al presupuesto educativo, sino que ha disminuido, a precios constantes, incluso en pesos absolutos (Cuadro 3).

Cuadro 3. Financiamiento de la educación de jóvenes y adultos.

Fuente: Información proporcionada por el INEA, 2008.

Año Monto en miles de pesos constantes (2003) Crecimiento (%) % IB % presupuesto educativo
20033 0340 .041.10
20042 745-3.040.99
20052 658-10.030.89
20062 6861.030.86
20072 6830.030.82
20082 657-1.00.83


1. Agradecemos al INEA la información utilizada en este artículo.