La educación del futuro y el futuro de la educación (en el
escenario de la educación superior) (4/5)
En la sociedad del conocimiento, la educación se concibe como
un proceso integral sin limitaciones temporales de edad, de nivel o de
establecimiento escolar. El acceso a la formación y a la creación
se desarrolla a lo largo de la vida, puesto que la sociedad de la información
ofrece nuevos horizontes a la educación.
Las instituciones de nivel superior no deberán concebirse más
en una perspectiva de educación terminal, ni restringir su misión
educativa al otorgamiento de títulos y grados. Ellas están
llamadas a desempeñar un papel estratégico para la actualización
de los conocimientos de los hombres y mujeres, sea con propósitos
de actualización profesional y técnica, o bien por el simple
deseo de acceso a nuevos saberes.
La educación superior deberá, así, incorporar
el paradigma de la educación permanente, que implica dotar a los
estudiantes de una disciplina intelectual bien cimentada para el autoaprendizaje
en las diversas situaciones en que se encuentre. La educación permanente
plantea a la educación superior una nueva exigencia de mayor magnitud
que la formación básica, pues para desempeñarse con
éxito en el tipo de sociedad en la cual se está desenvolviendo,
necesitará cambiar sus concepciones y paradigmas de trabajo en materia
de enseñanza y de aprendizaje. Al mismo tiempo, deberá buscar
nuevos socios y nuevas alianzas y trabajar de manera proactiva en un ambiente
reticulado y pluralista, lo cual requerirá de cambios estructurales
y funcionales profundos. (cfr. Silvio).
La educación superior enfrenta el desafío de fortalecer
sus objetivos fundamentales y de encontrar un equilibrio entre la tarea
que implica la inserción en la comunidad internacional y la atención
a las circunstancias propias; entre la búsqueda del conocimiento
por sí mismo y la atención a necesidades sociales; entre
fomentar capacidades genéricas o desarrollar conocimientos específicos;
entre responder a demandas del empleador o adelantarse y descubrir anticipadamente
el mundo futuro del trabajo que probablemente se sustentará más
en el autoempleo.
4. Perspectivas ocupacionales de los egresados
De acuerdo con las tendencias del empleo, para el año 2020, nueve
de cada diez egresados de las IES nacionales, tanto del sector público
como del privado, estarán ocupados como mano y cerebro de obra,
fundamentalmente en la micro, pequeña y mediana empresa, tanto
en el sector industrial como en el de servicios. En ambos casos, es muy
posible que los establecimientos de menor tamaño se integren en
cadenas de producción relacionadas con las grandes empresas.
En algunos escenarios económicos más factibles a futuro,
los mercados de trabajo tendrán un comportamiento distinto al actual.
No se requerirá formar profesionales o técnicos para puestos
fijos, sino para la continua cualificación profesional con vistas
a la movilidad en el trabajo, de tal suerte que es factible que las instituciones
educativas deberán formar técnicos y profesionales con una
fuerte orientación para el autoempleo y la creación de microempresas.
Es importante apreciar adicionalmente, que en los próximos años
las unidades de producción de bienes y servicios serán más
automatizadas y requerirán trabajadores calificados, lo que llevará
a un desplazamiento paulatino de la mano de obra no calificada. Para enfrentar
el problema del desempleo, la recalificación de la fuerza de trabajo
jugará un rol de primera importancia, en el cual las IES, junto
a otras instituciones de capacitación laboral, ocuparán un
lugar estratégico.