Observatorio Ciudadano de la Educación. Colaboraciones Libres
México, diciembre de 2002

La formación de maestros: corresponsabilidad de la sociedad civil. A propósito del foro ciudadano de Puebla 2002

Sandra Aguilera Arriaga

[sanagui2001@yahoo.com.mx]

Para mi colibrí de 10 años. Sandrita: Ich Liebe dich

En días pasados realizamos el primer foro ciudadano de educación. Dos asociaciones civiles interesadas en analizar críticamente  la situación del ámbito educativo en toda su complejidad;  desagregando las diversas políticas, contextos, posturas, actores sociales y educativos y todas aquellas tendencias o estados del arte que arrojan las investigaciones, estudios y experiencias de quienes han dedicado a la educación su tiempo, alma y cuerpo.

Contracorriente y Observatorio Ciudadano de la Educación fraguaron hace varios meses este encuentro entre el magisterio y la sociedad civil. Pensamos que era indispensable hacerlo porque la cotidianeidad nos arroja a la cara un paisaje sombrío, por más que muchas declaraciones de políticos y gobernantes  festiva y estrambóticamente nos digan que los esfuerzos  son extraordinarios y que los logros corren tras de éstos.

El tema elegido es nodal. La formación y la actualización de los docentes y su relación con la equidad y la calidad en  la educación. No podemos hablar de una mejora en la calidad de la educación si no tomamos en cuenta el trabajo que realizan los maestros en cada una de las escuelas del nuestro país y de la entidad. Tampoco es posible cargar sobre sus hombros la realización de las metas o el fracaso de las políticas educativas.

Estos asuntos tienen una complejidad mayúscula. Se trata de hacer una revisión no sólo de las políticas de formación y de actualización que, en el último sexenio, habrá que reconocerlo, recibieron un impulso muy fuerte en su transformación, diseño y ejecución, sino de los actores que intervienen en los procesos para su instrumentación.

Por un lado, es indiscutible que el problema no se encuentra en la elaboración de las políticas. Se localiza en el momento en que deben ponerse en práctica y, esto, necesariamente, pasa por las decisiones de las autoridades educativas. Es decir, que las funciones del puesto a desempeñar sea cubierto, racionalmente, con las personas que mejor cubran el perfil profesional requerido. Un proceso tan elemental como el anterior sin duda se traducirá en estrategias eficientes e interesantes para la comunidad normalista.
 
Es una irresponsabilidad pública dejar los programas de actualización y formación de maestros en manos de quien no se actualiza y de quien en su actuar cotidiano no promueve la calidad ni la transformación continua. Desde ahí tenemos que empezar a analizar porqué hay tanta insatisfacción entre los docentes y, lo peor, tanto descrédito  entre la sociedad  de nuestro país. En Puebla, los indicadores de calidad educativa, pese a cualquier otro argumento, lamentablemente van en picada.

Es necesario considerar que los programas educativos no son suficientes por sí mismos para que los resultados de su aplicación  sean tangibles a corto plazo. Existe la necesidad imperiosa de transformar la cultura prevaleciente en las escuelas, en las relaciones de los docentes con el sindicato de maestros y con los directivos de las instituciones escolares. La participación de la sociedad civil es un asunto urgente que hasta ahora está pendiente.

En las reglas no escritas se legitiman y reproducen viejos vicios que han hecho un daño profundo al magisterio y al pueblo de México: la discrecionalidad para otorgar plazas a directivos, el solapamiento a docentes y supervisores que no cumplen con sus tareas mínimas, la permisividad para ausentarse del salón por cualquier motivo. Ello sin mencionar la grave falta que significa la complicidad entre algunas autoridades educativas y la estructura escolar, en particular frente a la imprescindible claridad del proyecto escolar. Y lo más triste: la carencia de una formación académica sólida y de actualización permanente.

En este negro escenario sería una falta a la probidad intelectual no considerar que existen profesores y autoridades que, obedeciendo a un empeño particular, han hecho un esfuerzo considerable para iniciar el camino de la calidad en la educación. La asistencia a cursos de actualización y la asistencia a actividades como la del foro ciudadano de educación muestra el interés que tienen por su profesionalización.
Esos profesores son los mismos de siempre, se conocen entre sí, constituyen una valiosa red que en silencio trabajan para la dignificación de la educación poblana. Los une exclusivamente el signo de interrogación que llevan siempre en la mirada.

Éstas y mil reflexiones más danzaron por los pasillos del Museo Poblano de Arte Virreinal el pasado 8 de noviembre. Los personajes que ahí se reunieron levantaron un coro de voces para llamar la atención de los sectores sociales: padres de familia, estudiantes, madres de familia, investigadores, maestros, maestras, autoridades educativas y organizaciones no gubernamentales. No pueden dejarse los procesos de actualización y formación de docentes al margen de la sociedad civil.  Esa sería un de las grandes conclusiones. Asumamos la corresponsabilidad.



Sandra Aguilera Arriaga es miembro de los consejos directivos  de las asociaciones civiles Contracorriente (Puebla) y Observatorio Ciudadano de la Educación.