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Volumen III, número 37. México, febrero de 2003 Eligio Martínez Hernándeze-mail eligio_mtz@hotmail.comLa propuestas curriculares de la educación preescolar y las políticas educativas en materia de cultura escrita aspiran hoy que los niños y niñas que asisten al jardín de niños tengan una primera inmersión en la cultura escrita: haber escuchado leer en voz alta, haber visto escribir: haber tenido la oportunidad de producir marcas intencionales: haber participado en actos sociales donde leer y escribir tiene sentido: haber podido plantear preguntas y obtener algún tipo de respuesta (Ferreiro 2000). Todo para evitar que en este nivel educativo las prácticas de lectura y escritura sean experiencias poco gozosas y muchas de las veces frustrantes por ser poco relevantes, y sobre todo carentes de una intención comunicativa. Hoy podemos observar en muchos de jardines de niños a un educador que lee a los niños, que de vez en cuando se detiene en la lectura, plantea interrogantes que permite que los pequeños tomen parte del contenido (un cuento, nota periodística, un texto informativo, una carta, etc.). Así mismo cada vez más se observa que los niños tienen la oportunidad de contar sus historias, sus experiencias, de preguntar , de escuchar a quien habla,.....de expresarse aun con omisiones fonológicas (mi pelo se llama neguito) o con términos muy caseros (pata, pescuezo, panza..) y no es reprendido, sino más bien el adulto expande su lenguaje o es un buen modelo comunicativo. Las ideas antes expuestas pueden ayudar a responder la pregunta que muchos padres de familia y aun educadores de este nivel se preguntan hoy ¿Qué enseñar a los niños en este nivel?, sin embargo en la práctica se pueden encontrar una diversidad de creencias, tradiciones, exigencias institucionales, mitos y fantasías, concretadas en actividades que día a día los niños realizan. Un ejemplo concreto de estas prácticas son los llamados ejercicios de maduración que pretendidamente preparan a los niños para iniciar el aprendizaje formal de la lectura y la escritura, o en el mejor de los casos de que los niños escriban bien. ¿En que medida estas actividades son gratificantes y significativas para los niños? ¿Qué significa hoy saber escribir bien? ¿existen actividades de madurez más congruentes con los avances de las ciencias de la educación?. Son algunas preguntas que podemos plantearnos y paulatinamente encontrarles respuestas que contribuyan a formar un lector y escritor que el siglo XXI reclama. Avanzando en esta búsqueda hoy en día existe mucha información teórica y experiencias con niños y niñas preescolares que muestran la gran ayuda que brindan las actividades de desarrollo de la conciencia fonológica, como una postura reciente de madurez cognitiva que permitirá a los niños el desarrollo de estas habilidades, y así incursionar con mayor facilidad en el aprendizaje de la lectura. |