Desarrollar acciones formativas para sus estudiantes, en vinculación con los sectores público, privado y social.
Desarrollar sus actividades docentes de acuerdo con los principios de la formación tecnológica.
Participar activamente en programas de actualización y superación docente.
En este caso, desde el planteamiento de las características del docente, éstas se plasman en el deber ser, que de forma similar al análisis de la EST, cubre la mayoría (o todos los puntos), pero no en un 100%.
En contraposición con los puntos citados anteriormente que tienden más al deber ser que al ser , en una segunda evaluación, emito una observación basada en mi experiencia profesional de 5 años, mi experiencia docente de 13 años en la Educación Media Superior Tecnológica, de 2 años en la Educación Superior Tecnológica y la relación con personal docente de la misma especialidad (ingeniero industrial) y otras, ya sean de corte tecnológico, en ciencias sociales o económico-administrativas (en ambos tipos de institución), por citar las más comunes en docencia media superior o superior y que considero, son sumamente relevantes para el desarrollo del nuevo modelo educativo.
Por las características y necesidades de la educación tecnológica, el perfil docente para un candidato a este rubro de la educación requiere obviamente de la preparación profesional en áreas específicas tecnológicas, dependiendo de la oferta educativa del plantel y ciertos conocimientos de la práctica docente (muchas veces no necesarios ni obligatorios).
En la mayoría de los casos un profesionista que llega a la docencia viene dado por diversos factores: económicos, familiares, personales, de comodidad, de cercanía, de compromiso, de esfuerzo, por citar algunos; pero rara vez, y podría afirmar que nunca, por vocación. Al menos inicialmente.
Si a esta circunstancia le agregamos la poca o nula inducción que los planteles otorgan a sus recién iniciados docentes, tenemos como resultado una no muy apropiada incursión al trabajo del aula con los alumnos.
No quiero decir con esto que el trabajo docente en la educación tecnológica sea deficiente, puesto que en ese papel emulamos a quienes nos formaron como profesionistas y tratamos de reproducir tales modelos en nuestros salones de clases y, con el tiempo, mejoramos nuestra práctica. Simplemente carecemos de los sustentos pedagógicos y filosóficos que harían nuestro trabajo más eficiente desde el principio.
Bajo estas premisas, considero que el profesionista docente evoluciona, anexando a su experiencia diversos cursos de superación tanto docente como profesional que facilitan con el tiempo su labor frente a grupo.
En un tercer análisis, hago una consideración respecto a los años de experiencia (en relación con la disposición al cambio y la preparación docente adquirida y las condiciones laborales (base, interino, contratos, etc.) para el desarrollo del nuevo modelo educativo.
En este caso pueden darse combinaciones de las dos situaciones, es decir:
Docentes de base con muchos años de experiencia
Docentes de base con pocos años de experiencia
Docentes interinos con pocos años de experiencia
Docentes de contrato con muchos años de experiencia
Docentes de contrato con muchos años de experiencia, etc.
Y en esas combinaciones podemos agregar de su situación laboral el pertenecer o no a un sindicato que de una manera u otra modifica o condiciona el nivel de esfuerzo y compromiso del docente con la labor educativa y por consecuencia con el nuevo modelo educativo.
Finalmente, con base en los análisis anteriores puedo considerar que el cambio de modelo educativo no ha considerado desde su concepción y/o planeación muchas de las situaciones antes citadas y que indudablemente repercuten en el desarrollo deseado del modelo en cuestión, sobre todo en relación con las cuestiones filosóficas y pedagógicas que ayudan a entender de fondo la esencia del nuevo modelo.