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Autoridades y SNTE: relaciones y actitudes que perjudican las actividades educativas (1/4)

México, enero de 2003

Othoniel Ramírez Ramírez

[Othoram@aol.com]

A manera de introducción y advertencia, anticiparé la dificultad de que esta ponencia merezca la atención y aceptación de los organizadores de este Primer Encuentro Nacional de Padres de Familia y Maestros; toda vez que nuestra preocupación por el mejoramiento de las actividades educativas aquí expresada, va en contra de las prácticas viciadas y reales intereses de la cúpula del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Pero aún así, les otorgamos el beneficio de la duda y les presentamos la oportunidad de enfrentar su desafío más importante: ejercer la apertura manifestada; practicando la autocrítica y adquiriendo compromisos para enmendar errores. Vale también aclarar, que la presento en mi calidad de padre de familia, comunicador y trabajador de la educación.

Cada vez es más notoria la ausencia de un auténtico proyecto común en pro de las funciones docentes, entre el SNTE y autoridades educativas tanto federales como estatales. En estas relaciones sindicales-oficiales se ha hecho demasiado evidente el predominio del interés político muy por encima del educativo. Es por ello que me atrevo a señalar que estas relaciones tergiversadas, son el principal obstáculo que enfrenta nuestro sistema educativo para su desarrollo.

La añeja política educativa y los patrones que rigen su conducción, a pesar de los esfuerzos de la alternacia al frente del sistema político, continúan inmutables. Han llegado a tal extremo que necesitan ser relevados, replanteados y/o recuperar parte de sus orígenes, de una manera enérgica y corresponsable. Los efectos que producen al proceso educativo las relaciones institucionales, muy pocas veces son tratadas como tema central y como causa de la crisis que padece esta fundamental actividad.

Se hace necesario que ambos actores reconozcan su responsabilidad y compromiso con una sociedad, que se ha modernizado con mayor rapidez que el estado mexicano y ha adquirido una complejidad a la que ya no responden las actuales estructuras. Evidentemente nuestro sistema político no esta diseñado para gobernar, sino para conservarse en el poder. Por ello, los preceptos educativos tan constantemente aludidos en distintos foros, son preocupación secundaria de quienes ocupan cargos públicos.

En referencia a ello, Fernando de Azevedo, en su libro Sociología de la Educación cita: Como ha escrito Ortega y Gasset: No hay gran nación si la escuela no es buena, la escuela como institución normal de un país, depende mucho más del aire público en que fluctúa integralmente, que del aire pedagógico producido artificialmente dentro de sus muros. Sólo cuando hay equiparación de uno y otro aire, la escuela es buena.

Esa gran separación mencionada, entre lo que la autoridad educativa supone deseable y la contrastante realidad, queda de manifiesto en el fracaso permanente que han sufrido las cíclicas reformas, revoluciones, pactos, planes, alianzas, acuerdos, etcétera. Agregamos ahora el reciente Compromiso social por la calidad de la educación, que de no enfrentarse decididamente las reiteradas inercias, le espera el mismo triste destino.

Todo obedece a la falta de credibilidad del grupo en el poder, incluido aquí el nuevo gobierno federal, que en su afán de mantener el control y la estabilidad ha sido muy generoso con quienes usufructúan la representación del SNTE.