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Balance de dos añosDurante la gestión de Josefina Vázquez Mota no se tuvo una visión razonablemente integrada y coherente del sistema educativo mexicano. En su momento, cuando apenas cumplía sus primeros diez meses en el cargo, el Observatorio Ciudadano de la Educación destacó que la agenda de la titular de la SEP estaba cubierta sobre todo por actos de índole político-administrativa, que la secretaría estaba siendo objeto de disputa política, que no se contaba con un equipo de trabajo consolidado, además de que no había un proyecto consensuado en el interior de la dependencia1. En este periodo, la titular mostró también interés particular en llevar a cabo la aplicación de la prueba ENLACE (Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares), pese a que no se tomaron en consideración los limitados resultados obtenidos anteriormente. La titular concentró, además, su apoyo en los programas de escuela segura y de tiempo completo, de mejoramiento de la infraestructura escolar y de atención al rezago, programas a los que el nuevo responsable de la educación del país se comprometió a dar continuidad; pero, particularmente, empezó a dar prioridad a la atención de la educación media superior, pues se anunció la creación de una red nacional del nivel, su replanteamiento curricular, el otorgamiento de un título único y la movilidad de estudiantes entre subsistemas e instituciones, así como la aplicación de la prueba ENLACE. En 2007 se recibieron las propuestas de la sociedad civil para definir el programa del sector. Éste se dio a conocer a finales de noviembre con un formato bastante esquemático y general, orientado a los resultados y carente de una visión diagnóstica y conceptual que permitiera contextualizar las propuestas hechas2. Se evidenciaba que las nuevas autoridades no habían puesto atención realmente a la riqueza de recomendaciones hechas por diferentes grupos interesados en la educación, tales como el Consejo de Especialistas, el Observatorio y la ANUIES, entre otros; y se dejaba en claro una visión que resultaba sumamente limitada, además de poco viable y funcional. En lo que concierne a la educación media superior y superior, las definiciones de cambio se desprendieron de proyectos, acciones y negociaciones conducidas por los subsecretarios respectivos, quienes al ser ratificados en su cargo, además del titular de la Unidad de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas (UPEPE), anticiparon una ruta de continuidad que no necesariamente constituye un signo positivo para el desarrollo educativo. Un balance preliminar de la gestión en el nivel de educación media superior muestra que se han llevado a cabo algunos cambios razonables, como la designación de directores por concurso, la formación y actualización de profesores, la búsqueda de integración de sistemas de información, y la intención de dar coherencia a los planes y programas de estudio. Pero también se encuentra la omisión de las humanidades de los campos disciplinares que establece el acuerdo SEP 444 para la Reforma Integral de la Educación Media Superior, que comienza en agosto próximo, frente a lo cual es muy probable que se tome la alternativa de agrupar a las humanidades en el campo de las ciencias sociales. Lo importante es que se dé reconocimiento a las humanidades y a todas las disciplinas que las integran como un campo curricular autónomo y que este asunto sea resuelto a la brevedad, dada la gravedad de sus implicaciones para la renovación de planes y programas del bachillerato nacional en todas sus modalidades.
1. OCE, La reforma educativa en el laberinto, Este País,
núm. 200, noviembre de 2007. |