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Creo que la gran mayoría de los mexicanos, sobre todo quienes nos hemos dado a la tarea de educar, sabemos que los problemas fundamentales de la educación son conocidos de sobra, sobre todo en el hecho de que existe una baja calidad de la educación básica, que se extiende incluso hasta la media superior. Hay consenso además, en el hecho de que esta baja calidad es un problema complejo cuya solución implica atender simultáneamente varios factores, entre los cuales podemos señalar algunos de carácter objetivo como son: la formación de los docentes, los métodos de enseñanza-aprendizaje, el currículum, la gestión educativa, la normatividad, la infraestructura básica, la participación ciudadana, las condiciones socioeconómicas del país, entre otros, y los subjetivos pero no menos importantes, como la actitud de los profesores a la hora de enseñar, la permisibilidad de las familias, la irresponsabilidad oficial en el manejo presupuestal, la pérdida de valores esenciales de tipo histórico-cultural, la influencia de los medios por mencionar los más importantes.  

En otro contexto, pero dentro del mismo orden de ideas, es común que los miembros de la sociedad manifiesten puntos de vista discordantes acerca de los objetivos de la educación superior, razón por la cual, se lee y se escucha con frecuencia opiniones sobre que ya no es posible seguir formando más arquitectos, ingenieros, economistas, contadores, abogados, administradores etc.etc., sino que lo que las universidades deben formar son más técnicos y mano de obra calificada, todo bajo el argumento reduccionista de que el modelo vigente solo está formando profesionistas desempleados o subempleados en actividades como taxistas, tal como actualmente sucede en Europa y algunas ciudades de nuestro país, donde postgraduados universitarios se dedican a actividades de esta naturaleza.  

No hay duda en el hecho de que es verdad que este es un fenómeno social, sin embargo, la solución no está en adaptar la educación superior a las asimetrías existentes, ya que no son el tipo de carreras profesionales las que sobran, sino que el problema debemos enfocarlo en las diferencias que ha propiciado nuestro sistema económico establecido, que no ha podido generar más empleos, ni propiciar la inversión productiva en las áreas de transformación; que no ha sabido aprovechar las ventajas competitivas de las distintas regiones del país, y que en suma, ha generado más pobreza para las grandes mayorías de mexicanos y mayores beneficios para grupos elite de la población.  

La educación, hoy en día, debe de tomar más en cuenta al ser humano, e incluso, la primera tarea debe ser dotarlo de capacidad reflexiva e investigativa, enseñarlo a discernir sobre los hechos y circunstancias que lo rodean, lejos de atiborrarlo con el aprendizaje de contextos y situaciones donde se privilegia la memorización. Con este simple enfoque, se estaría conformando a un ser humano capaz de autoconstruirse  y donde los conocimientos se recrearían de manera permanente lejos de la obsolescencia y la inutilidad de los datos.  

En síntesis, debemos dejar de hablar de eficacia, eficiencia, equidad y relevancia como criterios de calidad en el plano "macro"; y aceptar que, finalmente, la calidad de la educación inicia en el plano "micro", es decir, en el aula de clase, en la interacción personal profesor-alumno, y es en este plano donde cabe preguntarse si no será necesario abordar este asunto desde una perspectiva más humana que aquella que enfatiza preocuparse por preparar productos para el mercado. ¿No será pertinente un enfoque de calidad educativa que considere nuestras experiencias personales y sobre todo, la educación en valores y calidad de vida?