Los negocios exitosos son aquellos que, como lo señala Paul Zane Pilzer, en su libro El Próximo Trillón, cumplen las cinco características distintivas de las industrias penetrantes: accesibilidad, piernas para caminar por sí mismos, consumo continuo, solicitud universal y bajo tiempo de consumo. No es el consumo de los ricos el que hace grandes fortunas, sino el de las masas. Henry Ford, Bill Gates, Michel Dell y el propio Doctor Simil saben esto de sobra.
Nuestro país necesita formar más y más jóvenes que comprendan desde una visión Schumpeteriana que el mundo cambia dramáticamente y que las reglas de la economía basada en el conocimiento y en la red son muy diferentes de las de una economía basada en la manufactura. Que para ser exitoso se debe contar con por lo menos las siguientes actitudes y aptitudes básicas: visión y ambición, habilidad para las ventas, disciplina para administrar tiempo y dinero, habilidad para explotar las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, y el dominio de al menos dos idiomas.
Hoy los medios de producción –como los llamaba Marx- están nuevamente al alcance de todos. Hoy, un muchacho con una idea brillante, un par de amigos y un poco de suerte puede ganar mucho dinero muy rápido, como lo hizo el creador de Napster con sus 38 millones de visitantes.
En su fantástico libro Mientras el Futuro te alcanza, Juan Enríquez Cabot, señala que los países ricos ya no necesitan grandes depósitos de oro o de diamentes, ni grandes extensiones de tierra; necesitan un gobierno que provea estabilidad económica y política, pero sobre todo necesitan personas listas y emprendedoras.
Debemos entender eso y actuar en consecuencia, no sigamos formando desempleados, formemos jóvenes emprendedores con visión de negocios y generadores de los miles y miles de empleos que requerirá el país en los próximos años. La riqueza de nuestra nación dependerá de nuestra habilidad para formar desde ahora a los Slim, los Servitje, los Azcárraga, los Bailleres, los Zambrano del siglo XXI.