La formación inicial de profesores de educación básica
en México (4/9)
La educación ha tenido una función importante en el desarrollo
cultural del país. De esta forma, desde el surgimiento de México
como nación independiente se confió en la educación
como un medio de primordial importancia para preparar culturalmente a la
población en un marco de justicia, democracia y libertad. En esa
tarea los profesores asumieron una gran responsabilidad. En este nuevo
siglo cuando la Ciencia y la Tecnología se han desarrollado vertiginosamente,
se requiere de profesores mejor preparados y mejor pagados, para que le
dediquen el tiempo necesario a su tarea educativa, que eduquen y no sólo
instruyan. Sin embargo, la educación por sí sola no podrá
responder a los reclamos de la sociedad si no se le asigna el presupuesto
que necesita para salir de la crisis en la que se encuentra, como resultado
de la aplicación de los principios del neoliberalismo económico.
Desde la década de los setentas la política económica
de nuestro país y de todos los países pobres, ha estado orientada
a conseguir tasas más elevadas de producción, con el supuesto
objetivo de dar mejor atención a los desposeídos, sin que
esa política haya rendido los frutos anunciados. En este marco,
el gobierno mexicano se propuso formar técnicos y en este sentido,
la apertura de nuevos centros de producción se ha convertido en
una carrera agónica en la que sucumben las esperanzas de los indigentes
y se cristalizan las ganancias de los pudientes.(MERANI; 1980: 11).
En la década de los setentas se instalaron las instituciones
tecnológicas desde el nivel básico hasta el superior, como
fue el caso de las Escuelas Tecnológicas Agropecuarias (ETAs), en
las cuales se puso en marcha el método de aprender haciendo. El
propósito era que el joven, al egresar de esta escuela estuviera
en condiciones de incorporarse al mercado de trabajo, generando su propio
empleo o continuar estudiando preferentemente en los Centros de Educación
Tecnológica Agropecuaria (CETAs). Como complemento de todo lo anterior,
en el nivel superior se incrementó el número de Institutos
Tecnológicos Regionales.
En el caso específico de la formación de profesores también
imperó esa visión de formar técnicos para la enseñanza
y fue así como los programas de las escuelas normales se sustentaron
con los aportes teóricos de la Tecnología educativa que se
venía construyendo en Estados Unidos como producto de la industrialización.
Actualmente, los acelerados cambios en la economía mundial han conducido
al mundo a un proceso globalizador que ha obligado al gobierno mexicano
a sujetarse a los requerimientos de los mercados mundiales y a las decisiones
de los organismos internacionales que definen el rumbo educativo mundial.
Así las escuelas normales han entrado a un proceso de reforma propiciada
por organismos internacionales (OCDE, FMI, BM, OMC). Estas escuelas se
convierten paulatinamente en el mejor lugar de capacitación de los
profesores de educación básica, para ajustarlos al modo de
funcionamiento de la sociedad capitalista. En estas instituciones se está
instruyendo a los profesores para reproducir el currículum oficial.
La escuela normal es el espacio institucional creado para aprender
a ser maestro, para adquirir las competencias necesarias para reproducir
en los niños y jóvenes los conocimientos y saberes que se
encuentran organizados en el currículum. Es importante considerar
que estos conocimientos no se dan en el vacío, sino dentro de modelos
amplios de poder y control social, en este caso, se dan en el marco de
la globalización económica.
El modelo de práctica docente de las escuelas normales es el
mismo de la escuela primaria; se reproduce en la primaria, pues la educación
básica y normal forman parte del mismo paradigma de la modernidad
en la cual los valores de los profesores son la eficacia, la productividad,
la calidad y la competitividad.
La práctica docente del profesor de educación básica
se da en un ambiente de soledad y de rutina, es decir, sólo él
sabe lo que acontece en su trabajo. El maestro necesita aprender a compartir
sus experiencias y conocimientos entre sus compañeros, necesita
aprender a convivir académicamente; pues sólo de esta manera
mejorará su práctica educativa. Los profesores no le encuentran
sentido a la educación ni a su labor, hay una crisis de confianza.
En el profesorado se requiere de una identidad profesional y una formación
ética; que no existe en este gremio, ya que la responsabilidad ética,
política y profesional del educador, como dice Paulo Freire le
impone el deber de prepararse, de capacitarse, de graduarse antes de iniciar
su actividad docente. Esa actividad exige que su preparación, su
capacitación y su graduación se transformen en procesos permanentes.
Su experiencia docente, si es bien percibida y bien vivida, va dejando
claro que requiere una capacitación permanente del educador. Capacitación
que se basa en el análisis crítico de su práctica.
(FREIRE; 1993: 29). Se requiere una nueva concepción de escuela,
de alumno, de profesor, de sociedad; es decir, comprender estos conceptos
desde un enfoque crítico, no técnico como sucede actualmente.