¿Cómo aprenden los maestros? (6/8)
c) Ambientes centrados en comunidades
Muchas experiencias internacionales y particularmente latinoamericanas
muestran que los maestros aprenden más cuando el ambiente está
determinado por una comunidad a la que el docente se adscribe libremente,
es decir por un grupo de colegas que se reúnen en torno a un interés
común: por ejemplo, el aprendizaje de la escritura, las consecuencias
de la repetición, el uso del tiempo escolar, el sistema multigrado,
la discusión de los enfoques cognitivos y sus aplicaciones, o el
aprendizaje colaborativo, etc. Otros grupos se reúnen con el propósito
de compartir los portafolios de evaluación de sus alumnos para
revisarlos en común. Pueden bastar dos maestros, por ejemplo de
Algebra, que se reúnen diariamente para discutir cómo enseñaron
un determinado contenido y cómo programar su clase del día
siguiente; esto los lleva a seleccionar los problemas más adecuados
que propondrán a sus estudiantes en función del dominio de
los conceptos matemáticos fundamentales o de los estadios del desarrollo
cognitivo de sus alumnos o de las evidencias que muestran su avance. En
todo caso, son grupos de reflexión y discusión en torno a
un interés común.
A este modelo de ambiente se asemejan las estancias o visitas quasi-sabáticas
(de 4 a 6 semanas) a alguna escuela donde funciona muy bien algún
proyecto; se forma entonces un grupo de discusión entre visitantes
y residentes en torno a determinados aspectos de ese proyecto con un programa
bien definido. El aprendizaje en este caso es extraordinariamente eficaz.
En Colombia empezaron desde los 80 los Microcentros Rurales, que después
fueron incorporados a la Escuela Nueva, y de ahí se inspiraron Chile
y otros países. También en Colombia se introdujeron las Escuelas
Demostrativas en el medio rural (UNICEF, 1992). Por citar sólo
a Chile, en los últimos diez años se ha recurrido a este
modelo de formación de maestros en repetidas ocasiones: los Talleres
de Perfeccionamiento en Lecto-Escritura y Matemáticas del Programa
de las 900 Escuelas; los Microcentros del Programa de Educación
Básica Rural, los Grupos Profesionales de Trabajo (GPT) de la enseñanza
secundaria privada, el Programa de Enlace de Comunicación Informática
Interescolar, y los Programas de Mejoramiento Educativo, estos últimos
semejantes al nuestro de Escuelas de Calidad. (Núñez, 1998:
39)
De todo lo dicho podemos recoger algunas respuestas a nuestra pregunta:
¿cómo aprenden los maestros? Sugiero cuatro primeras respuestas,
a reserva de las que Ustedes formulen en sus Mesas:
Primero: Para aprender hay que querer aprender. Y para aprender algo
que sirva para mejorar la propia práctica, hay que querer relacionar
lo que se aprende con la práctica. Esto implica muchas disposiciones
anímicas que no son frecuentes: aceptarse como vulnerable, estar
dispuesto a la crítica y a la autocrítica, proponerse enseñar
mejor, creer que se puede aprender de los demás, tener interés
y cariño por los alumnos, y tener entusiasmo -actitudes bastante
alejadas del mero propósito de cubrir el programa.
Segundo: Para aprender hay que dedicar algo de tiempo. Si las ocupaciones
ponen al maestro en una situación externa de presión, no
podrá aplicarse a aprender con seriedad.
Tercero: Para aprender hay que empezar por analizar las propias necesidades
de aprendizaje, para lo cual es conveniente que el docente consulte con
otros colegas; a partir de ellas podrá decidir cómo aprovechar
las oportunidades que están a su alcance. Si se trata de cursos,
talleres o seminarios, los escogerá no en función de puntajes
o de razones de comodidad, sino de su posible aportación a su crecimiento
profesional. Y deberá ser consciente de que esos cursos requerirán
de una mediación colegiada para ser realmente efectivos.
Cuarto: Cada maestro tiene que crear sus propios ambientes de aprendizaje,
preferiblemente a través de grupos de libre adscripción que
comparten un interés común, y con asesorías o tutorías
apropiadas. No debe esperar que alguien cree esos ambientes por él;
es una tarea eminentemente personal.
Conclusión
He querido compartir con Ustedes algunas reflexiones en torno a tres preguntas:
¿Qué significa ser maestro hoy? ¿Por qué estamos
insatisfechos con la formación y actualización del magisterio?
y ¿Cómo aprenden específicamente los maestros? porque
me ha parecido que los tres temas son relevantes en este Foro.
No sería constructivo, me parece, quedarnos atrapados
en la segunda de estas preguntas, las críticas a la actual situación.
Sin duda que los sistemas de formación y actualización pueden
y deben mejorarse y será positivo que en los debates de hoy investigadores,
maestros y funcionarios aporten sus ideas para ello. Pero me parece que
no debemos esperar cruzados de brazos que lleguen las grandes reformas
en ambos campos para movilizarnos. La tercera pregunta indica caminos que
están a nuestro alcance y van a la raíz; y la primera ayuda
a dimensionar nuestras soluciones a la realidad del contexto y a renovar
el significado de la profesión. De abajo a arriba creo que todos
podemos generar dinámicas importantes de mejoramiento.