Acerca de OCE
Debates educativos
Artículos de opinión
Colaboraciones libres
Publicaciones
Sitios de interés


 Comentarios sobre este artículo

Share

¿Cambios en la Secretaría de Educación Pública? (2/4)

Balance de dos años

Durante la gestión de Josefina Vázquez Mota no se tuvo una visión razonablemente integrada y coherente del sistema educativo mexicano. En su momento, cuando apenas cumplía sus primeros diez meses en el cargo, el Observatorio Ciudadano de la Educación destacó que la agenda de la titular de la SEP estaba cubierta sobre todo por actos de índole político-administrativa, que la secretaría estaba siendo objeto de disputa política, que no se contaba con un equipo de trabajo consolidado, además de que no había un proyecto consensuado en el interior de la dependencia1. En este periodo, la titular mostró también interés particular en llevar a cabo la aplicación de la prueba ENLACE (Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares), pese a que no se tomaron en consideración los limitados resultados obtenidos anteriormente. La titular concentró, además, su apoyo en los programas de escuela segura y de tiempo completo, de mejoramiento de la infraestructura escolar y de atención al rezago, programas a los que el nuevo responsable de la educación del país se comprometió a dar continuidad; pero, particularmente, empezó a dar prioridad a la atención de la educación media superior, pues se anunció la creación de una red nacional del nivel, su replanteamiento curricular, el otorgamiento de un título único y la movilidad de estudiantes entre subsistemas e instituciones, así como la aplicación de la prueba ENLACE.

En 2007 se recibieron las propuestas de la sociedad civil para definir el programa del sector. Éste se dio a conocer a finales de noviembre con un formato bastante esquemático y general, orientado a los resultados y carente de una visión diagnóstica y conceptual que permitiera contextualizar las propuestas hechas2. Se evidenciaba que las nuevas autoridades no habían puesto atención realmente a la riqueza de recomendaciones hechas por diferentes grupos interesados en la educación, tales como el Consejo de Especialistas, el Observatorio y la ANUIES, entre otros; y se dejaba en claro una visión que resultaba sumamente limitada, además de poco viable y funcional.

Pero el problema central fue la firma, en mayo de 2008, de la ACE, que no fue resultado de una propuesta de diálogo con otros actores sino producto de un acuerdo cupular, que incluso posicionó a la Alianza por encima del PSE3. Este último, aún con sus limitaciones, es formalmente el instrumento que permite definir las políticas, estrategias, líneas de acción y metas que el gobierno propone llevar adelante en este sector. Pero la SEP optó por articular la política de educación básica mediante un acuerdo de naturaleza política y sindical, y parece inminente que ése será el tablero en el cual se atenderá dicho nivel educativo durante todo el sexenio calderonista. Resultaría lamentable que con la renovación del titular de la SEP no se propusiera ningún cambio; un mínimo cuestionamiento al contenido de la Alianza y a la manera como está siendo experimentada por muchos maestros del país. Es importante distinguir en la Alianza los rubros que indican una prioridad en las responsabilidades educativas que, según la ley, deben redistribuirse entre los distintos órdenes de gobierno, como pueden ser la infraestructura escolar o la evaluación, de aquellos eminentemente laborales y en los que tiene efectivamente participación e interés el SNTE, como pueden ser los aspectos laborales de las decisiones sobre el ingreso, la promoción y la evaluación de los maestros (por ejemplo la delimitación laboral y los ingresos de las categorías laborales); y distinguir finalmente aquellos en los que el SNTE no tiene facultades para intervenir, como puede ser el contenido de los concursos de oposición o el contenido curricular.

En lo que concierne a la educación media superior y superior, las definiciones de cambio se desprendieron de proyectos, acciones y negociaciones conducidas por los subsecretarios respectivos, quienes al ser ratificados en su cargo, además del titular de la Unidad de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas (UPEPE), anticiparon una ruta de continuidad que no necesariamente constituye un signo positivo para el desarrollo educativo.

Un balance preliminar de la gestión en el nivel de educación media superior muestra que se han llevado a cabo algunos cambios razonables, como la designación de directores por concurso, la formación y actualización de profesores, la búsqueda de integración de sistemas de información, y la intención de dar coherencia a los planes y programas de estudio. Pero también se encuentra la omisión de las humanidades de los campos disciplinares que establece el acuerdo SEP 444 para la Reforma Integral de la Educación Media Superior, que comienza en agosto próximo, frente a lo cual es muy probable que se tome la alternativa de agrupar a las humanidades en el campo de las ciencias sociales. Lo importante es que se dé reconocimiento a las humanidades y a todas las disciplinas que las integran como un campo curricular autónomo y que este asunto sea resuelto a la brevedad, dada la gravedad de sus implicaciones para la renovación de planes y programas del bachillerato nacional en todas sus modalidades.


1. OCE, La reforma educativa en el laberinto, Este País, núm. 200, noviembre de 2007.
2. OCE, El Programa Sectorial de Educación 2007-2012: continuidad sin novedades, Este País, núm. 203, febrero de 2008.
3. OCE, Alianza por la Calidad de la Educación: entre la crítica y la apariencia, Este País, núm. 217, abril de 2009.