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Márhijua Jánhaskati. Ciencia, mujer y universidad indígena (2/4)

Antes que la concepción de la universalidad del conocimiento, siempre ha existido la Universalidad Indígena, y ésta es la esencia de todas las naciones. Desde la perspectiva del Nuevo Mundo, esta afirmación resulta del hecho de que la inteligencia nunca fue, no es, ni podrá considerarse monopolio de Occidente.

Los sitios arqueológicos majestuosos, la creación de manera independiente del concepto del cero en las matemáticas mayas, la existencia de una astronomía avanzada y el complejo inventario de técnicas agro-forestales, económica y ecológicamente racionales y productivas de los indígenas, son prueba de la grandeza y profundidad de la ciencia y la tecnología de nuestros antecesores.

Contamos además en el dominio y práctica de nuestros médicos tradicionales, con la botánica medicinal, misma que no sólo ha sido validada por los métodos científicos modernos, sino que además es la fuente de medicamentos procesados e industrializados y con provecho comercial.

En resumen, la Universalidad Indígena se manifiesta, de manera viviente, en el conocimiento tradicional, mismo que se generó y que actualmente todavía se aplica y convive en el seno de la comunidad.

Interculturalidad negada. La ciencia y sus explicaciones acerca de la naturaleza son universales, y se considera que el conocimiento científico es patrimonio de toda la humanidad; pero los jóvenes de las comunidades indígenas han sido sistemáticamente marginados del acceso a una educación completa y pertinente para beneficio de la sociedad en su conjunto.

Entre tanto, los problemas del desarrollo de las comunidades rurales e indígenas se siguen abordando en México de manera parcial y sin resultados definitivos. Esto, porque son enfocados como un fenómeno de interculturalidad y bilingüismo educativo, y no para la eliminación de la marginación en todos sus aspectos.

La discriminación constante de acceso de los jóvenes a una educación completa es una condición de interculturalidad negada, mientras que las fronteras materiales de riesgo y sobrevivencia diaria de nuestra gente, están en función de los recursos de las frágiles economías locales y familiares; y de una riqueza deteriorada de conocimientos tradicionales, historia compartida y lenguaje común.

III.  K éri jorhénteprakueri ambé. Acerca de la idea de universidad

El escritor portugués José Saramago, Premio Nobel de Literatura 1998, expresó pocos días antes de su presencia en Michoacán (febrero de 2004), la necesidad de volver a la filosofía y a la reflexión, mientras que proclamaba que el único antídoto para el mal funcionamiento de la democracia era una sociedad crítica que no se limitara a aceptar las cosas por lo que parecen ser y luego no son. En este sentido, el premio Nobel invita además a que nos hagamos tres preguntas fundamentales, las cuales deberíamos formular casi a propósito de todo lo que ocurre. Estas son: por qué, para qué y, lo más importante, para quién.

Estas interrogantes críticas, debemos usarlas como punto de referencia ante las recurrentes declaraciones de prensa y los anuncios formales en dos Informes de Gobierno consecutivos, acerca del establecimiento de una universidad indígena para Michoacán. Este concepto se maneja de manera elusiva, con poca transparencia, y al parecer sin insertarse dentro de una estrategia integral de transformación del sistema educativo estatal en todos sus niveles.

Tengamos en cuenta que el subsistema de nivel superior está conformado actualmente por 43 instituciones (públicas y privadas), además de la Universidad Nicolaita, con una cobertura global de sólo 13 por ciento de la población estudiantil correspondiente. Este indicador de cobertura sitúa a nuestro estado en la posición número 27 a nivel nacional.

¿Cuál es, además, la calidad y pertinencia de la educación universitaria que se ofrece en Michoacán? Y agreguemos: ¿Cuáles serían los quehaceres y compromisos de una universidad indígena en este contexto? ¿Responden las así llamadas universidades interculturales, impulsadas por la administración federal, a las necesidades de los pueblos indígenas del país?

Arquitectura educativa y Autonomía. Para comenzar, además de contar anticipadamente con los estudios de base bien fundamentados y propuestas de planes de acción, la idea de una universidad indígena debería debatirse amplia y serenamente, por escrito y en público, en la academia y el ágora comunal; y con la participación de los sujetos principales a los que la iniciativa iría encaminada.

Para poder participar con provecho recíproco dentro de las redes nacionales e internacionales del conocimiento, cualquier nueva iniciativa de educación superior e investigación científica en nuestro país tendría que construirse ante todo sobre cimientos sólidos y bien estructurados. Esto es, contar con los elementos para cumplir a plenitud con la trinidad universal de la naturaleza y quehaceres de esta institución cardinal: acción-investigación, enseñanza-aprendizaje, creación-difusión; prácticas estas que constituyen, en conjunto indisoluble, el cuerpo y espíritu de una (sola) Universidad verdadera.